Miles de pantallas encendidas al mismo tiempo, servidores exigidos al límite y datos que circulan sin pausa. La escena no deja rastros visibles, pero está lejos de ser neutra. Detrás de cada transmisión en vivo hay una infraestructura energética que sostiene la experiencia digital y que, hasta hace poco, casi no entraba en la conversación ambiental.
La sostenibilidad de los eventos masivos, estamos acostumbrados a que se mida en lo tangible: residuos, consumo de combustibles en los generadores del predio, movilidad del público. El universo digital, en cambio, históricamente venía quedando fuera de foco, como si su escala no tuviera consecuencias. Pero el crecimiento del streaming —en volumen y en intensidad— empezó a cambiar esa percepción.
En ese contexto, el streaming del Lollapalooza Argentina 2025 introdujo una novedad concreta: fue el primero en el país, dentro de un festival masivo, en alcanzar la condición de carbono neutral en su transmisión a través de Flow. Más que un gesto, implicó poner bajo medición un sistema que hasta ahora operaba sin métricas ambientales claras.
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La huella que no se ve, pero se mide
La transmisión de un evento en vivo no es un proceso abstracto. Requiere equipos técnicos funcionando de manera continua, redes de distribución de datos y centros de procesamiento que responden a picos de demanda en tiempo real.
En este caso, la medición contempló tres dimensiones centrales: el consumo energético de los equipos de transmisión, los traslados del personal técnico y el promedio de usuarios conectados durante el evento. Este último factor introduce una variable dinámica: la huella crece con la audiencia.
Esa combinación permite traducir la experiencia digital en una magnitud concreta. No se trata solo de estimaciones generales, sino de datos que reflejan cómo una transmisión escala en impacto a medida que crece su alcance.
El paso siguiente fue gestionar esa información. Es decir, no quedarse en la medición, sino avanzar hacia la compensación de las emisiones generadas.
Tecnología desarrollada desde el interior productivo
El proceso fue acompañado por CARBON NEUTRAL+, una startup radicada en Río Cuarto e integrada al ecosistema bioeconómico Bio4. Desde allí se desarrolló la plataforma utilizada para cuantificar la huella y definir su compensación.
La herramienta permite asignar emisiones a actividades específicas, consolidarlas en una medición total y avanzar en su compensación bajo estándares validados por certificadoras internacionales. Ese esquema introduce trazabilidad en un terreno donde, hasta hace poco, predominaban aproximaciones poco precisas.
El aporte no es solo tecnológico. También establece un método replicable para actividades que, como el streaming, no suelen ser consideradas dentro de las estrategias ambientales tradicionales.
Así funciona Carbon Neutral+, la plataforma para reducir y compensar la huella de carbono
Cuando lo intangible entra en la ecuación
El caso deja en evidencia un punto que empieza a ganar peso: ninguna actividad es completamente intangible. Incluso en entornos digitales, hay consumo de recursos, infraestructura física y decisiones operativas que determinan el impacto ambiental.
En ese sentido, la bioeconomía aporta una forma de leer estos procesos: integrar conocimiento científico y herramientas de medición para entender cómo se producen los servicios —también los digitales— y qué efectos generan.
El streaming, en este marco, deja de ser solo una experiencia de consumo para convertirse en un proceso medible, donde la gestión ambiental puede incorporarse desde el diseño mismo de la operación.
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Un antecedente que abre nuevas exigencias
El antecedente del Lollapalooza no cierra la discusión, pero la desplaza. A partir de ahora, la pregunta ya no es si el streaming tiene impacto, sino cómo se lo mide y qué se hace con esa información.
Para plataformas, productoras y organizadores, el desafío pasa por incorporar estas herramientas en sus esquemas habituales de trabajo. La experiencia mostró que es posible hacerlo sin alterar la lógica del evento, pero sumando una capa de gestión que hasta ahora no estaba presente.
Por lo pronto, el caso deja un resultado verificable: una transmisión masiva que pudo cuantificar su huella y compensarla con criterios auditables. Sobre esa base, el próximo paso será ver cuántas otras experiencias digitales empiezan a transitar el mismo camino.


