Lance Lillibridge pasó una temporada entera conduciendo un tractor que ningún concesionario vende todavía. El agricultor del este de Iowa fue seleccionado para probar en condiciones reales el prototipo E98 de John Deere —una máquina de 350 caballos de fuerza que funciona prácticamente con etanol puro — y su veredicto fue sin matices: «El tractor a etanol superó claramente al diésel. No solo en cómo tiraba del equipo, sino en eficiencia. Y vamos a gastar menos por litro de combustible para hacerlo funcionar».
La escena de Lillibridge compartiendo esa experiencia en los escalones del Capitolio de Iowa el pasado lunes no fue casual. Ese mismo día, la gobernadora Kim Reynolds —máxima autoridad ejecutiva del estado— promulgó el Senate File 2493, una ley que elimina el impuesto especial (excise tax) a los combustibles que contengan más del 85 % de etanol por volumen cuando se destinan a maquinaria agrícola. El proyecto había obtenido respaldo casi unánime en ambas cámaras legislativas: 44 votos a favor y ninguno en contra en el Senado; 85 contra 1 en la Cámara de Representantes.
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Para entender el peso de esta medida, conviene situarla. Iowa es el mayor productor de maíz de Estados Unidos y el estado con mayor cantidad de plantas de bioetanol del país. Aproximadamente el 40 % de toda la cosecha de maíz estadounidense se convierte en etanol, y una porción significativa de esa transformación ocurre dentro de las fronteras del estado.
La exención fiscal aprobada tiene un doble propósito. Por un lado, mejora la ecuación económica para los productores agropecuarios que quieran operar equipos con mezclas altas de etanol: si el combustible ya era más barato que el gasoil en términos de costo por litro, eliminar el impuesto amplía esa ventaja. Por otro, allana el camino institucional para que tecnologías como el prototipo de John Deere tengan condiciones reales de mercado cuando lleguen al mercado.
«El etanol no solo beneficia a la agricultura de Iowa como producto: también es el combustible del que dependen los productores para operar sus equipos a precios competitivos», señaló Reynolds durante el acto de promulgación. «Esta legislación refuerza el liderazgo de Iowa en combustibles renovables y reconoce la importancia de la relación entre agricultura y producción de biocombustibles», agregó. A su lado, se econtraban ejecutivos de John Deere —el mayor fabricante mundial de maquinaria agrícola, con sede en Moline, Illinois— y representantes de Iowa Corn Farmers, la organización que agrupa a los productores maiceros del estado.
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Un tractor sin DEF y con curvas de torque que sorprenden
El protagonista tecnológico de la jornada fue el John Deere E98 Prototype 8R, un tractor de 350 HP que opera con combustible E98, es decir, una mezcla con 98 % de etanol. El dato más llamativo para quienes trabajan a diario con maquinaria diésel es que el equipo no requiere DEF (Diesel Exhaust Fluid), el líquido reductor de óxidos de nitrógeno que los tractores modernos con motores diésel de última generación consumen de manera continua y que representa un costo operativo adicional.
Deanna Kovar, presidenta de la División de Agricultura y Césped de John Deere —la unidad responsable del desarrollo de maquinaria para el agro— describió el comportamiento del prototipo con precisión técnica: «Las curvas de torque que estamos viendo son muy positivas. El rendimiento es similar al diésel con E98. No se necesita DEF. Cada productor con el que hablo me pregunta cuándo puede tenerlo». Kovar no dio una fecha de lanzamiento comercial, pero la presencia del prototipo en el acto legislativo sugiere que la empresa considera el entorno regulatorio una condición necesaria para avanzar.
La ausencia del DEF no es un detalle menor. En los tractores diésel de última generación que cumplen con las normativas de emisiones más estrictas (Tier 4 Final en EE.UU. y Stage V en Europa), el sistema de reducción catalítica selectiva que usa este líquido es prácticamente obligatorio. Significa un sistema adicional que mantener, un insumo que reponer y, en zonas remotas, un componente que puede complicar la logística. Un motor preparado para etanol de alta concentración puede sortear esa complejidad.


