Cada mes, desde sus oficinas en Washington, la Administración de Información Energética de Estados Unidos —conocida por sus siglas en inglés como EIA, el organismo federal que recopila, analiza y publica estadísticas sobre la producción, consumo y comercio de energía en el país— actualiza su panorama de corto y mediano plazo para los distintos combustibles que mueven la economía más grande del mundo. Su último reporte no trajo sorpresas dramáticas. Trajo algo más valioso: confirmación.
En su revisión mensual más reciente, la agencia elevó su proyección de producción de bioetanol para este año a 1,1 millones de barriles por día, por encima de los 1,09 millones que estimaba el mes anterior. Y extendió esa perspectiva a 2027, donde espera que la producción promedié también 1,1 millones de barriles diarios en el año, con un cierre de ejercicio que podría llegar a 1,13 millones de barriles por día en el cuarto trimestre.
Una curva trimestral sin sobresaltos
El detalle por trimestre muestra una progresión ordenada. En el segundo trimestre de 2026, la producción promediará 1,07 millones de barriles diarios —el piso del año—, para subir a 1,1 millones en el tercero y alcanzar 1,12 millones en el cuarto. El año siguiente arranca con 1,09 millones en los dos primeros trimestres, y termina con 1,13 millones en el último.
No son saltos bruscos. Son ajustes que reflejan la dinámica estacional de una industria cuya materia prima principal es el maíz: la producción tiende a acelerarse en la segunda mitad del año, cuando la cosecha del Medio Oeste alimenta las destilerías del cinturón maicero con granos frescos y a precios más competitivos.
El consumo interno también sube
Junto con la producción, la EIA corrigió al alza su proyección de consumo doméstico de bioetanol para 2026. La nueva estimación es de 940.000 barriles por día, 10.000 más que lo que la agencia calculaba el mes anterior. Ese mismo nivel se mantendría en 2027 y coincide con el promedio registrado en 2025.
El consumo de bioetanol en Estados Unidos está anclado principalmente en la mezcla obligatoria con naftas que establece el Renewable Fuel Standard —el estándar federal de combustibles renovables vigente desde 2005, que obliga a incorporar volúmenes crecientes de biocombustibles en el total de combustibles líquidos vendidos en el país—. La mezcla más extendida es la E10, que requiere un 10% de etanol en la gasolina, aunque en varios estados ya se comercializa la E15, con un 15% de contenido biológico.
Exportador neto y en expansión
La brecha entre lo que Estados Unidos produce y lo que consume internamente se traduce en un saldo exportador neto que la EIA mantiene en expansión. En 2025, ese saldo fue de 140.000 barriles por día. Para 2026, la agencia proyecta que llegará a 150.000 barriles diarios, y en 2027 alcanzará 170.000 barriles por día.
Esos volúmenes tienen destino en distintos mercados. Europa es uno de los principales compradores, tanto para mezcla de combustibles como para usos industriales. El reciente acuerdo comercial entre Estados Unidos y el Reino Unido —que eliminó los aranceles al bioetanol estadounidense— abre además un canal directo hacia el mercado británico, donde la llegada de volúmenes a menor costo ya está presionando a los productores locales.
La capacidad exportadora del bioetanol estadounidense no es nueva ni circunstancial. Es el resultado de décadas de inversión en escala y eficiencia por parte de una industria concentrada en el Medio Oeste, donde la proximidad a la materia prima, la infraestructura logística fluvial y ferroviaria, y un marco regulatorio estable permitieron construir plantas de gran tamaño con costos operativos difíciles de igualar. Hoy, ese conjunto de ventajas se traduce en un producto que llega a los mercados internacionales con precios que los productores locales de muchos países no pueden competir.


