jueves, mayo 14, 2026
 

El desafío del trigo: la tecnología detrás del grano que demandan los molinos y panaderos

En un mercado global con menor oferta, la nutrición nitrogenada se convierte en el factor determinante para capturar valor y asegurar la sostenibilidad del sistema productivo.

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Cuando el trigo llega con bajo porcentaje de proteína, la harina pierde fuerza, la masa no retiene el gas durante la fermentación y el pan no levanta como debería. Es un problema que no se ve en el campo ni en el camión, pero que aparece con claridad en la panadería o en la planta industrial y, en última instancia, en la mesa del consumidor. Eso fue, en síntesis, lo que dejó la campaña triguera 2025 en Argentina: una cosecha de volumen histórico que, sin embargo, llegó a la industria con una calidad nutricional por debajo de lo que el mercado necesita.

Ahora comienza una nueva campaña. Y con ella, la oportunidad de corregir lo que faltó.

Un récord que dejó una deuda pendiente

El ciclo 2025 fue, en términos de producción, uno de los mejores de los que se tenga registro. Las condiciones climáticas acompañaron, los rendimientos superaron expectativas y el volumen cosechado marcó cifras históricas. Pero los números de producción contaron solo una parte de la historia. La otra parte la escribió la industria molinera y panadera, que recibió un trigo con déficit proteico.

La proteína en el grano de trigo no es un detalle técnico menor. Es, en buena medida, el atributo que define su valor comercial e industrial. Un trigo con alto porcentaje proteico produce harinas de mayor fuerza, aptas para panificación de calidad, masas fermentadas y productos industriales de alto valor agregado. Un trigo con proteína baja, en cambio, resigna posicionamiento en el mercado y presiona a la baja el precio que recibe el productor.

La brecha entre volumen y calidad que dejó el ciclo anterior no tiene una sola causa. Pero hay un factor de manejo que la agronomía identifica con claridad como el más determinante para la proteína del grano: el nitrógeno disponible en el suelo, y en particular su aplicación en los momentos críticos del cultivo.

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La urea como variable decisiva

El nitrógeno es el nutriente que más influye sobre el contenido proteico del trigo. Y la principal fuente de nitrógeno en la agricultura argentina es la urea granulada, un fertilizante que aporta este elemento en una forma que las plantas pueden absorber y utilizar para sintetizar proteínas. Aplicar la dosis correcta, en el momento adecuado y en función del diagnóstico de cada lote, es lo que permite que el cultivo exprese su potencial proteico sin descuidar el rendimiento.

Afortunadamente, el productor argentino cuenta con una ventaja que no es menor: la urea que necesita para su trigo se fabrica en el país. Profertil, la empresa petroquímica que opera la planta de fertilizantes nitrogenados más grande de América del Sur, ubicada en Ingeniero White, Bahía Blanca, garantiza disponibilidad local del insumo. Es una situación que contrasta con la de productores de otras regiones del mundo, que dependen de cadenas de importación largas, costosas y sujetas a disrupciones logísticas o geopolíticas.

Esa disponibilidad local adquiere aún más relevancia en el contexto actual. El escenario geopolítico global de los últimos años elevó los costos de producción agrícola en todo el mundo. Los conflictos geopolíticos, la volatilidad energética y las restricciones comerciales afectaron el acceso a insumos en múltiples países productores. El resultado ya se empieza a ver: el mundo está produciendo menos trigo. Una menor oferta global es, para el productor argentino bien posicionado, una oportunidad.

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Humedad, el aliado silencioso

Pero el nitrógeno no trabaja solo. Para que la planta pueda absorberlo correctamente, necesita agua disponible en el suelo. Y en ese frente, la situación que presenta la zona triguera argentina al inicio de esta campaña es favorable: los perfiles de humedad están en buenos niveles en la mayor parte del área productora.

Este dato no es menor. La humedad del suelo es el factor que determina la eficiencia de aprovechamiento del fertilizante nitrogenado. Sin ella, la urea puede estar presente pero la planta no logra incorporarla. Con ella, el nitrógeno aplicado se convierte en proteína en el grano. La combinación de perfiles cargados y disponibilidad de insumos configura una situación de partida que pocas campañas anteriores pudieron ofrecer.

La buena noticia es que aumentar la proteína del trigo no implica resignar rendimiento. Cuando la dosis de nitrógeno se planifica correctamente en función del potencial del lote, el cultivo puede expresar tanto su techo productivo como su calidad. Son objetivos complementarios, no contrapuestos.

Aquellos que logren anticiparse con información certera sobre las necesidades de sus lotes no solo estarán cuidando la salud de su tierra, sino que obtendrán una ventaja competitiva real en un año donde el mundo demandará, más que nunca, trigo de calidad superior.

 
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