Salir de Milán a medianoche y llegar a Zúrich al amanecer es una de las rutas que Itabus opera con regularidad. Son algo más de cinco horas de ruta nocturna cruzando el norte de Italia y los Alpes suizos. Lo que cambió en 2026 es que ese viaje —y todos los demás que conectan la red de Itabus— ya no se hace con diésel fósil. El colectivo quema HVOlution, un tipo de combustible renovabñe producido por Enilive en sus biorrefinerías italianas a partir de materias primas de origen biológico.
El anuncio que formalizó este cambio es simple en su formulación pero significativo en lo que implica: los 100 vehículos que componen la flota completa de Itabus operan hoy con ese biocombustible. No una parte de los colectivos, no una línea piloto, no un corredor verde para marketing: la totalidad de la flota, en todas sus rutas, incluyendo los servicios internacionales a destinos como París, Lyon, Barcelona, Montpellier, Lugano y Ljubljana.
Qué es el HVO y por qué importa en el transporte pesado
El HVO —aceite vegetal hidrogenado, por sus siglas en inglés— es un biocombustible producido mediante un proceso de hidrogenación que transforma materias primas de origen biológico en un combustible funcionalmente idéntico al diésel mineral. La diferencia clave está en su origen: en lugar de petróleo crudo, usa recursos renovables o residuos biológicos. En el caso de HVOlution, la versión comercial de Enilive, la producción se realiza en las biorrefinerías de Porto Marghera (Venecia) y Gela (Sicilia).
Ambas instalaciones tienen una historia que vale la pena mencionar: no fueron construidas para procesar materias primas biológicas sino que durante décadas fueron refinerías de petróleo convencionales. Porto Marghera fue reconvertida en 2014, Gela en 2019. Donde antes entraba crudo, hoy entran materias primas renovables —aceites vegetales y grasas animales— que salen convertidos en biocombustible certificado bajo la Directiva Europea de Energías Renovables. La infraestructura no se demolió ni se reemplazó: se adaptó.
Lo decisivo en términos ambientales es que el HVO puede usarse directamente en motores diésel convencionales, sin modificaciones. Eso lo distingue de otras vías de descarbonización del transporte pesado —como la electrificación o el hidrógeno— que requieren cambiar la tecnología del vehículo. Un colectivo con motor diésel de última generación puede pasar del combustible fósil al HVO sin tocar el motor. Para flotas de transporte que ya tienen vehículos en operación, ese detalle no es menor: permite reducir emisiones hoy, sin esperar al recambio tecnológico.
Según los datos publicados por Enilive, el HVO reduce las emisiones de CO₂ equivalente en un 79,5% frente a la mezcla de referencia fósil, considerando el ciclo de vida completo del combustible. En el transporte interurbano de pasajeros, donde cada colectivo puede recorrer cientos de miles de kilómetros al año, esa reducción se traduce en toneladas concretas de emisiones evitadas por vehículo.
Una relación que empezó como prueba y terminó como política de flota
Itabus —empresa italiana de transporte interurbano por colectivo fundada en 2021, que opera rutas nacionales e internacionales con flotas de última generación— y Enilive iniciaron su colaboración ese mismo año, cuando Itabus debutó en las rutas italianas. En 2024, la relación evolucionó hacia la incorporación de HVOlution en algunos vehículos de la flota, funcionando como prueba operativa a escala real.
Los resultados de esa fase de transición son los que permiten entender la decisión de 2026. Durante 2025, los vehículos de Itabus recorrieron aproximadamente 20 millones de kilómetros, consumiendo 5,7 millones de litros de combustible Enilive. De esos litros, 3 millones correspondieron a HVOlution. El promedio de uso del biocombustible en el año fue del 53%, pero la tendencia fue consistentemente al alza: solo en diciembre de 2025, el HVO representó el 75% de las recargas de la flota. Ese salto fue lo que terminó de consolidar la transición completa.
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«Siempre hemos sido una empresa de vanguardia: la sostenibilidad está en el corazón de nuestra estrategia, y nuestra colaboración con Enilive es un ejemplo claro de esto», declaró Francesco Fiore, CEO de Itabus. «Hoy toda nuestra flota opera con diésel biocombustible HVOlution, reduciendo emisiones y llevando esta revolución al exterior gracias a nuestros servicios internacionales.»
Enilive: la apuesta renovable de una empresa con historia estatal
Enilive es la subsidiaria de biocombustibles y movilidad sostenible de Eni, el gigante energético italiano. Eni fue fundada en 1953 por el gobierno italiano como empresa pública y, aunque fue parcialmente privatizada en los años noventa, el control público sobre la compañía sigue garantizado: la entidad pública Cassa Depositi e Prestiti —controlada en un 83% por el Ministerio de Economía y Finanzas italiano— mantiene alrededor del 28% del capital de Eni. En la práctica, Eni sigue siendo una empresa con participación estatal determinante, y sus decisiones estratégicas reflejan también una política energética nacional.
Enilive opera biorrefinerías en Italia dedicadas a la producción de biocombustibles avanzados. HVOlution, su producto insignia de diésel renovable, está disponible actualmente en más de 1.550 estaciones de servicio Enilive en Italia. «La experiencia de Itabus demuestra que el biocombustible HVOlution representa una solución efectiva también para vehículos de transporte colectivo que deben cubrir largas distancias y respetar tiempos de viaje competitivos», sostuvo Stefano Ballista, CEO de Enilive.
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El dato que pone en escala lo que significa operar con biocombustible
Con una media de 900 kilómetros por servicio, los colectivos de Itabus no son vehículos urbanos que recorren circuitos cortos. Son unidades que cubren el país de norte a sur —desde Bolzano hasta Palermo, desde Turín hasta Brindisi— y que ahora extienden esas rutas hacia el exterior: Zúrich, París, Lyon, Lugano, Barcelona, Montpellier, Perpiñán, Grenoble, Chambéry y Ljubljana. Itabus opera en decenas de ciudades de Italia, España, Francia, Suiza, Croacia y Eslovenia, lo que convierte a sus colectivos en vectores concretos de descarbonización a escala continental.
Que esos recorridos se hagan con biocombustible no es un gesto simbólico. Cuando un colectivo sale de Roma hacia París cargando decenas de pasajeros y quema HVOlution en lugar de diésel fósil durante dieciocho o veinte horas de ruta, la reducción de emisiones ocurre en tiempo real, en una tecnología existente, sin esperar infraestructura futuras o nuevas generaciones de vehículos.
La sustitución de combustibles fósiles en el transporte pesado es uno de los desafíos más complejos de la descarbonización, y el caso de Itabus muestra que al menos una parte de ese desafío tiene respuesta disponible hoy.


