martes, junio 16, 2026
 

Arcor cumplió su meta climática a 2030 seis años antes de lo previsto, según su nuevo reporte de sustentabilidad

La alimentaria de capitales argentinos redujo un tercio sus emisiones específicas, abastece más del 60 % de su energía con fuentes renovables y evitó enviar 270.000 toneladas de residuos a disposición final, según el 21° informe anual de la compañía.

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En 2017, Grupo Arcor se fijó una meta que en ese entonces sonaba lejana: recortar para 2030 las emisiones de gases de efecto invernadero por unidad producida en sus operaciones industriales. Trece años por delante para una compañía con plantas repartidas en tres países parecía un plazo holgado. Sin embargo, la cuenta se cerró mucho antes de tiempo. Según el 21° Reporte de Sustentabilidad que la alimentaria acaba de presentar, esa reducción ya alcanzó el 33,4% respecto de aquella línea de base, superando de manera anticipada —seis años antes— el objetivo previsto para el final de la década.

Como uno de los mayores jugadores de la industria de la alimentación en América Latina, las decisiones operativas de Arcor impactan con fuerza en toda la cadena agroindustrial de la región. La producción a gran escala demanda volúmenes críticos de agua, energía y materias primas, generando una huella que se reparte entre el lote, las plataformas logísticas y las plantas de procesamiento. Por eso, el balance anual de la firma funciona menos como una postal de imagen corporativa y más como una radiografía del estado de situación de la manufactura masiva bajo su estrategia Vivir Mejor.

El cumplimiento anticipado de la meta climática no respondió a un factor aislado, sino a la convergencia de varias reformas estructurales en el frente fabril. Por un lado, la compañía logró reducir un 10,4% el consumo energético global de sus operaciones industriales. Por el otro, modificó el origen de esa demanda: actualmente, más del 60% de la energía utilizada proviene de fuentes renovables, un movimiento que desplaza una cantidad considerable de combustibles fósiles en operaciones de alta exigencia. El cuadro de mitigación se completó con un recorte del 4% en las emisiones asociadas al transporte logístico y con la preservación activa de cerca de 20.000 hectáreas de bosque nativo en las provincias de Tucumán y Misiones, un esquema que busca balancear la emisión fabril mediante la conservación de sumideros de carbono y biodiversidad.

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En el vector hídrico, el escenario muestra que el desafío sigue abierto y en pleno desarrollo. Mediante programas de eficiencia y reutilización del recurso en sus procesos internos, la empresa registró una disminución del 22,15% en su consumo específico de agua en comparación con los niveles de 2020. El indicador clave aquí es que la reducción se mide por unidad producida, un dato central para procesos industriales que dependen del agua para tareas de enfriamiento, lavado y dilución en prácticamente todas sus líneas. Este ahorro neto, que supera los seis millones de metros cúbicos anuales, consolida el rumbo hacia la meta final de recortar un 30% para el cierre de la década, un objetivo que, a diferencia del climático, todavía demanda gestión en curso.

El capítulo dedicado a la economía circular aportó los indicadores más duros en cuanto al aprovechamiento de subproductos. Treinta y cinco de las plantas industriales del grupo consiguieron alcanzar la categoría de Basura Cero, evitando que 270.000 toneladas de residuos terminen en circuitos de disposición final o rellenos sanitarios. La estrategia consistió en derivar estos materiales hacia esquemas de reciclaje para su reinserción productiva, compostaje para la devolución de materia orgánica al suelo, o valorización energética. En el diseño del portafolio comercial, la firma consignó que la totalidad de sus productos de consumo masivo ya se encuadran dentro de su Política de Sodio, sumado a la puesta en marcha de techos calóricos específicos para los segmentos de chocolates y golosinas en envases individuales.

En el plano de la gobernanza y los derechos humanos, el ejercicio estuvo marcado por la implementación de una política institucional orientada a mapear y prevenir riesgos potenciales en la operación propia y en la red de proveedores. Esta línea de trabajo motivó un reconocimiento del Global Child Forum, que ubicó a la compañía como la primera de la región en el rubro de alimentos y bebidas en asimilar los derechos de la niñez dentro de sus matrices comerciales y laborales. Hacia el interior de la organización, el reporte reflejó que el 2% de la plantilla está integrado por personas con discapacidad, mientras que las mujeres representaron el 46% de las nuevas incorporaciones y el 37% de los ascensos a posiciones de mayor jerarquía.

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La inversión social externa enfocada en la infancia continuó bajo la órbita de sus fundaciones en Argentina y Chile, junto con su instituto en Brasil, mediante el desarrollo de 133 proyectos comunitarios que alcanzaron a más de 587.000 niños y la capacitación de unos 27.800 adultos del ámbito escolar.

Para garantizar que estos compromisos tengan un correlato real en el día a día y no queden relegados al plano de las declaraciones institucionales, la estructura de la compañía vinculó las metas ambientales y sociales directamente a los incentivos económicos. Durante el último año, un universo superior a los 3.700 colaboradores de mandos medios y ejecutivos contó con objetivos de sustentabilidad atados de forma directa a sus evaluaciones de desempeño y a sus esquemas de remuneración variable.

“Los avances alcanzados en 2025 son el resultado de un trabajo progresivo y sostenido, que integra la sustentabilidad en cada decisión de la compañía. Este recorrido nos permite demostrar que es posible hacer crecer nuestro negocio impulsando el desarrollo social y asegurando el cuidado ambiental, y que el compromiso de largo plazo es la clave para lograr un impacto positivo en las personas y en el planeta”, señaló Bárbara Bradford, Gerente Corporativa de Sustentabilidad de Grupo Arcor.

La auditoría técnica del documento se realizó bajo las metodologías de reporte más difundidas a nivel global, aplicando los criterios de la Global Reporting Initiative, los indicadores sectoriales de la Sustainability Accounting Standards Board, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y las premisas del Pacto Global de Naciones Unidas, marcos que permiten homologar y verificar las cifras presentadas ante el mercado.

 
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