En los galpones avícolas y porcinos del centro de Entre Ríos, el problema siempre tuvo nombre propio: la cama de pollo, el guano y los efluentes que la actividad genera en cantidades enormes y que, durante décadas, fueron poco más que un costo y un dolor de cabeza ambiental. ¿Qué hacer con lo que sobra cuando se cría a gran escala? Esa pregunta, que rondó por años a los productores de la zona de Crespo, está empezando a tener una respuesta: convertir esos desechos en energía.
La provincia de Entre Ríos concentra buena parte de la producción avícola argentina y sostiene además una actividad porcina en expansión. Esa fortaleza productiva, sin embargo, arrastra una contracara: enormes volúmenes de residuos orgánicos cuya disposición es compleja, costosa y ambientalmente sensible. Es precisamente ese punto débil el que un nuevo proyecto busca dar vuelta. La empresa Dosbio, dedicada al desarrollo de tecnología para el procesamiento de biogás, firmó una carta de intención con las firmas Calisa y Néstor Gastaldi e Hijos SRL para levantar una planta de biogás en Crespo, una iniciativa que demandará una inversión cercana a los 200 millones de dólares.
Una carta de intención es un acuerdo preliminar que formaliza la voluntad de las partes de avanzar hacia un proyecto, pero no equivale a su ejecución: define un marco de trabajo y un horizonte común, sobre el cual deberán construirse después los contratos, la ingeniería de detalle, los permisos y el cierre del financiamiento. Es, en otras palabras, el primer paso formal de un camino que recién comienza, aunque uno significativo por la magnitud de la inversión comprometida y por el peso de los actores involucrados.
La rúbrica se concretó en el auditorio municipal de Crespo, con la participación del secretario General de la Gobernación entrerriana, Mauricio Colello, en representación del Ejecutivo provincial. El acuerdo establece que Calisa y Néstor Gastaldi e Hijos —ambas con trayectoria en la producción avícola y porcina de la región— aportarán la materia prima necesaria, mientras que Dosbio pondrá la tecnología para transformar esos subproductos en energía y en biofertilizantes.
Cómo se transforma un residuo en energía
El principio que ordena el proyecto es el de la economía circular: aprovechar lo que un proceso productivo descarta como insumo de otro. En una planta de biogás, los residuos orgánicos —en este caso cama de pollo, guano y purines porcinos— se procesan en digestores cerrados donde, en ausencia de oxígeno, las bacterias descomponen la materia y liberan biogás, una mezcla rica en metano que puede usarse para generar electricidad o calor. Lo que queda del proceso no se descarta: el material remanente, una vez estabilizado, se convierte en biofertilizante, un producto que puede volver a los campos de la región y cerrar así el ciclo.
Bajo esta lógica, los desechos que antes representaban un pasivo ambiental pasan a tener un doble destino productivo. La energía generada se suma a la matriz local y los biofertilizantes ofrecen una alternativa a los insumos convencionales para la agricultura entrerriana.
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Por qué Entre Ríos
Para Dosbio, la elección del lugar no fue casual. El director ejecutivo de la empresa, Juan Khouri, explicó que las condiciones de la provincia resultaron determinantes. «Las características geográficas y agroindustriales de Entre Ríos, sumadas a la infraestructura energética existente y a la disponibilidad de recursos como guano y cama de pollo, hacen que la provincia tenga condiciones excepcionales para este tipo de proyectos», sostuvo.
Khouri destacó además un dato que excede lo local: el respaldo financiero del gobierno de Alemania, que según señaló identifica a Entre Ríos como una provincia con fuerte potencial para el desarrollo de bioenergías. El interés alemán no es menor. Alemania es uno de los países con mayor desarrollo de biogás del mundo, con miles de plantas en operación que aprovechan residuos agropecuarios y agroindustriales, de modo que su acompañamiento aporta tanto financiamiento como experiencia técnica acumulada a un proyecto que, en la escala argentina, resulta pionero.
Del problema ambiental a la unidad de negocio
Durante el acto, las autoridades provinciales y municipales subrayaron el cruce entre la dimensión ambiental y la productiva. La secretaria de Ambiente de Entre Ríos, Rosa Hoffman, puso el foco en ese doble efecto. «Es muy importante que mediante estas acciones resolvamos situaciones que traían inconvenientes ambientales y generemos empleo verde, con la concreción de este proyecto que está en una etapa de ejecución muy importante», señaló.
Colello, por su parte, enmarcó la iniciativa en la articulación entre el Estado y los privados. «Como siempre dice el gobernador Rogelio Frigerio, el verdadero progreso y el verdadero crecimiento de la provincia y de los municipios se construyen trabajando codo a codo con el sector privado, poniendo al gobierno de cara a quienes producen, a quienes generan empleo y preguntándoles qué necesitan», expresó el funcionario. Agregó que el proyecto representa «una solución ambiental que aprovecha los residuos de la producción avícola y porcina para transformarlos en energía limpia, generando una nueva unidad de negocio, empleo y desarrollo para toda la región».
El intendente de Crespo, Marcelo Cerutti, fue quien puso en palabras el giro de fondo que implica el emprendimiento para la ciudad. «Estamos ante un verdadero cambio de paradigma. Poder transformar algo que habitualmente es un desecho en energía y biofertilizantes significa incorporar plenamente el concepto de economía circular, generando una solución ambiental y una oportunidad de desarrollo para toda la comunidad», destacó. De la firma participaron también el ministro de Planeamiento, Infraestructura y Servicios, Hernán Jacob, y el secretario de Justicia, Julián Maneiro.


