En poco más de veinte años, la industria del reciclaje de plásticos en Argentina logró algo infrecuente en un país acostumbrado a los ciclos erráticos: multiplicar por cinco su volumen de procesamiento y consolidar una red federal de plantas con capacidad instalada, tecnología y empleo. Pero 2025 trajo un freno. La caída del consumo interno y las fluctuaciones del mercado internacional golpearon a un sector que, pese a su trayectoria, sigue operando sin una ley nacional de responsabilidad extendida del productor que le dé previsibilidad.
Los números están en el flamante Índice de Reciclaje 2025, un relevamiento anual elaborado en conjunto por Ecoplas —la entidad técnica que promueve el uso responsable y el reciclado de plásticos en el país— y la Cámara Argentina de la Industria de Reciclados Plásticos (CAIRPLAS), que nuclea a las empresas del sector. El informe, basado en consultas a 150 compañías distribuidas en todo el territorio, reporta un volumen total de 235.352 toneladas de plásticos recuperados durante el último año: un 11 % menos que en el período anterior.
El reciclado mecánico acusa el golpe
La mayor parte de ese retroceso se concentra en el reciclado mecánico, la tecnología predominante en la industria local. Este proceso —que consiste en triturar, lavar, fundir y reprocesar los residuos plásticos para convertirlos en nueva materia prima— alcanzó las 198.025 toneladas, un descenso del 15 % frente al ciclo anterior.
Según el análisis del relevamiento, la tendencia responde a la baja del consumo en Argentina, que redujo tanto la generación de residuos posconsumo como la demanda de resinas recicladas por parte de la industria transformadora. A eso se sumó una coyuntura internacional con precios volátiles que afectó la competitividad del material recuperado frente a la resina virgen.
El impacto se refleja en dos indicadores clave. La proporción de plásticos posconsumo domésticos que efectivamente se reciclaron cayó del 25,8 % en 2024 al 14,6 % en 2025. Y la participación del plástico reciclado sobre el total del consumo nacional pasó del 16,66 % al 12,44 %.
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La revalorización energética crece un 23 %
En la otra cara de los datos, la revalorización energética marcó un crecimiento del 23 % al procesar 37.327 toneladas. Esta tecnología permite aprovechar el alto poder calorífico de los residuos plásticos que no pueden reciclarse mecánicamente —por contaminación, degradación o mezcla de polímeros— como combustible alternativo en hornos cementeros, sustituyendo parcialmente a los combustibles fósiles convencionales en ese proceso industrial de alta demanda térmica.
Dos décadas de crecimiento, un marco legal pendiente
Más allá de la caída puntual de 2025, la trayectoria del sector muestra una expansión sostenida. En poco más de dos décadas, el volumen de plásticos recuperados en Argentina se multiplicó por cinco, y el reciclado se consolidó como uno de los pilares de la economía circular en el país. La industria cuenta hoy con presencia en múltiples provincias, capacidad instalada ociosa y una cadena de valor que incluye a recicladores, transformadores, productores de materias primas y marcas que incorporan contenido reciclado en sus productos.
Sin embargo, ese potencial productivo opera sin el respaldo de un marco legislativo comparable al de otros países. “Es fundamental avanzar con políticas como una ley nacional de responsabilidad extendida del productor para envases, tal como existe en Europa desde hace más de veinte años y también en algunos países de la región, como Uruguay y Chile”, señaló Verónica Ramos, directora ejecutiva de Ecoplas.
La responsabilidad extendida del productor (REP) es un principio regulatorio que obliga a las empresas que ponen envases en el mercado a financiar y garantizar su recolección, clasificación y reciclado una vez que el consumidor los descarta. Su implementación genera un flujo estable de material hacia la industria recicladora y brinda la previsibilidad necesaria para justificar inversiones en infraestructura y tecnología.
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Los desafíos que siguen
Ramos también enumeró las asignaturas pendientes que el dato de 2025 pone en evidencia: “Es necesario desarrollar la infraestructura y la logística, mejorar la gestión integral de los residuos, fortalecer la educación ambiental y promover la separación en origen. De esta manera, se generará un circuito virtuoso en todo el país, donde los plásticos posconsumo se incorporen al sistema productivo como nuevos recursos”.
La cadena de valor —recicladores, transformadores, productores de resinas y marcas— viene avanzando por cuenta propia en herramientas como el ecodiseño de envases, las certificaciones de contenido reciclado y el desarrollo de resinas que ya abastecen mercados concretos. Pero sin una ley de REP que asegure el abastecimiento de materiales y ordene la gestión desde la base, la industria queda expuesta a los vaivenes del consumo y de los precios internacionales, exactamente el escenario que describe el Índice 2025.


