martes, septiembre 22, 2026
 

El calor que viene de abajo: China inaugura la primera planta que combina geotermia y biomasa para producir vapor industrial

El proyecto, operado por una filial de PetroChina en la provincia de Shandong, acopla pozos geotérmicos de profundidad media con calderas alimentadas por gas de biomasa para generar vapor sobrecalentado a 250 °C sin quemar gas natural ni carbón.

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La industria global tiene un problema térmico. Fábricas de alimentos, refinerías de combustibles, plantas químicas, textiles, papeleras: todas necesitan calor, y mucho. Vapor a presión, temperaturas que superan los 200 °C, flujos constantes las veinticuatro horas. Ese calor, en su abrumadora mayoría, todavía proviene de quemar gas natural o carbón en calderas industriales.

Según la Agencia Internacional de Energía, el calor de proceso representa cerca de dos tercios del consumo energético industrial, y más del 80 % sigue generándose con combustibles fósiles. Es, probablemente, el frente más difícil de descarbonizar en toda la cadena productiva: las temperaturas son demasiado altas para muchas soluciones renovables convencionales, los volúmenes son enormes y la continuidad operativa no admite interrupciones. Ante un problema de semejante complejidad, la respuesta difícilmente provenga de una única tecnología, sino de la combinación inteligente de varias soluciones capaces de cubrir, juntas, lo que ninguna puede resolver por separado.

Es justamente esta idea la que una petrolera estatal china acaba de poner en marcha. El 28 de junio, la compañía Jidong Oilfield —filial de PetroChina, el mayor productor de petróleo y gas de China, controlado por la estatal China National Petroleum Corporation (CNPC)— inauguró en la ciudad de Dongying, provincia de Shandong, la primera instalación del país que combina energía geotérmica con gasificación de biomasa para producir vapor industrial a escala.

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Vapor renovable para un parque industrial que dependía del gas

El destino de ese vapor es la Zona de Desarrollo Económico y Tecnológico de Dongying, que alberga un parque industrial dedicado a nuevos materiales. Sus empresas, hasta ahora, generaban su propio vapor con calderas individuales a gas natural: un esquema caro —el gas natural en China se importa en proporciones crecientes— y cada vez más difícil de sostener bajo las metas de carbono del gobierno, que endurecen año a año las restricciones ambientales sobre calderas fósiles en zonas industriales. La solución que propone Jidong Oilfield comienza bajo tierra.

El subsuelo terrestre almacena cantidades enormes de calor. A profundidades medias —entre 2.000 y 4.000 metros—, el agua atrapada en los acuíferos se mantiene entre 60 y 150 °C según el gradiente geotérmico de cada región. Es energía renovable, como la eólica y la solar, pero con una diferencia clave. Está disponible las 24 horas, los 365 días del año, sin depender del sol, del viento ni de la estación del año. Extraer esa agua, capturar su calor mediante intercambiadores y reinyectarla al mismo estrato para preservar el equilibrio del reservorio es una operación que China domina como ningún otro país: más de 1.650 millones de metros cuadrados de edificios se calefaccionan hoy con geotermia en el gigante asiático. Para climatizar viviendas y oficinas, esas temperaturas sobran. Para producir vapor industrial a 250 °C a presiones de 1,6 megapascales, no alcanzan.

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La gasificación de biomasa cubre la distancia que falta. El proceso somete residuos sólidos —restos de cosechas, cáscaras, astillas, bagazo— a temperaturas elevadas en un entorno con oxígeno restringido, descomponiéndolos en un gas combustible conocido como syngas: una mezcla de monóxido de carbono, hidrógeno y metano que puede alimentar calderas industriales convencionales. A diferencia del gas natural, el syngas proviene de materia orgánica que se renueva cada ciclo agrícola. Y a diferencia de la quema directa de residuos a cielo abierto —una práctica extendida en regiones cerealeras de China—, la gasificación captura la energía de esos desechos en condiciones controladas y con emisiones drásticamente menores.

La planta de Dongying encadena ambas fuentes. El agua geotérmica precalienta el agua de alimentación de las calderas, llevándola desde la temperatura ambiente hasta un rango intermedio. Las calderas alimentadas con syngas reciben esa agua ya tibia y la impulsan hasta los 250 °C del vapor sobrecalentado. El primer eslabón reduce la cantidad de combustible que necesita el segundo: la geotermia hace el trabajo pesado de los primeros grados, gratuita y constante; el gas de biomasa aporta el combustible a la caldera para el tramo final, donde se concentra la mayor exigencia térmica. El resultado es un consumo de energía menor al que demandaría el proceso sin precalentamiento, y una eliminación completa de los combustibles fósiles de la ecuación.

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La planta por dentro

La instalación cuenta con un pozo geotérmico de extracción y uno de reinyección, operados bajo el principio de recarga en el mismo acuífero: lo que se saca caliente vuelve frío, sin alterar el balance hídrico del reservorio. En superficie, seis gasificadores de 15 toneladas por hora cada uno producen el syngas que alimenta dos calderas de vapor de 35 toneladas/hora, complementadas por una tercera caldera que aprovecha las cenizas residuales de la gasificación. Una red de tuberías de 5.800 metros distribuye el vapor al parque industrial de nuevos materiales de la Zona de Desarrollo Económico y Tecnológico de Dongying.

La capacidad conjunta alcanza las 74 toneladas de vapor por hora y un suministro anual de 1,18 millones de gigajoules. El sistema ofrece a las empresas del Parque vapor centralizado, más barato y compatible con las metas de carbono del gobierno chino. Según los datos del proyecto, la planta ahorrará 40.300 toneladas de carbón equivalente por año y evitará la emisión de 87.300 toneladas de CO₂.

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¿El primero de varios?

La Administración Nacional de Energía de China lanzó en junio un programa de pilotos geotérmicos para el período 2026-2030 que incluye la reconversión de campos petroleros abandonados en pozos geotérmicos y la integración de geotermia con procesos industriales. El proyecto de Dongying llega como la primera demostración a escala de que ese acoplamiento funciona y es competitivo frente a las calderas de gas.

La ciudad se asienta sobre el Shengli Oilfield, el segundo mayor campo petrolero del país, cuya actividad dejó un conocimiento geológico exhaustivo del subsuelo y reservas geotérmicas estimadas en 344.700 millones de metros cúbicos de agua termal en acuíferos profundos. Shandong, a su vez, es una de las principales provincias cerealeras de China, con excedentes de residuos agrícolas que suelen quemarse a cielo abierto o descomponerse sin aprovechamiento.

Calor geotérmico bien cartografiado y biomasa abundante a distancias cortas de transporte: pocas regiones reúnen tan cerca la materia prima de ambas tecnologías.

 
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