Uruguay construyó en las últimas dos décadas una de las matrices eléctricas más limpias del planeta. En 2025, más del 98 % de su generación eléctrica provino de fuentes renovables. Pero esa transformación, ampliamente reconocida, todavía deja un frente abierto: buena parte de los residuos agroindustriales y urbanos que genera el país siguen siendo un problema ambiental y, al mismo tiempo, una fuente de energía desaprovechada.
Ese es el desafío que busca abordar un nuevo decreto anunciado por el ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, durante la apertura del XII Congreso LATAM Renovables. La normativa crea un ámbito de coordinación interinstitucional destinado a promover proyectos de cogeneración y aprovechamiento energético de residuos y biomasa.
El encuentro fue organizado en el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU) por la Asociación Uruguaya de Energías Renovables (Auder), entidad que reúne a empresas y profesionales vinculados con el sector renovable.
Residuos y cogeneración: el eje del nuevo decreto
En lo inmediato, el foco está puesto en biomasa que la agroindustria uruguaya ya genera en abundancia: cáscara de arroz y madera. Uruguay es uno de los principales exportadores de arroz de América Latina, y su industria arrocera produce volúmenes significativos de cáscara —un residuo lignocelulósico con alto poder calorífico— que hasta ahora tiene un aprovechamiento energético limitado. La industria forestal, expandida notablemente en las últimas décadas con plantaciones de eucalipto y pino orientadas a la producción de celulosa, aporta a su vez residuos de cosecha y procesamiento con un potencial bioenergético considerable. Una parte importante de esos recursos ya están siendo aprovechados: el 14% de la electricidad generada durante 2025 provino de esta fuente.
El ministro Ortuño explicó que la normativa también busca fomentar la investigación y la innovación para incorporar nuevas corrientes de residuos al desarrollo energético. La cogeneración permite producir electricidad y energía térmica de manera simultánea a partir de un mismo combustible, mejorando la eficiencia de los procesos y ofreciendo una alternativa especialmente atractiva para establecimientos agroindustriales que generan residuos en forma permanente y, al mismo tiempo, demandan energía para sus operaciones.
El ministro resumió ese enfoque al señalar que el propósito es convertir “ese pasivo ambiental que son los residuos en activos energéticos”. El decreto busca crear las condiciones institucionales para que esas corrientes residuales puedan incorporarse a nuevos proyectos de generación.
La segunda transición energética
En su discurso, Ortuño sostuvo que el país debe plantearse nuevos desafíos para consolidar el liderazgo regional alcanzado con la transformación de su matriz eléctrica. “Debemos reafirmar un rumbo estratégico como país y renovar hacia el futuro las políticas de Estado que hicieron posible la transformación de nuestra matriz energética”, afirmó.
Según Ortuño, esa nueva etapa supone avanzar hacia una segunda transición energética orientada a electrificar sectores que todavía mantienen una fuerte dependencia de los combustibles fósiles, en particular el transporte y la industria.
Dentro de esa estrategia, la movilidad eléctrica ocupa un lugar central. El ministro destacó que las decisiones adoptadas en los últimos años y la llegada de nuevas marcas de vehículos eléctricos muestran que el proceso comienza a ganar escala. “Seguimos apostando a las renovables y a la movilidad eléctrica. Las decisiones adoptadas y la llegada de nuevas marcas al país son la confirmación de que este es un rumbo estratégico para que Uruguay siga siendo líder en América Latina”, expresó.
Energía renovable para la transformación digital
Ortuño también vinculó la transición energética con otro proceso que está modificando las estrategias de desarrollo de numerosos países: la expansión de la economía digital.
El crecimiento de los centros de datos y de las aplicaciones de inteligencia artificial requiere grandes volúmenes de electricidad, además de redes confiables y una provisión energética estable. En ese escenario, la matriz renovable uruguaya aparece como una plataforma capaz de acompañar nuevas inversiones intensivas en energía. “Tenemos que abrazar dos grandes transformaciones: la energética y la digital. El mundo mira a Uruguay porque cuenta con una plataforma de energías renovables que le permite pensar nuevos desarrollos”, señaló.
Biomasa, almacenamiento y biodiversidad
El ministro también repasó otras iniciativas que acompañan esta nueva etapa de la transición energética.
Entre ellas mencionó la reciente promulgación del Decreto 227/25 sobre baterías, orientado a promover su segundo uso y el desarrollo de sistemas de almacenamiento. Estas tecnologías son cada vez más relevantes para administrar la variabilidad de algunas fuentes renovables y aprovechar mejor la electricidad disponible.
Ortuño señaló además que la cartera trabaja en nueva normativa y en buenas prácticas ambientales para compatibilizar la expansión de las energías renovables con la protección de la biodiversidad.
La incorporación de nuevos proyectos plantea, en ese sentido, una exigencia adicional: aumentar la capacidad de generación sin perder de vista los efectos sobre los ecosistemas y el territorio. La coordinación entre organismos públicos será uno de los puntos centrales para evaluar esas iniciativas y ordenar su desarrollo.
Un nuevo ámbito de coordinación
Ortuño definió la transición energética uruguaya como una política de Estado construida a partir del trabajo conjunto entre el sector público, las empresas estatales, el sector privado y la academia. “Este es un proyecto país. La transformación energética fue posible por el esfuerzo conjunto y debemos seguir recorriendo ese camino para generar empleo, innovación y mejorar la calidad de vida de las uruguayas y los uruguayos”, concluyó.


