Más de la mitad de la población mundial vive actualmente en ciudades, y las proyecciones indican que seguirá aumentando y que para el año 2050, dos tercios de los habitantes del planeta vivirán en zonas urbanas. Muchas personas viviendo en áreas pequeña significa grandes cantidades de residuos, un alto consumo de recursos y un gran gasto de energía.
Afortunadamente podemos combatir este fenómeno con las ideas que impulsa la economía circular. El modelo de tomar-hacer-deshacer ya no funciona, y ahora sentimos que el futuro solo puede ser circular. Una ciudad circular, una economía circular, es regenerativa por diseño y se basa en tres principios: sin desperdicio, sin obsolescencia y regeneración de sistemas naturales. El consumo lineal está llegando a sus límites.
Si tuviéramos que imaginar nuestras ciudades como ciudades circulares, ¿cómo se verían? Verde. ¿Y por qué? Porque lograr una economía circular significa usar la naturaleza como modelo. Con la ayuda de la infraestructura verde, podemos seguir el ejemplo de la naturaleza y transformar nuestras ciudades en ciudades circulares.
La infraestructura verde es una red planificada de áreas naturales y seminaturales en espacios urbanos, diseñados estratégicamente para resolver los problemas relacionados con la administración de aguas pluviales, la absorción del calor, la calidad del aire y la biodiversidad, por mencionar solo algunos ejemplos. Los árboles urbanos, los techos y las fachadas verdes y los humedales artificiales son algunos ejemplos.
Techos verdes, mitigación de residuos
La infraestructura verde reduce el desperdicio en la industria de la construcción al aumentar la longevidad de las superficies exteriores. Con el “enverdecimiento”, los techos sobreviven más tiempo a la intemperie y la luz solar. La vida útil de los techos planos convencionales incluso se puede duplicar con este método. En Berlín hay techos verdes que alcanzan aproximadamente los 100 años de antigüedad.

Las fachadas verdes también desempeñan un papel similar, al reducir los requisitos de mantenimiento debido a la capa protectora contra la luz solar y las altas temperaturas. Al utilizar estas medidas inspiradas en la naturaleza, las ciudades reducen los residuos en la industria de la construcción y se vuelven más circulares.
Aguas pluviales como recurso
Una de las funciones clave que desempeña la infraestructura verde para las ciudades es la gestión de aguas pluviales. Cuando llueve, esas aguas corren por las superficies selladas y se transportan a las plantas de tratamiento de aguas residuales.
Durante eventos de fuertes lluvias, se puede exceder la capacidad de estas plantas. Esto puede hacer que el agua de alcantarillado y aguas pluviales combinadas fluyan directamente a los ríos, degradando gravemente la calidad de su agua.
Aunque los sistemas de alcantarillado más nuevos permiten el transporte separado de aguas pluviales directamente a los ríos, la escorrentía de las calles y las superficies selladas arrastran los contaminantes a los ríos también.
La infraestructura verde reduce la cantidad de escorrentía a los ríos al actuar como una esponja. En Brooklyn, Nueva York, un «parque de esponjas» ayudará a limpiar el canal de Gowanus, contaminado desde hace bastante tiempo. En China, la «iniciativa ciudad de esponjas» se centra en ayudar a las ciudades a absorber más agua de lluvia para mitigar las inundaciones, aumentar el suministro de agua y reducir las presiones sobre los sistemas de tratamiento municipal.
Reducir y reutilizar el escurrimiento no solo imita la forma circular de la naturaleza de tratar el agua de lluvia, sino que también reduce el consumo de energía en las plantas de tratamiento de aguas residuales.
Consumo de energía
Los techos verdes y las fachadas actúan como una fuente adicional de aislamiento y protección contra temperaturas extremas: reducen las temperaturas interiores en verano y las aumentan en invierno. Aproximadamente el 40% del consumo total de energía en la UE se atribuye a los edificios y más de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen de los edificios, reducir la calefacción y el aire acondicionado podrían desempeñar un papel importante en los esfuerzos de las ciudades para mitigar el cambio climático.
Estanques de filtración
Además de reducir el consumo de energía y sus consecuentes gases de efecto invernadero, los techos verdes y las fachadas también secuestran dióxido de carbono y ayudan a absorber contaminantes del aire como el óxido nitroso, el óxido de azufre y el material particulado.
¿Aún más beneficios?
Como si todo esto fuera poco, las superficies verdes, además, son atractivas. La gente disfruta viendo más verde en su entorno directo, lo cual es crucial para quienes residen y trabajan principalmente en entornos urbanos. Estudios han demostrado que mirar superficies verdes reduce el tiempo de recuperación de los pacientes en los hospitales, así como el estrés psicológico y la depresión de los trabajadores en entornos urbanos.
Además, el aumento del verde en las ciudades combate el efecto de isla de calor y beneficia la salud.
Teniendo en cuenta los numerosos beneficios, está claro que las ciudades que invierten en infraestructura verde se vuelven más circulares y abordan varios problemas a la vez. Los estudios ya han demostrado que, económicamente hablando, los beneficios superan a los costos de estos sistemas. Sin duda, hay mucho por ganar imitando a la naturaleza para transformar las ciudades.


