Pigmentos textiles sostenibles a partir de bacterias

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Cuatro jóvenes entusiastas apasionados por química crearron Pili, una compañía que ofrece una alternativa sostenible a los tintes fósiles y contaminantes para la industria textil.

Luego de dos exitosas rondas de recaudación de fondos, los jóvenes ya se han posicionado en un mercado que mueve nada menos que US$ 8 mil millones.

La aventura comenzó en un viejo galpón abandonado de SNCF, la compañía de ferrocarriles estatales franceses, con un bolígrafo «semi-vivo», cuya tinta era producida por bacterias que descomponen el azúcar, inventadas en un hangar SNCF abandonado.

Originalmente el proyecto surgió de la mente de dos doctores en biología sintética y química orgánica, Thomas Landrain y Guillaume Boissonnat, y una diseñadora, Marie-Sarah Adenis, que rápidamente percibieron el potencial ecológico e industrial de su descubrimiento.

Los emprendedores se asociaron con Jérémie Blache, un graduado de la Escuela de Negocios de Toulouse, para dar vida a su ambición: hacer que la industria textil sea menos contaminante.

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Y al poco, tiempo, en 2015, nació su nueva empresa bajo el nombre de «Pili», un homenaje a los proceso que ciertas bacterias, movilizadas en la fabricación de este nuevo tinte, utilizan para comunicarse entre ellas.

Bacterias al rescate del medio ambiente

Pili reproduce el proceso utilizado naturalmente por ciertas bacterias, del suelo u hongos, para producir color.

La idea de los jóvenes emprendedores era mejorar este proceso gracias a las herramientas de la biología sintética, como la síntesis enzimática, que permite fabricar moléculas químicas a partir de bacterias o levaduras, y que ya se practica en varios campos, como en los biocombustibles, en la industria farmacéutica, o en la cosmética.

Colocados en grandes tanques de fermentación a temperatura ambiente, los microorganismos descomponen los materiales vegetales renovables, como el azúcar y la madera, y los transforman en colorantes.

Los pigmentos se separan de las bacterias y se mezclan para obtener la gama de colores deseada.

Gracias a la pasión sexual de estos microorganismos, que se reproducen cada veinte minutos, y a la eficiencia de su proceso, Pili asegura que puede constituir un rango cromático de decenas o incluso cientos de colores a un costo de fabricación equivalente a los tintes químicos, y para colores tan resistentes como los obtenidos por vias petroquímicas.

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Sobre todo, el impacto medioambiental es inconmensurable con los procesos actuales, como asegura Jérémie Blache, actual director de Pili: «La producción de 1 kg de tinte de origen petroquímico requiere aproximadamente 100 kg de residuos de petróleo, 10 kg de ácidos fuertes y 1.000 litros de agua. Nuestra tecnología de fermentación nos permite producir este mismo kilogramo con 200 litros de agua, sin petróleo ni productos químicos. »

Una puesta en marcha en rápida expansión

Los inversores, tanto públicos como privados, no se equivocaron: este proceso representa, sin duda, el futuro de la industria textil, que está bajo la presión de los consumidores que están cada vez más ansiosos por productos ecológicos. El éxito es aún mayor, ya que sus principales competidores utilizan principalmente colorantes vegetales con rangos de colores más limitados y rendimientos mucho más bajos.

Desde su creación en 2015, Pili se ha beneficiado de 80.000 euros del fondo de inversión estadounidense SOSV.

Esta empresa participó también en las rondas de de recaudación de fondos en 2018 (2,5 millones de euros) y 2019 (3,6 millones de euros) junto con BPI, la incubadora Fashion for Good en la que participan el grupo C&A y Kering, la plataforma de crowdfunding Wiseed y el Fondo francés Elaia, especializado en empresas innovadoras.

El equipo de Pili desea lanzar en 2021 una amplia serie de pruebas, para poder comenzar la industrialización de su proceso en 2022 y producir una profunda transformación en el sector textil, uno de los más contaminantes del mundo.

 
 
 
 
 

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