viernes, abril 10, 2026
 

No digas que no te avisamos. El Reino Unido debió activar de emergencia una biorrefinería de etanol que había forzado a cerrar hace seis meses

El acuerdo comercial con Estados Unidos forzó el cierre de las biorrefinerías de bioetanol en el Reino Unido. Ahora el gobierno tuvo que reactivar una de emergencia.

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El dióxido de carbono que se usa para mejorar la eficiencia en las centrales nucleares, para inflar cavidades durante una cirugía laparoscópica, para envasar carnes frescas en atmósfera controlada y para conservar vacunas a bajas temperaturas tiene, en el Reino Unido, un origen que pocos conocen: en buena parte del país, ese gas provenía de plantas de bioetanol. Hasta que dejaron de funcionar.

En julio de 2025, BioEconomía.info publicó una nota que describía el riesgo que representaba el posible cierre de Ensus y Vivergo Fuels, las dos grandes biorrefinerías de etanol del norte de Inglaterra (ver La ola invisible del bioetanol: cómo el cierre de dos plantas en Reino Unido puede desatar un caos industrial). El detonante había sido un acuerdo comercial firmado en mayo de ese año entre el Reino Unido y Estados Unidos que eliminó los aranceles al bioetanol estadounidense, exponiendo a los productores locales a volúmenes importados a un costo que no podían igualar. El problema, advertía esa cobertura, no era solo el combustible: eran todos los productos que esas plantas generaban en simultáneo y que sostenían cadenas productivas que van mucho más allá del surtidor.

Lo que vino después confirmó esa lectura. Vivergo Fuels, propiedad de Associated British Foods, cerró definitivamente el 31 de agosto de 2025. Ensus cesó su producción en octubre de ese año, aunque con una diferencia importante: el gobierno británico había negociado desde septiembre con la empresa para que la planta quedara en estado de espera, disponible para reactivarse inmediatamente si las circunstancias lo requerían. Esa previsión resultó determinante.

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La cadena que nadie vio

Para entender por qué el gobierno intervino, hay que entender primero qué produce una biorrefinería de etanol además de combustible.

El proceso de fermentación por el que los azúcares del trigo se convierten en alcohol libera dióxido de carbono como subproducto natural. Ese gas, capturado, comprimido y purificado, tiene una característica que lo distingue del CO₂ de origen fósil: es biogénico, es decir, proviene de cultivos que absorbieron carbono de la atmósfera durante su crecimiento. Su uso no agrega carbono nuevo al ciclo climático. Y en el mercado británico, había desplazado al CO₂ fósil no solo por ser más sostenible, sino porque resultaba competitivo en precio y en escala.

Quién depende de ese gas

En la industria cárnica, el CO₂ se utiliza en los sistemas de aturdimiento de cerdos y aves, un paso obligatorio bajo la legislación británica de bienestar animal antes del sacrificio. En el envasado de alimentos frescos, se inyecta en los envases para crear atmósferas controladas que retardan la oxidación y prolongan la vida útil de carnes, lácteos y vegetales. En la industria de bebidas, aporta la carbonatación de cervezas y refrescos con los estándares de pureza que exige la regulación alimentaria.

En el ámbito sanitario, el CO₂ tiene usos que van más allá de lo industrial. En estado gaseoso se emplea en cirugías laparoscópicas para inflar la cavidad abdominal y permitir el trabajo del instrumental. En su forma sólida —el hielo seco, que a -78°C se sublima directamente a gas sin dejar residuo líquido— es indispensable para conservar vacunas, sangre y tejidos durante el transporte. La industria nuclear también figura entre los usuarios de CO₂ en el Reino Unido.

Cuando Ensus y Vivergo dejaron de operar, toda esa cadena quedó más expuesta. El CO₂ biogénico que producían dejó de estar disponible en el mercado doméstico, y la alternativa —importaciones desde el continente europeo— pasó a depender de una oferta que, en los meses siguientes, se volvería considerablemente más frágil.

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El detonante de 2026

El comunicado oficial del Departamento de Comercio e Industria del Reino Unido publicado esta semana identifica con precisión qué terminó de inclinar la balanza. Las disrupciones en la producción europea de fertilizantes —que generan CO₂ como subproducto de su proceso— combinadas con el alza de precios del gas natural derivada del conflicto con Irán y problemas de mantenimiento no programados en varias plantas del continente, redujeron significativamente la confiabilidad de las importaciones. El mercado británico quedó en riesgo de quedar desabastecido.

Fue entonces cuando el gobierno activó el acuerdo que había negociado meses antes con Ensus: la planta volvió a operar esta semana por un período inicial de tres meses, con el objetivo de reforzar la producción doméstica de CO₂ biogénico y dar estabilidad a los sectores que dependen de él.

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El acuerdo comercial con Estados Unidos que detonó el cierre de las plantas partía de una lógica aparentemente razonable: si el etanol importado es más barato, no tiene sentido producirlo localmente. Pero esa ecuación ignoraba todo lo que una biorrefinería genera además del combustible. Cuando las plantas cerraron, el Reino Unido descubrió que había resignado independencia en cadenas productivas que no tenían ninguna relación directa con el comercio de biocombustibles. En un contexto geopolítico donde las disrupciones de suministro se volvieron más frecuentes, esa dependencia tiene un costo que tarde o temprano se presenta.

El secretario de Estado de Comercio e Industria, Peter Kyle, describió la decisión como parte de una política activa de gestión de insumos críticos, y destacó que mantener la planta en espera en lugar de dejarla cerrar definitivamente fue una decisión estratégica que ahora mostró su valor. Grant Pearson, presidente de Ensus, señaló que la reactivación fortalece no solo el suministro de CO₂ biogénico, sino también el mercado agrícola local y el desarrollo de combustibles sostenibles para aviación y navegación marítima.

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Más que combustible

El CO₂ no es el único coproducto que desaparece cuando se apaga una biorrefinería de etanol. El proceso de fermentación también genera granos secos de destilería, conocidos internacionalmente como DDGS o burlanda: lo que queda del cereal tras extraer el almidón, concentrando proteínas, fibra y energía que se convierten en un insumo clave para la nutrición ganadera. Según datos de la Agricultural Industries Confederation, solo Vivergo aportaba alrededor del 20% del requerimiento proteico de la lechería británica. Con su cierre definitivo en agosto de 2025, ese volumen desapareció del mercado local.

Una biorrefinería de etanol no produce un solo bien. Produce combustible, CO₂ biogénico para uso industrial y sanitario, y proteína para la ganadería, al mismo tiempo y con el mismo proceso. Cuando se apaga, no se apaga sola.

 
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