¿Qué tienen en común los restos de una cena, el estiércol de una granja y los barros de una planta cloacal? En Dinamarca, la respuesta es energía. Energía limpia, circular y con potencial para reconfigurar el futuro del gas en Europa. En tiempos de crisis energética y climática, el biogás en Dinamarca se ha consolido como una de las apuestas más sólidas y replicables para reemplazar los combustibles fósiles.
Un objetivo ambicioso, una solución local
En 2019, Dinamarca anunció una meta climática que hizo ruido en Bruselas: reducir sus emisiones un 70% para 2030, tomando como referencia los niveles de 1990. Y como buen país del norte, lo dijo en voz baja… pero con pasos firmes. Parte de esa estrategia se apoya en la capacidad de convertir residuos orgánicos en energía: una forma concreta y eficaz de descarbonizar sectores difíciles como el transporte pesado, la industria y la calefacción residencial.
El biogás en Dinamarca no es improvisación. Desde hace más de una década, el país ha desarrollado una infraestructura robusta que hoy incluye múltiples plantas conectadas a la red de gas natural. Y lo más importante: no se trata solo de producir biogás, sino de refinarlo hasta obtener biometano, un gas renovable que puede usarse igual que el gas fósil… pero sin los costos ambientales.
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Tecnología al servicio del clima
El proceso de “upgrading” del biogás permite purificarlo y convertirlo en biometano, eliminando CO₂, vapor de agua y compuestos como el H₂S. Este gas renovable puede comprimirse o licuarse (como bioLNG) y alimentar camiones, barcos o calderas industriales.
Pero lo que hace único al enfoque danés no es solo la eficiencia técnica, sino la forma en que el biogás se integra en una estrategia energética más amplia. Al poder almacenarse, el biometano actúa como respaldo para las fuentes intermitentes como la eólica o la solar, aportando flexibilidad al sistema.
El CO₂ ya no se desperdicia
En una vuelta más de tuerca, algunas plantas están comenzando a capturar el CO₂ eliminado durante el upgrading, purificándolo y licuándolo para reventa o almacenamiento. Este paso convierte al biogás en una tecnología carbono negativo, con aplicaciones en la industria alimentaria o como insumo para e-combustibles.
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Más allá del gasoducto: navegando hacia el futuro
Uno de los destinos más prometedores para el biogás en Dinamarca es el transporte marítimo. Con regulaciones climáticas cada vez más exigentes, los armadores buscan combustibles sostenibles. El bioLNG —biometano licuado— aparece como una de las opciones más viables para descarbonizar una industria que hasta ahora parecía inabordable.
Y Dinamarca no está sola en este rumbo. En Suecia, la empresa St1 Biokraft ha realizado su primer suministro de biometano licuado al sector marítimo, abasteciendo al buque Tern Ocean de Terntank en el Puerto de Gotemburgo. Esta operación piloto marca un hito en la creación de corredores verdes para el transporte marítimo, involucrando a toda la cadena de valor: desde los productores de gas hasta los operadores portuarios y los armadores.
El Puerto de Gotemburgo aspira a convertirse en el principal hub de abastecimiento de combustibles alternativos de Escandinavia. Para 2026, se prevé la construcción de una planta de licuefacción de biometano por parte de Nordion Energi, conectada a la red de gas de la región oeste sueca. Este desarrollo permitirá escalar la oferta de bioLNG y facilitar el acceso de los productores al mercado marítimo.
“Para acelerar la transición del transporte marítimo, es esencial que todos los actores remen en la misma dirección y lleven las ambiciones a la práctica”, subrayó Therese Jällbrink, responsable de Energía Renovable del puerto. La iniciativa de St1 y Terntank demuestra que esa cooperación ya está en marcha.
De Escandinavia a Europa: una red de soluciones biogás
La experiencia danesa no es un caso aislado. Suecia, Finlandia, Alemania, Reino Unido y hasta Letonia están desplegando tecnologías similares. De hecho, el biogás se perfila como una de las piezas clave del plan REPowerEU, con el que la Comisión Europea busca cortar la dependencia energética del gas ruso.
En el Reino Unido, por ejemplo, se están desarrollando “Green Gas Mills” que convierten pasto en gas para calentar hogares. En Alemania, las plantas de biogás rurales están siendo adaptadas para inyectar biometano en la red. Todo con el mismo principio: cerrar el círculo entre residuos, energía y clima.
Biogás en Dinamarca: el faro para la transición energética
Dinamarca muestra que no hay transición sin integración. Su apuesta por el biogás no es aislada: se conecta con políticas agrícolas, con innovación tecnológica y con una mirada a largo plazo sobre la resiliencia energética.
¿Puede este modelo escandinavo inspirar al resto de Europa? Todo indica que sí. Porque en la carrera climática, los residuos ya no son un problema: son parte de la solución.


