martes, marzo 10, 2026
 

Si todos tenemos un ADN distinto, ¿por qué seguimos comiendo igual? Un estudio plantea una nueva forma de cuidar la salud

La nutrigenética revela que nuestros genes influyen en el gusto, la digestión y el riesgo a enfermedades como la celiaquía. Personalizar la dieta ya no es moda: es prevención.

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¿Por qué algunas personas engordan fácilmente mientras otras parecen inmunes al efecto de las calorías? ¿Por qué algunos alimentos nos resultan desagradables y otros irresistibles? ¿Y por qué, a pesar de seguir dietas y tomar suplementos, no siempre obtenemos los resultados esperados?

Durante mucho tiempo, estas preguntas se respondieron con explicaciones generales: metabolismo lento, hábitos familiares, niveles de estrés. Pero hoy la ciencia ofrece otra clave, más precisa y medible: la genética.

Una línea de investigación liderada por el científico argentino Adrián Turjanski, director científico de Gen360 —una empresa dedicada a aplicar tecnologías genómicas a la salud personalizada— e investigador del CONICET, está revelando algo fascinante: nuestros genes tienen mucho que decir sobre cómo comemos, cómo procesamos lo que comemos y qué efectos tiene eso en nuestra salud.

Este campo del conocimiento se llama nutrigenética, y permite entender cómo las variaciones en el ADN influyen en nuestra respuesta a los alimentos. No se trata de destino, sino de información valiosa para decidir mejor qué, cómo y por qué comemos.

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El gusto también está en los genes

Mucho antes de que el alimento llegue al plato, ya empieza nuestra experiencia con la comida. Desde chicos, desarrollamos gustos, rechazos y preferencias que creemos personales. Pero la genética también interviene: hay variantes en nuestros genes que afectan la sensibilidad a sabores como el amargo, el dulce o el picante.

“Los genes influyen en el paladar, en cuánto disfrutamos ciertos sabores y también en la sensibilidad gustativa”, explica Turjanski. Esa sensibilidad no solo determina lo que preferimos, sino también cómo reaccionamos a ciertos alimentos, incluso sin darnos cuenta.

Esto no significa que nuestros genes elijan el menú. Pero sí condicionan el punto de partida desde donde empezamos a vincularnos con la comida.

Nutrirse no es lo mismo que absorber

Más allá del gusto, la nutrigenética también investiga cómo nuestro cuerpo absorbe y utiliza lo que comemos. Algunas personas presentan dificultades para retener vitaminas esenciales como la B12, el calcio o el magnesio. Otras metabolizan demasiado rápido la vitamina D, lo que reduce su eficacia y puede derivar en déficits crónicos, aún llevando una alimentación equilibrada.

En tiempos donde abundan los suplementos dietarios y las dietas de moda, esta información es esencial. “Conocer nuestro perfil genético nos permite evitar tanto la carencia como el exceso de micronutrientes”, señala Turjanski. Saber lo que necesitamos —y lo que no— es una forma poderosa de cuidarnos mejor.

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Una herramienta al servicio de tu alimentación

Los avances en genética permiten hoy acceder a un test que, mediante una muestra de saliva, analiza variantes genéticas vinculadas con la nutrición. No se trata de adivinación ni de predicciones vagas, sino de ciencia aplicada: el test identifica cómo metabolizamos ciertos nutrientes, cómo responde nuestro cuerpo a grasas y carbohidratos, cuál es nuestra sensibilidad a la saciedad y si tenemos predisposición a ciertas enfermedades digestivas.

Este tipo de análisis permite diseñar planes alimentarios que realmente funcionen: no basados en reglas generales, sino en la biología única de cada persona.

En Argentina, seis de cada diez adultos presentan sobrepeso. Muchos de ellos han probado múltiples dietas sin éxito. No es que fallen por falta de voluntad: muchas veces, simplemente, no están hechas para su perfil genético.

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Celiaquía: certezas antes de la dieta

Un ejemplo paradigmático es la celiaquía. Turjanski explica que “el 99% de las personas celíacas tienen dos variantes específicas en los genes HLA-DQ2 o DQ8. Si una persona no las tiene, puede estar segura de que nunca va a desarrollar esta enfermedad”. Esta información es clave para evitar dietas sin gluten innecesarias, estudios invasivos o diagnósticos erróneos que terminan deteriorando la calidad de vida.

Genética para decidir mejor

Un test genético no reemplaza al profesional de la salud. Pero lo complementa con datos precisos, que permiten ajustar tratamientos, elegir suplementos adecuados, y construir una relación más eficiente —y menos frustrante— con la comida.

Saber cómo está configurado nuestro cuerpo desde la raíz no es un lujo futurista. Es una herramienta disponible hoy, útil, concreta, y que puede transformar nuestra salud desde lo más íntimo: desde lo que somos.

Porque comer bien no es solo cuestión de elegir sano. Es elegir con conocimiento. Y eso, cada vez más, empieza en nuestros genes.

 
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