En el corazón agrícola de Rumania, el mayor productor de leche de Europa acaba de dar un paso clave hacia una transformación energética inusual pero poderosa: convertir estiércol en biometano, y hacerlo a escala industrial. Con una inversión prevista de 30 millones de euros, este proyecto promete erigirse como una de las mayores plantas de biometano del continente.
El plan está en manos del grupo agroalimentario DN AGRAR, en alianza con la firma energética BSOG Energy. Ambas compañías firmaron los contratos definitivos para avanzar con el diseño, permisos y ejecución de la instalación, que se abastecerá exclusivamente del estiércol generado por las más de 16.000 cabezas de ganado lechero que DN AGRAR gestiona en sus granjas.
Energía desde el estiércol: una revolución silenciosa
La planta tendrá una capacidad inicial de hasta 15 MW, con potencial para superar los 20 MW en una segunda fase. ¿Qué significa esto? Que podrá transformar residuos orgánicos —principalmente estiércol— en biometano, un gas renovable que puede usarse como reemplazo directo del gas natural convencional. Todo esto gracias a un proceso de digestión anaeróbica que convierte desechos orgánicos en energía limpia.
El proyecto no solo apunta a la eficiencia energética. Según estimaciones, podría reducir hasta un 90% de las emisiones de carbono asociadas a la actividad ganadera, mientras abre una nueva fuente de ingresos para el grupo, con contratos de suministro de materia prima a 15 años y retornos anuales estimados en 3,5 millones de euros.
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Rumania se suma al mapa energético verde de Europa
Con esta planta, Rumania entra al radar de la bioenergía europea. Hasta ahora, los grandes desarrollos en biometano se concentraban en Alemania, Francia o los países nórdicos. Este proyecto coloca a Europa del Este en el centro de la transición energética rural, con un modelo que combina seguridad energética, economía circular y desarrollo agroindustrial.
Mark Beacom, director de BSOG Energy, lo sintetiza: “Este será el primer gran proyecto de biometano en Rumania, pero no el último. Estamos impulsando otros desarrollos que combinan producción de gas renovable y biofertilizantes. Creemos que el biometano tiene un rol clave en la seguridad energética y en la descarbonización del país”.
Un plan maestro hacia la leche net-zero
Para DN AGRAR, esta inversión es mucho más que una planta de energía. Es una pieza estratégica de su plan 2025–2030, que busca duplicar su EBITDA, expandir la producción a 200 millones de litros de leche por año y producir leche neutra en carbono. A la planta de biometano se suman proyectos de compostaje orgánico, energía solar, invernaderos industriales y granjas verticales de forraje.
“Queremos demostrar que la agricultura intensiva también puede ser sostenible”, afirma Peter de Boer, CEO de DN AGRAR. “Convertir residuos en energía y fertilizante, alimentar al ganado con cultivos propios, y cerrar los ciclos es parte de una nueva agroindustria que ya no depende del petróleo, sino de su propia eficiencia”.
Más allá del metano: la nueva tecnología que redefine el negocio del biogás
Estiércol, energía y futuro: el nuevo triángulo virtuoso del agro europeo
Más allá del impacto local, este proyecto refleja una tendencia global: reconectar el sistema agroalimentario con la transición energética. En lugar de ser un problema ambiental, el estiércol se convierte en activo estratégico. Y las granjas, en plataformas de bioenergía.
Con una ejecución prevista antes de 2028 y el apoyo de inversores internacionales como The Carlyle Group y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, la planta rumana ya no es solo un proyecto: es una señal de lo que viene.


