viernes, abril 17, 2026
 

Australia en riesgo de quedarse sin combustible y el agro ofrece la salida

Ante la dependencia casi total de importaciones y reservas mínimas, los agricultores plantean que cultivos como la canola pueden sostener una producción nacional de combustibles líquidos sostenibles, fortaleciendo la soberanía energética y reduciendo emisiones.

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Australia atraviesa una dependencia energética que preocupa a productores, industriales, estrategas y al propio gobierno: el 91% de los combustibles líquidos que consume llegan del exterior. Las reservas internas, de apenas 24 días en diésel y 22 días en otros combustibles, están muy por debajo del estándar que exige la Agencia Internacional de Energía. Y con rutas de abastecimiento que cruzan estrechos marítimos vulnerables en el sudeste asiático, cualquier tensión geopolítica podría interrumpir el flujo.

En este escenario, la organización nacional GrainGrowers, que agrupa y representa a productores de granos en toda Australia y trabaja en políticas públicas, investigación y defensa sectorial, publicó el informe «Reaping the Benefits: How Australian Grain and Oilseeds Can Support Australia’s Low Carbon Fuel Security». El documento sostiene que el país no puede seguir dependiendo de importaciones para garantizar su abastecimiento energético, cuando dispone de una solución inmediata y estratégica: producir combustibles líquidos de bajas emisiones a partir de granos y oleaginosas como la canola y el sorgo.

De la fragilidad a la oportunidad

El reporte describe una cadena productiva agrícola de clase mundial, con capacidad de generar materia prima tanto para el mercado alimentario como para la producción de combustibles sostenibles, especialmente diésel renovable y combustible sostenible para aviación (SAF, por sus siglas en inglés). Australia ya es uno de los principales proveedores de canola para biodiésel en la Unión Europea, un antecedente que prueba su competitividad y capacidad de cumplir con exigentes estándares de sostenibilidad.

La Organización de Investigación Científica e Industrial de la Commonwealth (CSIRO) —la agencia nacional de ciencia del gobierno australiano— ha documentado que los biocombustibles obtenidos con canola australiana se encuentran entre los de menor huella de gases de efecto invernadero en el mundo, con emisiones en al menos, un 50% inferiores a las de los combustibles fósiles equivalentes. En su Sustainable Aviation Fuel Roadmap, el CSIRO estima que, si el país procesara localmente su producción de materia prima, podría generar combustibles por un valor de 10.000 millones de dólares en 2025 y 19.000 millones en 2050.

Volver a encender el motor del futuro

Un modelo doble propósito

Lejos de la polémica “alimentos o energía”, la canola australiana muestra que es posible sostener ambos destinos. Bajo determinados sistemas de producción, el cultivo puede manejarse como doble propósito, brindando forraje invernal al ganado y luego grano para aceite y proteína, sin que se registren pérdidas significativas de rendimiento en grano.

Además, la canola suele integrarse en rotaciones con cereales como trigo y cebada, mejorando la salud del suelo, controlando malezas y elevando la productividad de los cultivos siguientes, lo que aporta resiliencia y sostenibilidad al sistema.

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Dos pasos clave para no perder ventaja

El informe de GrainGrowers recomienda avanzar en dos frentes inmediatos. Primero, una Estrategia Nacional de Materias Primas que coordine a la industria y al gobierno para garantizar un suministro constante y sostenible de cultivos destinados a biocombustibles. Segundo, una inversión decidida en infraestructura de crushing de oleaginosas y biorrefinado en territorio australiano, evitando que las materias primas se exporten para ser procesadas en otros países.

La producción local permitiría, además, revitalizar refinerías en riesgo por la transición energética, crear más de 26.000 empleos —en su mayoría en zonas rurales— y fortalecer las economías regionales.

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Energía y clima, un mismo frente

Alineado con el objetivo nacional de reducir un 43% las emisiones para 2030 y alcanzar la neutralidad de carbono en 2050, el desarrollo de biocombustibles de granos y oleaginosas representa una oportunidad para sectores donde la electrificación o el hidrógeno aún no son viables, como la aviación, el transporte pesado y parte de la defensa.

La advertencia de GrainGrowers es clara: si no se actúa ahora, Australia corre el riesgo de dejar pasar una ventaja competitiva única y seguir expuesta a las vulnerabilidades del mercado internacional de combustibles. El país cuenta con el suelo, la producción y la experiencia; lo que falta es la decisión política para transformar esos recursos en seguridad energética y liderazgo climático.

 
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