miércoles, mayo 13, 2026
 

Mitad y mitad: el mayor productor de aceite vegetal del mundo sube su mezcla de biodiesel al 50%

Un decreto ministerial fija el calendario hacia el B50, Indonesia planea dejar de importar diésel para 2026 y moviliza infraestructura industrial para cerrar la cadena de valor

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Hay países que hablan de transición energética y hay países que la decretan. Indonesia acaba de hacer lo segundo. El 3 de marzo pasado, el Ministerio de Energía firmó un decreto ministerial que establece, con fechas y etapas, el camino hacia el B50: una mezcla de combustible en la que el 50% es biodiesel producido a partir de aceite de palma y el 50% restante es gasoil convencional. No es una hoja de ruta aspiracional ni un documento de intenciones. Es la formalización de un proceso que ya tiene nombre, cronograma y obra civil en marcha.

El contexto lo explica casi todo. Indonesia es el mayor productor mundial de aceite de palma y uno de los grandes importadores de combustibles fósiles de la región. Esa tensión —abundancia biológica frente a dependencia energética— es la que el gobierno de Prabowo Subianto decidió resolver de manera radical: usar el recurso que sobra para dejar de comprar el recurso que falta. La lógica no es nueva, pero la escala y la velocidad de implementación sí lo son.

Del B35 al B50: una escalada que ya está en marcha

El país no partió de cero. Indonesia venía implementando el programa B35, que obligaba a mezclar el 35% de biodiesel derivado de aceite de palma en el gasoil convencional. En 2025 dio el salto al B40, y los números hablan por sí solos: según datos oficiales del gobierno indonesio, ese programa permitió ahorrar 9.300 millones de dólares ese año gracias a la sustitución de importaciones de diésel.

El nuevo decreto fija el siguiente tramo. Desde el 1 de julio de 2026, el B50 comenzará a implementarse de manera escalonada, con una lógica que refleja cómo está organizado el mercado de combustibles en Indonesia. El diésel subsidiado —el que abastece a transportistas, pescadores, agricultores y al grueso de la economía popular— adoptará la mezcla del 50% durante 2027. Es el segmento sobre el que el Estado tiene control directo de la cadena de distribución, lo que facilita la transición. El diésel no subsidiado, en cambio, es el que consume la industria pesada, la minería, las plantas eléctricas privadas y las grandes empresas: un mercado que opera con contratos propios y mayor capacidad de negociación. Para ese segmento, el decreto admite que la mezcla podría mantenerse en B40 durante 2027 si la capacidad de producción de biodiesel no alcanza para cubrir la demanda total. Para 2028, la distinción desaparece: el B50 será el estándar universal para todos los usuarios, sin excepción.

Eniya Listiani Dewi, directora general de energías renovables del Ministerio de Energía indonesio, fue precisa al explicar la lógica del cronograma: «Queremos asegurarnos de que la utilización de biocombustibles pueda implementarse de manera óptima, considerando la disponibilidad de materias primas, la infraestructura y el soporte industrial.»

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El nudo de la cadena: el metanol

Producir biodiesel requiere metanol, un insumo clave en el proceso de transesterificación —la reacción química mediante la cual el aceite vegetal se convierte en biodiesel apto para motores. Y aquí está el talón de Aquiles del plan: Indonesia importa alrededor de 1,5 millones de toneladas anuales de metanol, y esa cifra podría trepar a 5,2 millones de toneladas para sostener la demanda que generará el B50.

Pupuk Indonesia, la empresa estatal de fertilizantes más grande del país, anunció la construcción de dos plantas de metanol para cerrar esa brecha. Una se ubicará en Lhokseumawe, al norte de Sumatra, donde ya se firmó un memorando de entendimiento entre Pupuk Indonesia y Mubadala, la firma energética del fondo soberano de Abu Dhabi. La otra estará en Bontang, en el corazón de la isla de Borneo.

Rahmad Pribadi, presidente de Pupuk Indonesia, explicó ante la Cámara de Representantes que ambas plantas aprovecharán los recursos de gas natural disponibles en esas regiones, donde la empresa ya cuenta con zonas industriales establecidas. Los estudios de factibilidad están terminados, el costo de capital aún se está calculando, y la construcción se estima que tomará alrededor de 40 meses. La aprobación llegó desde Danantara, el fondo de inversión soberano indonesio creado en 2025 para administrar activos estratégicos del Estado.

Mubadala tiene posiciones activas en hidrógeno, renovables y biocombustibles en varios continentes, y su participación en Lhokseumawe se enmarca en una estrategia de inversión de largo plazo en infraestructura energética.

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Soberanía energética con biología como palanca

El aceite de palma no es solo un insumo industrial: es el producto de un ecosistema agrícola que emplea a millones de personas en zonas rurales del archipiélago. Convertirlo en biodiesel —en paralelo a sus usos alimentarios, cosméticos y farmacéuticos— permite extraer más valor del mismo sistema biológico sin desplazar sus otras funciones.

El ministro de Energía, Bahlil Lahadalia, fue directo sobre el objetivo final: Indonesia quiere dejar de importar gasoil convencional para 2026. Para lograrlo, el gobierno evalúa ampliar el uso de tierras para cultivo de palma y moderar temporalmente las exportaciones del aceite, según informó la agencia estatal Antara News. Las pruebas de la mezcla B50 en distintos tipos de maquinaria están en curso y se extenderán entre seis y ocho meses.

El programa no se limita al diésel. Para la gasolina sin subsidio en Java —la isla más poblada del país, con más de 150 millones de habitantes— se proyecta una mezcla de 5% de etanol entre 2026 y 2027, con un salto al 10% para 2028. Y desde 2027, los dos aeropuertos más transitados del país —el Soekarno-Hatta en Yakarta y el I Gusti Ngurah Rai en Bali— comenzarán a operar con una proporción inicial del 1% de combustible de aviación sostenible (SAF).

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Una política diseñada bajo presión geopolítica

Hay un dato que suele quedar enterrado en los análisis técnicos: la aceleración hacia el B50 no fue solo el resultado de una planificación metódica. Según el propio decreto ministerial, la implementación anticipada del estándar fue parte de un plan para mitigar riesgos derivados del conflicto en Irán, que en los meses previos generó volatilidad en los mercados de petróleo y amenazó las cadenas de suministro de combustibles en el sudeste asiático.

La presión geopolítica funcionó como detonante de decisiones que ya estaban en la agenda pero esperaban condiciones más cómodas para avanzar.

 
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