Desde tiempos remotos, inventores, científicos y soñadores han perseguido una quimera: el perpetuum mobile, una máquina capaz de producir energía infinita sin gastar un solo gramo de combustible. La física dictó su sentencia hace siglos: es imposible. Sin embargo, la semana pasada en Córdoba ocurrió algo que, sin romper ninguna ley natural, dejó al campo argentino más cerca que nunca de esa vieja ambición.
FPT Industrial comenzó a fabricar en su planta de Ferreyra motores pesados diseñados desde cero para funcionar a gas natural, con el mismo rendimiento que sus equivalentes diésel. Hasta acá, una buena noticia para la industria y para la agenda energética nacional, alineada con Vaca Muerta. Pero la verdadera historia surge cuando pensamos que estos mismos motores pueden alimentarse con biometano producido en el propio campo. Ahí el dato industrial deja de ser solo un avance tecnológico para convertirse en una oportunidad estratégica.
No se trata de resignar potencia ni de adaptar equipos existentes. Estos motores ya están preparados para trabajar en tractores, camiones, cosechadoras o cualquier maquinaria autopropulsada que hoy consume gasoil. La diferencia es que podrán hacerlo con un combustible renovable que nace a pocos metros del lote, dentro de un esquema de bioeconomía circular capaz de reducir drásticamente —y en algunos casos incluso revertir— las emisiones de gases de efecto invernadero. En un contexto en el que la huella de carbono de la producción agropecuaria gana peso en mercados y certificaciones, esta posibilidad deja de ser un capricho ambiental para transformarse en ventaja competitiva.
Imaginemos una biorrefinería de maíz. Del grano se obtiene etanol y burlanda para la alimentación animal. El CO₂ que libera la fermentación se captura para uso industrial, desde la carbonatación de bebidas hasta la producción de cemento. Y la vinaza, un subproducto líquido con alta carga orgánica, se transforma en biogás y, tras un proceso de purificación, en biometano con calidad vehicular. Ese gas puede ir directo al tanque de los tractores, cosechadoras y camiones que participan en la misma campaña que lo generó. El maíz que crece en el surco mueve la máquina que lo cosecha: un círculo cerrado, eficiente y ambientalmente virtuoso.
En un tambo, un criadero de cerdos o aves, o un feedlot, la película es la misma. Los efluentes, que antes costaba gestionar, alimentan un biodigestor que produce gas todos los días para mixers, tractores y vehículos de reparto. En un frigorífico o en una planta láctea, donde el tratamiento de efluentes es obligatorio, el biometano puede reemplazar miles de litros de gasoil al año, reduciendo emisiones y aportando autonomía energética. Esto no es teoría: New Holland ya presentó tractores a biometano listos para trabajar, y Bennamann —empresa británica de la que CNH es accionista— desarrolla soluciones circulares para producir y aprovechar ese gas renovable en el campo.
Pero el tanque del agro no se llena solo con biometano. El etanol que producimos con maíz y caña ya demostró que puede reemplazar a la nafta. FPT también innova en este campo: desarrolló un prototipo de motor Otto —la misma tecnología que para GNC— para equipar una cosechadora de caña de azúcar CASE IH, pensado de fábrica para trabajar con etanol. Una señal clara de que este biocombustible también tiene su lugar para poner en marcha la cosecha con la energía nacida del mismo lote.
El tercer vértice es el biodiésel. Su uso en maquinaria y transporte está sobradamente probado. Puede emplearse puro o en mezclas altas, sin complicaciones técnicas, y es desde hace años una herramienta estratégica para reducir la dependencia del gasoil importado y fortalecer la seguridad energética.
Biometano, etanol y biodiésel ofrecen un menú completo para que cada productor tenga a mano la opción que mejor se adapta a su realidad productiva. Las tres soluciones ya existen, se producen en el país y están listas para usarse. No estamos esperando milagros tecnológicos ni inversiones imposibles: las piezas ya están sobre la mesa.
Que FPT fabrique estos motores en Córdoba significa que la pieza central para este modelo está disponible localmente y que los fabricantes de maquinaria y camiones —New Holland, CASE IH, Iveco y otros— tienen con qué integrarla. Las piezas ya conviven: producción de biocombustibles y tecnología para usarlos en campo. El encastre es el paso siguiente.
Se trata de usar lo que producimos para producir más y mejor. De mover el campo con la fuerza de lo que nace en sus propios lotes, tambos, plantas y biorrefinerías. Todo está listo para que el agro argentino escriba su próximo capítulo… y, al fin, convertir en realidad lo que durante siglos fue un sueño imposible: un perpetuum mobile que no desafía las leyes de la física, sino que las pone a trabajar para cerrar el ciclo energético en beneficio propio, del país y del medio ambiente.


