En la trastienda de la revolución del biodiésel, hay una sustancia que se produce en silencio, pero en volúmenes considerables. Es el glicerol crudo, un coproducto inevitable del proceso de transesterificación con el que se fabrica biodiésel a partir de aceites y grasas. Aunque no es un residuo, tampoco es simple convertirlo en valor: su uso industrial requiere un proceso de refinado que lo purifique hasta alcanzar la calidad demandada por sectores como la cosmética, la farmacéutica o la alimentaria. Ese paso cuesta tiempo, energía y dinero, lo que deja al glicerol crudo en una zona gris del mercado, vendiéndose muchas veces a precios bajos o sin un destino inmediato.
Ahora, una de las vías más prometedoras para valorizar ese glicerol crudo —sin necesidad de refinarlo— parece haber tomado forma: transformarlo directamente en energía renovable, sin pasos intermedios ni insumos externos. Y lo más notable es que lo logra a través de una conversión interna: el propio glicerol, al reaccionar, genera el hidrógeno necesario para transformar otra parte de sí mismo en biopropano.
Ciencia aplicada: una solución integrada para dos desafíos energéticos
Este hallazgo no es una hipótesis, sino el resultado concreto del proyecto HYDROGAS, liderado por el Energy and Bioproducts Research Institute de Aston University – en el Reino Unido – y financiado por el programa Marie Skłodowska-Curie Actions de la Unión Europea. Bajo la dirección del doctor Jude Onwudili, con la colaboración de la doctora Carine Tondo Alves, HYDROGAS logró diseñar un proceso de doble etapa en el que el glicerol se convierte primero en hidrógeno renovable y luego en biopropano, sin necesidad de recurrir a fuentes externas de hidrógeno.
“Usamos parte del propio glicerol como materia prima para generar el hidrógeno necesario para la segunda fase del proceso, evitando así depender de fuentes externas caras o intensivas en carbono”, explicó Onwudili. Esta innovación cambia las reglas del juego: transforma un coproducto abundante en dos gases combustibles clave para la transición energética, sin añadir complejidad logística ni insumos fósiles al sistema.
Hidrógeno y biopropano: los protagonistas del nuevo mapa energético
El hidrógeno ocupa un lugar protagónico en la agenda de descarbonización global. Por su capacidad para almacenar y liberar energía sin emitir CO₂, se perfila como un vector energético estratégico en sectores donde la electrificación directa no es viable, como la industria pesada o el transporte de larga distancia. Pero su producción —especialmente cuando se busca que sea verdaderamente “verde”— sigue enfrentando obstáculos técnicos y económicos.
En paralelo, el biopropano emerge como una alternativa renovable y drop-in al gas licuado de petróleo (GLP), utilizado masivamente en calefacción, cocción y movilidad rural o fuera de red. Al ser químicamente compatible con las infraestructuras y artefactos actuales, puede sustituir al propano fósil sin necesidad de adaptar los sistemas existentes, lo que le otorga una ventaja competitiva frente a otros biocombustibles.
HYDROGAS, al combinar ambos vectores en una sola plataforma basada en biomasa, ofrece una propuesta altamente eficiente, escalable y alineada con los principios de la economía circular.
Etapas del proceso y próximos desafíos
La tecnología desarrollada por Aston University se compone de dos fases diferenciadas. En la primera, parte del glicerol crudo se somete a un proceso de reformado que genera hidrógeno. En la segunda, ese hidrógeno se utiliza para convertir el resto del glicerol en biopropano. Lo que distingue este enfoque es que ambas etapas se alimentan de un mismo insumo inicial, y una abastece a la otra en términos de energía reactiva.
“El primer objetivo del proyecto —generar suficiente hidrógeno como para completar la reacción sin recurrir a fuentes externas— ya fue alcanzado con éxito”, destacó Onwudili. El segundo desafío, aún en curso, es optimizar los rendimientos de biopropano, especialmente cuando se trabaja con glicerol crudo, que presenta impurezas y composiciones variables.
Durante las pruebas, el equipo descubrió que las condiciones óptimas para cada etapa no son necesariamente las mismas. Eso abre la puerta a procesos desacoplados, donde la generación de hidrógeno y la síntesis de biopropano puedan realizarse en módulos separados y más eficientes.
Investigación con vocación industrial
La universidad británica ya decidió redoblar la apuesta. Con nuevas inversiones, Aston se propone consolidar un programa de investigación en conversión de glicerol y otros recursos biogénicos hacia combustibles sostenibles, tanto líquidos como gaseosos. El objetivo es avanzar desde la prueba de concepto hacia una tecnología con aplicación industrial real, adaptable a distintas escalas y contextos.
La propuesta tiene especial atractivo para regiones donde se produce biodiésel en volumen, pero no existen mercados dinámicos para el glicerol crudo. En esos entornos, HYDROGAS puede integrarse como módulo de valorización energética, cerrando el ciclo del biocombustible con autonomía local y menor dependencia de insumos fósiles.
Bioeconomía en acción: cerrar ciclos, abrir posibilidades
Este avance no solo representa un logro técnico. Es un ejemplo de cómo la bioeconomía puede ofrecer respuestas integradas, donde residuos o coproductos encuentran nuevos roles como insumos energéticos, y donde la innovación se pone al servicio de la eficiencia, la sustentabilidad y la independencia productiva.
Al transformar el glicerol crudo en hidrógeno y biopropano, HYDROGAS no solo convierte un flujo subutilizado en recurso estratégico. También redefine lo que entendemos por “valor”, mostrando que, en la bioeconomía, lo que sobra en un proceso puede ser la solución del siguiente.


