Mar del Plata tiene, cada dos años, una semana en que huele a trigo. No literalmente, claro, pero en los pasillos del Hotel Sheraton se cruzan agrónomos, productores, exportadores y técnicos que hablan del cereal con la intensidad con que los chicos – y no tan chicos– hablan de figuritas en la previa del mundial. A Todo Trigo —el congreso que organiza la Asociación Argentina de Trigo (Argentrigo) y que en su edición 2026 convocó a más de 1.800 personas el 14 y 15 de mayo— es el lugar donde la cadena triguera toma temperatura, compara notas y define hacia dónde va. Y en esa conversación, Bunge llegó este año con propuestas que ve más allá del segundo cereal más sembrado en el planeta.
La compañía, uno de los principales actores de la agroindustria global con presencia en más de 40 países y una posición consolidada en la exportación de granos y derivados en la Argentina, aprovechó el encuentro para presentar lo que describe como una oferta integral para los cultivos de invierno, bajo un modelo de acompañamiento al productor que busca cubrir la campaña completa: desde la definición del plan de fertilización hasta la colocación de los grano en los mercados internacionales.
Un portafolio construido sobre el nitrógeno, el fósforo y el azufre
Bunge reforzó en Mar del Plata lo que considera la base de cualquier resultado productivo: la nutrición. El argumento es conocido por cualquier agrónomo pero sigue siendo necesario repetirlo en voz alta, porque la tentación de recortar insumos ante la escalada de precios sus o incertidumbre climática es siempre la primera respuesta del productor bajo presión.
Para el trigo y la cebada, lograr buenos rindes y, sobre todo, buena calidad de proteína —el parámetro que define el precio en el mercado — depende en gran medida de una fertilización balanceada que contemple los tres macronutrientes esenciales: nitrógeno, fósforo y azufre. Cada uno cumple una función distinta en el desarrollo del cultivo, y la omisión o el desbalance de cualquiera de ellos se traduce en pérdidas que no se recuperan en la cosecha.
La empresa ofrece uno de los portafolios más amplios del mercado en fertilizante. Pero más allá del catálogo, la propuesta incluye asesoramiento técnico para definir planes de fertilización adaptados a cada lote y objetivo, buscando el punto donde la inversión en nutrición rinde más por peso invertido. Esa diferencia —entre fertilizar por inercia y fertilizar con criterio— puede significar varios quintales por hectárea al momento de la cosecha.
Jorge Bassi, Director de Marketing y Nuevos Negocios de Bunge, lo sintetizó en el encuentro: «Combinamos conocimiento técnico, una amplia oferta de fertilizantes, soluciones logísticas y acceso a mercados, para que cada productor pueda maximizar el potencial de su campo».
De la nutrición balanceada a la nutrición avanzada: la nueva sinergia del suelo
Las terminales de Bahía Blanca y Quequén, en el centro de la ecuación
Pero el trigo argentino no termina solo en los molinos del país. Una gran cantidad tiene como destino los puertos que lo conectan con el mundo. Y ahí Bunge tiene una posición estratégica que pocos actores del mercado pueden igualar.
La compañía opera terminales propias en Bahía Blanca y Quequén, los dos principales polos de embarque de trigo y cebada del país. Esa infraestructura logística define la capacidad de mover volúmenes con eficiencia, de cumplir contratos en tiempo y forma, y de ofrecer al productor una salida comercial integrada que va más allá de la simple compraventa del cereal.
En el caso del trigo, el destino más relevante es Brasil, el principal comprador del cereal argentino. Bunge abastece de manera significativa a la industria molinera brasileña, lo que le permite actuar como puente entre el productor del sur de Buenos Aires o del sudeste bonaerense y los molinos que del otro lado de la frontera convierten ese trigo en harina. Para el productor, esa conectividad se traduce en acceso a un mercado de referencia con demanda sostenida y estándares de calidad definidos.
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Colza, cártamo y camelina: el barbecho que empezó a producir
Quizás el capítulo más novedoso de la presentación fue el dedicado a las oleaginosas de invierno. Durante años, los meses de barbecho entre la cosecha gruesa, representaron un período de suelo quieto, con escasa actividad biológica y sin retorno económico. Ese esquema está cambiando.
A través de su programa de Agricultura Regenerativa, Bunge viene impulsando la incorporación de colza, cártamo y camelina como cultivos de invierno en rotación con el trigo y la cebada. Según informó la compañía, ya se sembraron más de 90.000 hectáreas de estas oleaginosas en Argentina, una cifra que refleja una adopción creciente entre productores dispuestos a intensificar sus sistemas sin comprometer la sustentabilidad del suelo.
La lógica productiva es clara: estos cultivos ocupan la ventana temporal del barbecho, aportan materia orgánica, mejoran la estructura del suelo y reducen la erosión. Funcionan, en la práctica, como puentes verdes que mantienen vivo el sistema en los períodos de menor actividad. Pero además tienen un destino comercial concreto: la industria de biocombustibles, que demanda aceites vegetales como materia prima para la producción de biodiésel y combustibles de aviación sostenible (SAF, por sus siglas en inglés).
Para facilitar ese acceso, Bunge ofrece contratos de producción certificados que conectan al productor directamente con los mercados finales. Es decir, antes de sembrar, el productor ya sabe a quién le va a vender y a qué precio referencial, lo que reduce la incertidumbre comercial que suele frenar la adopción de cultivos nuevos. Ese esquema de contratos es uno de los factores que explica el crecimiento sostenido de las hectáreas sembradas en los últimos años.
Una propuesta que empieza antes de la siembra y termina en el puerto
«Nuestra participación en A Todo Trigo 2026 reafirma el compromiso de Bunge con el desarrollo integral de la cadena de valor del trigo, la cebada y las nuevas semillas en Argentina», señaló Jorge Bassi, Director de Marketing y Nuevos Negocios de la compañía. «Trabajamos con una propuesta integral para apoyar al productor en cada etapa de la campaña, aportando herramientas que contribuyan a mejorar la productividad y la sustentabilidad de los sistemas agrícolas.» Y agregó: «Combinamos conocimiento técnico, una amplia oferta de fertilizantes, soluciones logísticas y acceso a mercados, para que cada productor pueda maximizar el potencial de su campo.»


