El camión cisterna avanzó por la plataforma del Chicago-O’Hare bajo la coreografía habitual de uno de los aeropuertos más transitados del mundo. Pero esta vez, el combustible que se acercaba a la bodega de un avión de FedEx no era el habitual Jet A: era una mezcla con al menos un 30% de combustible de aviación sostenible (SAF, por sus siglas en inglés). Ese movimiento silencioso, casi rutinario, marcó algo más que una carga: fue la primera vez que una aerolínea de carga estadounidense utilizó SAF en O’Hare, un gesto que empieza a inclinar la balanza en la transición energética del sector.
La aviación convive desde hace años con un desajuste persistente: la demanda de combustibles sostenibles crece, mientras la oferta sigue limitada por la capacidad de producción y la escala industrial. El SAF —capaz de reducir hasta un 80% las emisiones de ciclo de vida frente al combustible fósil tradicional— se convirtió en la gran apuesta para descarbonizar vuelos comerciales y de carga. Pero su disponibilidad aún está lejos de las necesidades del sector. Por eso, cada aerolínea que firma acuerdos y cada aeropuerto que habilita infraestructura compatible envía un mensaje claro: la transición no es discurso, es operación concreta.
En ese escenario, FedEx —una de las mayores empresas logísticas del mundo, con una red aérea que conecta más de 220 países— decidió acelerar. Tras su primera implementación importante de SAF en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, ahora la compañía suma dos centros neurálgicos: Chicago-O’Hare y Miami International Airport. Y lo hace en apenas seis meses, una señal contundente del rol que pretende asumir.
El rol del combustible de aviación sostenible en la estrategia aérea de FedEx
FedEx no solo busca reducir su huella de carbono; también quiere dinamizar el mercado global de SAF. Así lo expresó Karen Blanks Ellis, directora de sustentabilidad y vicepresidenta de Asuntos Ambientales de la compañía: “Cada contrato ejecutado envía a los productores el mensaje de que las aerolíneas están dispuestas y ansiosas por colaborar para escalar el mercado de SAF”.
Ellis reconoce que el sector todavía lidia con una brecha importante entre oferta y demanda, pero subraya que este año comenzaron a verse señales de un aumento global en la producción, un dato clave para planificar inversiones a largo plazo en combustibles alternativos.
Chicago-O’Hare: un primer hito para la carga aérea estadounidense
En Chicago-O’Hare, FedEx comenzó a recibir un millón de litros de SAF mezclado a un mínimo del 30%, suministrado por Air bp, la unidad de BP especializada en soluciones energéticas para aviación. La primera entrega, realizada en octubre, marcó un antes y un después: FedEx se convirtió en la primera aerolínea de carga de EE.UU. en utilizar combustible sostenible en ese aeropuerto.
O’Hare no solo es un nodo gigantesco del sistema aeronáutico estadounidense; también ofrece condiciones que facilitan la adopción de combustibles alternativos. Infraestructura existente, regulaciones estatales que acompañan y una demanda capaz de impulsar el mercado. “La infraestructura existente y las condiciones políticas habilitantes hicieron que O’Hare fuera el siguiente paso lógico”, señaló Blanks Ellis.
Miami International: un puente sostenible hacia América Latina
En Miami, FedEx inició la recepción de alrededor de 11 millones de litros de SAF al 30%, suministrado por AEG, una empresa clave en el suministro energético para la aviación global. Allí, el impacto es regional: desde este hub parten vuelos diarios hacia América Latina y el Caribe, una geografía estratégica para la operación global de FedEx.
Luiz R. Vasconcelos, presidente de FedEx para América Latina y el Caribe, lo expresó con claridad: “Nos enorgullece ver a nuestro hub de Miami liderando la adopción de combustible sostenible. Este hito demuestra que la sustentabilidad es una prioridad regional”.
El ejecutivo también destacó que la innovación sostenible de la empresa se extiende a tierra firme, con la incorporación de flotas eléctricas en México, Colombia, Chile y Brasil, consolidando una estrategia transversal que vincula eficiencia operativa, electrificación y abastecimiento de energías alternativas.
Cómo funciona el combustible sostenible y por qué su impacto depende de más que su uso
El combustible de aviación sostenible no se utiliza en estado puro. Las normativas internacionales exigen que se mezcle con combustible convencional para garantizar seguridad aeronáutica y compatibilidad técnica. Es un drop-in fuel, capaz de funcionar en motores actuales sin modificaciones ni ajustes en la infraestructura aeroportuaria.
Su ventaja ambiental radica en su ciclo de vida y no en la combustión: cuando se lo produce bajo estándares como la metodología CORSIA, puede reducir hasta un 80% de las emisiones en comparación con el Jet A tradicional. Sin embargo, esta reducción no alcanza por sí sola. La adopción masiva del SAF depende de cuatro factores decisivos: disponibilidad suficiente, costos competitivos, eficiencia operativa y renovación tecnológica.
Por eso FedEx complementa el uso de SAF con un programa integral de modernización de flota y mejoras operativas. En el año fiscal 2024, estas iniciativas evitaron el consumo de 530 millones de litros de combustible y generaron un ahorro de 400 millones de dólares. Ese mismo año, la empresa superó su meta de reducir un 30% la intensidad de emisiones de sus aeronaves respecto de 2005 y ahora apunta a un 40% para 2034.
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Un mensaje que trasciende a FedEx y alcanza al mercado energético global
La incorporación de Chicago y Miami como nuevos puntos de abastecimiento de SAF no solo fortalece la estrategia interna de FedEx. También funciona como señal para toda la cadena de valor energética: productores que necesitan certezas para aumentar su capacidad, aerolíneas que buscan estabilidad en costos y gobiernos que deben diseñar políticas que aceleren la transición sin erosionar competitividad.
Ese primer camión que cargó un blend sostenible en O’Hare tal vez pasó desapercibido para la mayoría. Pero se inscribe en un proceso mucho más amplio y profundo. La aviación del futuro no llegará de golpe: se construye con decisiones operativas que, repetidas miles de veces en cientos de aeropuertos, terminan transformando la industria.


