El campo argentino conoce bien el arte de sacarle el máximo provecho a sus suelos, pero a veces incluso los ambientes más productivos esconden márgenes de mejora impensados. Eso es lo que ocurrió en una serie de ensayos agronómicos conducidos durante las últimas dos campañas en algunos de los mejores lotes de soja del país. Allí, donde parecía que ya no había mucho más por ganar, la ciencia demostró que sí: una nutrición balanceada puede destrabar el potencial oculto de la genética más avanzada y aportar rendimientos adicionales que superan los 900 kg/ha.
Esta fue la premisa que impulsó el trabajo colaborativo entre Bunge, una de las compañías agroindustriales más influyentes a nivel mundial, y GDM, empresa líder en investigación y desarrollo de genética vegetal para cultivos extensivos. Juntas diseñaron una red de ensayos a campo que abarcó buena parte de la Región Pampeana y también algunas localidades del NOA, con el objetivo de comprobar si una fertilización estratégica podía marcar la diferencia, incluso en suelos ya considerados de alta performance.
Una hipótesis que se confirmó en el terreno
El punto de partida fue claro: si los cultivares de soja más modernos prometen un techo productivo más alto, ¿están recibiendo del suelo todo lo que necesitan para alcanzarlo? “Aun en los lotes elegidos por su alto potencial de rendimiento, encontramos respuesta a la fertilización, sobre todo cuando es una fertilización balanceada que incluye, además de fósforo, nutrientes como azufre y zinc, que tienen respuestas muy estables”, explicó Matías Saks, Coordinador Técnico de Bunge.
El diseño experimental contempló comparaciones con un testigo local —el tratamiento habitual de cada productor, que en general consiste en la aplicación de fosfato monoamónico (MAP)— frente a dos esquemas nutricionales adicionales provistos por Bunge. Uno de ellos sumaba azufre y zinc a la misma dosis de fósforo que el testigo, mientras que el segundo proponía una estrategia de reposición completa, con 30 kg/ha de fósforo, 15 kg/ha de azufre y 0,8 kg/ha de zinc, en un paquete técnico cuidadosamente balanceado.
De la nutrición balanceada a la nutrición avanzada: la nueva sinergia del suelo
Resultados contundentes para decisiones más informadas
Las conclusiones no dejaron margen para la duda. Según los registros de la campaña 2024/25, el tratamiento que combinó fósforo, azufre y zinc en forma equilibrada logró rendimientos superiores de forma consistente. No se trató de un salto puntual, sino de una mejora sostenida que permitió a los cultivares expresar su máximo potencial en condiciones reales de producción.
“Estos ensayos contribuyen a generar la información necesaria para optimizar la productividad y generar recomendaciones sobre nutrición para cada una de las regiones productivas”, sostuvo Jerónimo Constanzi, gerente de Desarrollo de Producto de GDM. A su vez, Saks resaltó un aspecto que refuerza el valor estratégico de estos estudios: “Es muy interesante ver cómo la nutrición balanceada agrega valor en soja, aun en lotes cuidados y de muy alto potencial como los seleccionados para esta red”.
La sinergia entre ambas compañías no es un hecho menor. GDM, con presencia en 15 países y un equipo de más de 4.800 colaboradores, es una referencia global en genética vegetal. Bunge, por su parte, cuenta con más de 200 años de historia, operaciones en más de 50 países y un liderazgo indiscutido en logística, procesamiento y desarrollo de soluciones agrícolas. Su alianza estratégica en este proyecto apunta no solo a generar conocimiento técnico, sino a transformar ese conocimiento en herramientas prácticas para los productores.
A más genética, más tecnología de manejo
Lejos de pensar que el buen suelo lo resuelve todo, este trabajo reafirma una idea que gana terreno entre los agrónomos más experimentados: cuanto mejor es el ambiente productivo, más valor adquieren las decisiones técnicas que acompañan a la genética. Fertilizar de forma balanceada no es solo reponer lo que el cultivo extrae, sino permitirle alcanzar umbrales de rendimiento que, sin ese soporte, quedarían fuera de su alcance.
Esta red de ensayos no solo mejora la comprensión sobre las necesidades nutricionales de los cultivares modernos, sino que abre una ventana estratégica para ajustar manejos por región, cultivar y expectativa de rinde. Porque en un contexto donde cada quintal cuenta, aprovechar hasta el último gramo de potencial puede ser la diferencia entre un buen año y un año excepcional.


