martes, enero 20, 2026
 

Contenedores con emisiones: desde el 1 de enero rige en Europa el impuesto fronterizo al carbono y marca un giro en el comercio global

El nuevo mecanismo obliga a reportar las emisiones de carbono en productos importados como acero, cemento y electricidad. Bruselas afirma que busca evitar distorsiones. China e India denuncian discriminación.

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En los muelles del puerto de Hamburgo, una grúa se prepara para descargar un cargamento de acero llegado desde Asia. El operativo logístico no se diferencia, a simple vista, del que ocurre cada día en las terminales europeas. Pero desde el 1 de enero de 2026, ese acero ya no será tratado como un bien neutro. Lleva consigo una nueva variable aduanera: su huella de carbono.

Ese día entró en vigencia el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono, más conocido como CBAM por sus siglas en inglés. Se trata de una nueva herramienta de política comercial impulsada por la Unión Europea, que impone la obligación de reportar las emisiones de dióxido de carbono asociadas a la producción de bienes importados de sectores industriales intensivos. En esta primera etapa, el sistema no exige pagos, pero sí declaraciones detalladas. A partir de 2027, esas emisiones comenzarán a tener un precio.

La Comisión Europea sostiene que la medida busca evitar lo que denomina “fuga de carbono”: la deslocalización de actividades industriales hacia países con menores exigencias ambientales, lo que —según el planteo oficial— distorsiona la competencia y traslada las emisiones fuera del bloque sin reducirlas.

El mecanismo aplica inicialmente a productos como acero, cemento, aluminio, fertilizantes, hidrógeno y electricidad. En todos los casos, el importador deberá presentar informes trimestrales con el detalle de emisiones directas e indirectas derivadas del proceso productivo. Cuando no se presenten datos específicos, se utilizarán valores de referencia por defecto, definidos por la propia Unión Europea.

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Cómo se calcula el carbono de un producto industrial

El funcionamiento del CBAM está vinculado al régimen europeo de comercio de derechos de emisión (ETS), que desde hace años establece un precio al carbono dentro del bloque. A partir de ese sistema, Bruselas desarrolló parámetros técnicos para estimar la huella de carbono de productos importados, incluso cuando esos bienes provienen de países que no cuentan con mercados de carbono comparables.

El cálculo considera dos tipos de indicadores. Por un lado, se establecen “valores por defecto” que estiman una intensidad promedio de emisiones para cada tipo de producto y país de origen. Por otro, se fijan “benchmarks” que reflejan el rendimiento de las instalaciones más eficientes dentro de la UE. En los casos donde el exportador no provea información precisa, se aplican directamente los valores por defecto.

Ese aspecto técnico ya generó cuestionamientos. A fines del año pasado, el medio Politico reportó que ejecutivos industriales expresaron preocupación por supuestas inconsistencias en esos valores, en particular para algunas rutas de exportación desde China. Según esas fuentes, ciertos productos de origen chino aparecerían como menos emisivos que sus equivalentes europeos, lo que —según advierten— podría reducir la efectividad del CBAM y generar un efecto contrario al buscado.

Un representante del sector industrial citado en ese informe señaló: “Las inconsistencias en las cifras de valores por defecto y benchmarks diluyen el incentivo para procesos de producción más limpios y permitirían que productos de alto impacto ingresen al mercado con un costo de carbono insuficiente”.

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Reacciones inmediatas: China e India expresan rechazo

La entrada en vigor del CBAM provocó una reacción inmediata de China. El Ministerio de Comercio calificó la medida como “injusta” y “discriminatoria”, y anticipó que Pekín “tomará todas las medidas necesarias” frente a lo que interpreta como una barrera comercial incompatible con las reglas internacionales. Las declaraciones fueron difundidas por Bloomberg horas después del inicio del nuevo régimen.

China es el principal exportador mundial de acero y cemento, y desde 2021 cuenta con su propio mercado nacional de carbono, que en volumen de emisiones cubiertas es el mayor del mundo. Sin embargo, su estructura regulatoria no está armonizada con la del sistema europeo, por lo que muchos de sus productos podrían quedar alcanzados por los ajustes del CBAM.

En paralelo, India también observa con preocupación el impacto potencial sobre sus exportaciones industriales. El país es el segundo mayor productor global de acero, y destina una porción significativa de su producción al mercado europeo. Según reportó Reuters, sus principales plantas siderúrgicas utilizan altos hornos alimentados con carbón, una tecnología que implica un nivel elevado de emisiones directas. Si bien el uso de hornos eléctricos de arco permitiría reducir ese impacto, analistas del sector señalan que la reconversión implicaría inversiones considerables y no podrá implementarse de forma inmediata.

“En el corto plazo, se espera que el CBAM reduzca las exportaciones indias hacia Europa”, declaró Ravi Sodah, analista de Elara Capital, citado en ese informe.

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Una herramienta en funcionamiento y bajo evaluación

El calendario oficial del CBAM prevé que durante los primeros años se recopile información técnica y se ajusten los parámetros operativos. La Comisión Europea señaló que esta fase servirá para generar capacidad administrativa y facilitar la transición de los actores involucrados. A partir de 2027, cuando comience a cobrarse el precio del carbono importado, se espera una aplicación plena del mecanismo.

Hasta entonces, el sistema funcionará como un banco de datos obligatorio. Los importadores deberán presentar declaraciones por trimestre, detallando volúmenes, procesos, fuentes de energía utilizadas y otros elementos técnicos vinculados a la huella de carbono de cada producto. La veracidad de esos informes estará sujeta a verificación.

Mientras tanto, gobiernos y organismos multilaterales siguen de cerca la evolución del esquema. Aunque algunos países aún no se han pronunciado públicamente, el caso de China e India anticipa posibles controversias en el plano comercial y diplomático.

Un documento más en la carga

En las terminales logísticas del continente, las operaciones de descarga continúan. El acero, el cemento y la electricidad siguen llegando a Europa como siempre, pero ahora acompañados de planillas técnicas, factores de emisión y fórmulas de equivalencia. El nuevo impuesto fronterizo al carbono no ha detenido el comercio, pero cambió las reglas. Y los documentos que acompañan cada carga empiezan a contar una historia distinta: la de un mercado que ya no pregunta solo qué se vende, ni a qué precio, sino también con cuántas emisiones fue hecho.

 
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