La discusión sobre semillas suele comprimirse en una palabra: rinde. Pero, según Rachel Palumbo, Global General Manager, Seeds en Nufarm, la conversación real con el productor es más amplia y, sobre todo, más exigente. El desafío ya no es únicamente contar con buena genética, sino ayudar a que esa genética se exprese en sistemas productivos concretos, con rotaciones viables, manejo adecuado, acceso a mercados y, cada vez más, capacidad para demostrar cómo se produce a través de datos, medición y certificaciones confiables.
Palumbo no habla desde una posición local ni como vocera circunstancial. En su rol lidera el negocio global de semillas de Nufarm y, por lo tanto, su mirada combina estrategia de expansión, prioridades de cultivo, adopción agronómica y tendencias que atraviesan a distintas regiones. En diálogo exclusivo con BioEconomia.info, sintetizó el sentido de ese enfoque con una frase que volvió una y otra vez bajo distintas formas: si no hay rentabilidad en el productor, el sistema no se sostiene. “Si no tenemos un productor rentable, no vamos a tener un sistema sano”, afirmó (traducción de BioEconomia.info).
Por qué Sudamérica: crecer en el hemisferio sur con un portafolio definido
La primera pregunta fue directa: por qué una empresa nacida en Australia, hace más de cien años, decide invertir en Sudamérica. Palumbo respondió con la misma claridad: en el negocio de semillas, “las mayores oportunidades” de crecimiento están hoy en el hemisferio sur.
A partir de esa definición, desarrolló el razonamiento. Recordó que Nufarm nació en Australia hace más de un siglo y que, con el tiempo, evolucionó hacia un negocio global. En semillas, explicó, la compañía mantiene allí su “hogar” y una base fuerte, construida a partir de un negocio sólido en canola y brásicas. Y desde esa plataforma —según sus palabras— en los últimos veinte años pudieron “construir un negocio global”.
Precisó que hoy Nufarm está “muy enfocada” en sus cultivos principales —canola, sorgo y girasol— y también en tecnologías emergentes como carinata, que describió como una línea que tuvieron la oportunidad de hacer avanzar en el mercado argentino. Agregó, además, que estos cultivos “juegan un rol importante en el paisaje argentino” y pueden abrir nuevas oportunidades para los productores.
El último elemento de su explicación fue la adaptación de la base genética de la compañía a la región. “Vimos que nuestro germoplasma tiene un buen fit en Sudamérica, así que pudimos apalancarnos en esa base para construir un negocio aquí”, afirmó.
En un plano más operativo, indicó que el negocio en la Argentina comenzó en 2011 y que desde entonces creció año tras año. Lo más destacable de ese recorrido, sostuvo, fue poder concentrarse en lo que importa al productor: ayudarlo a ser más productivo y eficiente, a “producir más con menos”, combinando capacidades globales de mejoramiento para desarrollar variedades adecuadas al mercado local con el trabajo sobre el eslabón comercial, es decir, los mercados donde el productor debe “establecer y vender su grano”.
Del material al resultado: “transferencia de conocimiento” para capturar el potencial
Cuando la conversación se trasladó a las brásicas —un terreno todavía desafiante para muchos sistemas productivos en Argentina— Palumbo corrió el centro del debate desde la semilla hacia el sistema. Por un lado, dijo, el rol de Nufarm es desarrollar productos adaptados a condiciones locales. Pero, al mismo tiempo, subrayó lo que considera decisivo para que el cultivo funcione: ayudar al productor a capturar el potencial genético completo. “Necesitamos ayudar a los productores a entender cómo pueden lograr el potencial genético completo de un cultivo brásica”, afirmó.
Esa ayuda, explicó, empieza por algo básico y a la vez complejo: entender el “fit” del cultivo dentro de la rotación. Qué lugar ocupa en el ciclo plurianual, qué beneficios aporta al esquema productivo y cómo se traduce, finalmente, en resultados agronómicos y económicos. Allí aparece el concepto que repitió como eje: la “transferencia de conocimiento”. En su definición, se trata de aportar la información y las herramientas necesarias para que el productor sea exitoso y, a la vez, construir liderazgo técnico sobre el aporte que las brásicas pueden ofrecer en la rotación.
En esa misma línea, Palumbo amplió la escala: sostuvo que la compañía está “construyendo” una oportunidad para brásicas no solo en Argentina, sino también en Uruguay y, además, en Brasil y Paraguay. En su planteo, el objetivo es que el cultivo aporte a la rotación y pueda consolidarse como un cultivo comercial.

Un cambio de rol: de proveedor a socio, con alianzas como “corazón” del modelo
Consultada sobre la tendencia que atraviesa a buena parte de los proveedores de tecnología agropecuaria: el pasaje de “vendedor de insumos” a “socio estratégico”, Palumbo respondió sin rodeos: “Nufarm se identifica absolutamente con esa visión”.
Pero lo más relevante fue cómo describió el alcance de esas alianzas. Para ella, el esquema no se limita a productores: incluye proveedores, canales, institutos de investigación, universidades y startups. El argumento es claro: la agricultura está evolucionando con rapidez, y abordar los desafíos del sector exige trabajo colectivo. “Vamos a tener que trabajar juntos como industria para resolver los desafíos que tenemos por delante”, sostuvo.
En ese punto introdujo un concepto que presentó como ventaja competitiva: alianzas más capacidades. Es decir, inversión en ciencia propia, pero también asociaciones que permitan avanzar más rápido o reducir riesgos en distintos eslabones de la cadena de valor. En su lectura, las organizaciones deberán colaborar de maneras nuevas para entregar más valor al productor. Y todo vuelve, otra vez, al mismo núcleo: si el productor no es rentable, el sistema no funciona.
Regulación, biotecnología y un futuro sin “bala de plata”
La entrevista también tocó un tema sensible, especialmente en mercados con marcos regulatorios heterogéneos: biotecnología y evaluación ambiental. Palumbo reconoció la complejidad, pero la definió como un espacio que combina desafío y oportunidad. Aportó además un elemento personal que refuerza su autoridad técnica en el asunto: su trayectoria previa en Monsanto y su experiencia en la introducción de cultivos GM en Australia, un proceso que —según expresó— transformó la industria.
Sin embargo, su punto principal no fue defender una única herramienta. Por el contrario, planteó que el futuro no se resolverá con una solución única. “No va a haber una bala de plata”, afirmó, y amplió el panorama hacia un paquete tecnológico más diverso: biotecnología, mejoramiento avanzado, soluciones digitales y herramientas de manejo sustentable.
En su visión, el desafío es doble: reducir impacto ambiental y mejorar resiliencia a lo largo de la cadena. Si el sector puede demostrar ese valor, sostuvo, los sistemas regulatorios tenderán a acompañar, manteniendo su papel de evaluar impactos y adecuación de tecnologías según cada mercado.
Agricultura baja en carbono: medición, datos y certificación como condición de acceso
Hacia el final, la conversación conectó explícitamente semillas, bioeconomía y descarbonización. Palumbo coincidió en que la economía global busca reducir emisiones y que, en ese marco, la agricultura enfrenta el reto de escalar sistemas “low-carbon” de forma confiable. En su interpretación, eso exige que productores y cadenas de valor evolucionen en cómo operan, y que lo hagan con herramientas que permitan avanzar sin depender de una única tecnología.
En ese punto, la ejecutiva hizo énfasis en un factor que atraviesa toda la entrevista aunque aparezca con distintos nombres: la necesidad de construir marcos operativos que funcionen en cada territorio y, al mismo tiempo, habiliten acceso a mercados emergentes. Para eso, sostuvo, es clave invertir en ciencia, herramientas digitales y alianzas que permitan mejorar técnicas de medición y analítica de datos. En su lectura, esa base es la que permite acelerar innovaciones que “desbloqueen valor” para el productor.
Cuando se le planteó que las certificaciones confiables y la medición precisa de huella se vuelven centrales, Palumbo estuvo de acuerdo de manera taxativa: “Eso es absolutamente crítico para el éxito”, dijo. Y describió el momento como una etapa particularmente dinámica, “en tiempo real”, donde usuarios finales ajustan requerimientos y las cadenas productivas buscan responder desde la oferta.
Alianzas más allá del agro: CSIRO, BP, Unilever y “un cultivo del futuro”
Para ilustrar su enfoque de alianzas, Palumbo mencionó relaciones con organizaciones científicas e industriales. Entre ellas citó a CSIRO – la Agencia Nacional de Ciencia e Investigación de Australia, y también a compañías como BP y Unilever. Sobre esta última, explicó que Nufarm anunció una asociación para trabajar en la comercialización de un “cultivo del futuro” con alta biomasa, orientado a producir aceites más sostenibles.
Lo más significativo de ese ejemplo es el tipo de innovación que pone sobre la mesa: pensar la producción de aceite no solo desde la semilla, sino desde la planta completa. En términos de cadenas de valor, esa idea abre un campo de discusión: cómo asegurar, a futuro, insumos sostenibles para industrias que hoy dependen de materias primas con crecientes exigencias ambientales.
Una síntesis de la entrevista: foco en el productor, capacidad de adaptación y mercados en construcción
En la última pregunta, Palumbo resumió por qué cree que una compañía como Nufarm puede ser estratégica: foco en el cliente, innovación apoyada en alianzas y expertise, y capacidad de adaptarse rápido. Esa fórmula, repetida a lo largo de la entrevista, revela el verdadero hilo conductor del diálogo: la semilla como punto de partida de algo mayor.
En la visión de Palumbo, crecer en Sudamérica no es solo expandir ventas; es ocupar un lugar de socio tecnológico en sistemas productivos que deben producir con eficiencia, integrar nuevas rotaciones, construir conocimiento agronómico y, progresivamente, responder a un mercado que empieza a pedir evidencia además de producción. Si ese cambio se consolida, el negocio de semillas seguirá siendo genética, pero será también —cada vez más— cadena de valor.


