En el vasto tablero energético europeo, el biometano se abre paso como una ficha clave. Sin embargo, lejos de un avance uniforme, la Unión Europea exhibe un mapa desigual, donde la velocidad de crecimiento varía tanto como sus marcos regulatorios. Lo que sí parece claro es que el verdadero motor de este auge no se encuentra en tierra firme, sino sobre el agua: la industria marítima emerge como principal compradora de este combustible renovable, empujada por nuevas exigencias de descarbonización.
Así lo anticipa la consultora internacional Argus Media, especializada en precios de energía y análisis de mercados globales, que en su más reciente visión del mercado proyecta un 2026 marcado por tensiones entre la oferta limitada y la creciente demanda de sectores como el transporte marítimo. Según el informe, el mercado del biometano en Europa se verá sacudido por la implementación dispar del RED III —la directiva de energías renovables de la Unión Europea— y por el apetito creciente de los armadores que buscan cumplir con los nuevos objetivos climáticos.
A partir de enero de 2025, el reglamento FuelEU Maritime obliga a los armadores a reducir las emisiones de sus flotas en un 2 % anual durante 2025 y 2026. Esta regulación, en apariencia modesta, ha sido suficiente para revolucionar el mercado de certificados de origen de gas renovable (RGGOs), que certifican el uso de combustibles no fósiles. El sistema permite comercializar el “sobrecumplimiento” en esquemas de agrupación (pooling), una fórmula que se ha mostrado especialmente rentable para las operaciones de bio-LNG (gas natural licuado renovable) usado como bunker marino.
Mientras tanto, la transposición nacional del renovado RED III (Directiva de Energías Renovables) avanza a ritmos distintos en los países miembro. Esta nueva versión eleva la ambición: cada Estado puede optar por reducir gases de efecto invernadero en un 14,5 %, o alcanzar una participación de 29 % de energías renovables para 2030. A diferencia de su predecesora, RED II, que se limitaba a exigir un 14 % de participación renovable, la nueva directiva impulsa una lógica basada en resultados climáticos más que en volumen energético.
Países Bajos: pioneros con mirada marítima
El caso neerlandés ilustra cómo la política puede ser palanca para reposicionar al biometano. Con la transposición ya ejecutada, el país orientó su esquema de incentivos hacia la reducción de GEI, estableciendo un nuevo sistema de tickets ERE (Emissions Reduction Equivalents). Este cambio ha elevado el atractivo del biometano con baja o incluso negativa intensidad de carbono, desplazando a biocombustibles más baratos pero menos eficientes climáticamente.
Además, el gobierno de Países Bajos trabaja en una nueva obligación de mezcla de gas verde, aunque su implementación antes de 2027 parece poco probable. Si prospera la aprobación del sistema de mass-balancing —una metodología para rastrear y verificar biometano dentro de redes de gas natural convencional—, la liquidez del mercado local podría fortalecerse aún más. No obstante, una reciente respuesta del gobierno indica que esta opción, por ahora, seguirá en suspenso.
Por el momento, la mayoría del suministro de biometano previsto para 2026 en Países Bajos y Dinamarca ya fue vendido al sector marítimo, reflejando el peso de esta demanda emergente.
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Alemania y Francia: entre ajustes y cautelas
Alemania, por su parte, eliminará en 2026 la doble contabilización de biocombustibles a partir de residuos dentro de su cuota de reducción de GEI (THG). Sin embargo, el biometano sigue siendo la ruta más económica para cumplir con los mandatos de descarbonización, especialmente ante el aumento previsto en los objetivos. Gran parte del biometano alemán proviene del Reino Unido o Dinamarca, aunque este último podría encarecerse debido a la presión marítima.
Francia se prepara para lanzar en enero su propio sistema de certificados de producción de biogás (CPB), lo que debería incentivar la demanda interna. Sin embargo, la transposición del RED III fue pospuesta hasta 2027. Mientras tanto, el país mantendrá por un año más su sistema de tickets TIRUERT, basado en contenido energético, lo que limitará la adopción en el transporte. Aún no está claro si los nuevos tickets IRICC podrán generarse a partir de biometano en 2027, aunque se confirmó que a partir de 2028 comenzará a regir una obligación de 3 % de gas renovable en el transporte, con aumentos progresivos.
Las exportaciones francesas también enfrentan restricciones: el biometano subsidiado no puede ser licuado para uso externo, y las transferencias transfronterizas solo pueden realizarse mediante “cancelaciones ex-domain” de certificados RGGOs, un mecanismo arriesgado porque no garantiza la transferencia efectiva de propiedad.
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Reino Unido: entre la incertidumbre y la dependencia europea
Fuera ya del entramado comunitario, el Reino Unido se encuentra en una posición incierta. Su acceso al mercado europeo depende de su incorporación a la base de datos unificada para biocombustibles gaseosos (UDB), que debería estar operativa hacia fines del verano de 2026. La falta de claridad sobre el tratamiento a terceros países podría poner en jaque sus exportaciones, especialmente considerando que más de la mitad de los certificados RGGOs británicos se destinaron a Alemania, Noruega y Suiza en los primeros tres trimestres de 2025.
Londres evalúa reemplazar su actual sistema de tickets RTFC, basado en volumen, por un mecanismo orientado a la reducción de GEI, aunque cualquier reforma entraría en vigencia recién en 2027.
Un futuro con curvas y anclas
El panorama europeo del biometano muestra un campo fértil pero fragmentado. Las señales regulatorias son claras: los sistemas basados en mitigación de emisiones favorecen al biometano sobre otros biocombustibles. Sin embargo, los retrasos en implementación, la falta de acceso a bases de datos comunes, y la escasez de marcos normativos coherentes en varios países, podrían frenar el potencial de crecimiento a corto plazo.
Desde Argus Media advierten que, aunque países como Países Bajos, Alemania o Dinamarca seguirán marcando el ritmo en la formación de precios, otros Estados miembro corren el riesgo de quedarse atrás si no avanzan en registros de certificados, acceso a hubs de exportación y reformas de subsidios que faciliten la competitividad del biometano.
Mientras tanto, los puertos se llenan de contratos: la industria marítima no espera. Países como España buscan consolidarse como hub de bio-LNG, y el sector naviero se posiciona como un actor cada vez más decisivo en la transición energética renovable.


