La pequeña localidad Cortina d’Ampezzo, en lo alto de Los Alpes Dolomitas, se estremece bajo un cielo gélido. A más de mil doscientos metros de altura y -10° C, el silencio blanco de la nieve recién caída es interrumpido por el rugido sordo de una máquina quitanieves. Pero no es cualquier motor el que retumba entre los valles alpinos: se mueve gracias a un biocombustible diseñado para sobrevivir al invierno extremo. A su paso, deja una estela invisible pero histórica. Porque esta vez, en los Juegos Olímpicos de Invierno, hasta el frío será energizado de forma distinta.
Los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno Milano Cortina 2026 no solo prometen ser un espectáculo deportivo. También serán el laboratorio viviente de una transición energética en tiempo real. Con Eni como socio Premium del evento, Italia convertirá esta cita global en una plataforma inédita para demostrar que los biocombustibles no son el futuro: son el presente, incluso en condiciones extremas.
La transición energética, en modo olímpico
En un mundo cada vez más consciente de su huella ambiental, la sostenibilidad ya no es un detalle decorativo de los grandes eventos. Es una exigencia. Y en este contexto, Eni —la multinacional energética controlada por el gobierno italiano — decidió ir más allá del patrocinio: transformó los Juegos en una vitrina activa de su estrategia de descarbonización.
El objetivo es contundente: alcanzar la neutralidad de carbono para 2050. Para lograrlo, Eni viene invirtiendo desde hace décadas en tecnologías limpias. Ahora, ese conocimiento se materializa en Milano Cortina 2026 a través de Enilive, su unidad de movilidad sostenible. Más del 90% de los combustibles utilizados durante los Juegos provendrán de materias primas renovables, principalmente residuos.
El cambio climático representa un problema para los Juegos Olímpicos de invierno
HVOlution: el diésel que nace del descarte
Desde las biorrefinerías de Eni en Venecia y Gela, donde antiguamente se procesaban hidrocarburos convencionales, hoy se produce uno de los grandes protagonistas de esta revolución: el HVOlution. Se trata de un biocombustible diésel de tipo HVO (Hydrotreated Vegetable Oil), elaborado íntegramente a partir de aceites de cocina usados, grasas animales y desechos de la industria alimentaria. Lo más llamativo es que no contiene mezcla con fósiles: es 100% renovable y compatible con cualquier motor diésel homologado.
Para enfrentar las exigencias de la montaña, Enilive desarrolló una variante “ártico” del HVOlution, capaz de funcionar sin problemas hasta los -28°C. Este combustible alimentará los buses que trasladarán atletas, federaciones y espectadores; los vehículos técnicos de la Fondazione Milano Cortina 2026; las máquinas quitanieves; y más de 250 generadores eléctricos distribuidos por todas las sedes.
Hasta la última chispa: la antorcha también es bio
Pero no solo los motores se adaptan. También la llama simbólica del olimpismo se enciende con una nueva energía. Por primera vez en la historia de los Juegos, las antorchas fueron diseñadas con criterios estrictos de circularidad y alimentadas por bio-LPG, un gas licuado de petróleo renovable también derivado de residuos. Este combustible se produce en la planta de Gela y da vida al quemador central del artefacto, asegurando una combustión limpia y estable durante todo el recorrido.
La estructura de la antorcha —desarrollada por Eni y Versalis, su subsidiaria química, junto con el estudio Carlo Ratti Associati y el grupo Cavagna— incorpora una aleación reciclada de aluminio y latón, y un mango con material XL EXTRALIGHT®, fabricado a partir de bio-nafta. Su diseño minimalista y su funcionalidad recargable (puede ser reutilizada hasta diez veces) le valieron la certificación ReMade® Class A, un sello que reconoce el uso predominante de materiales reciclados.
Un viaje por el mapa de la bioeconomía italiana
La travesía del fuego olímpico también se convirtió en un mapa simbólico del desarrollo industrial renovable de Italia. Desde el encendido inicial en Olimpia, Grecia, hasta su llegada al estadio San Siro de Milán el 6 de febrero de 2026, la antorcha recorrerá más de 60 localidades, muchas de ellas directamente vinculadas a las operaciones de Eni.
Entre las paradas destacadas se incluyen las biorrefinerías de Gela y Venecia, la planta de bioetanol avanzado de Crescentino, y los sitios industriales de Versalis en Brindisi, Ravenna y Ascoli Piceno. Cada etapa contará con celebraciones comunitarias y actividades organizadas por Eni bajo el lema “Contra todos los límites, juntos crecemos”, reafirmando la conexión entre transición energética, industria y sociedad.
Sostenibilidad en acción, no en discurso
En conjunto, esta apuesta tecnológica permitirá reducir entre un 70% y un 80% las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas al uso de combustibles durante los Juegos. Este cálculo tiene en cuenta todo el ciclo de vida, desde la recolección de residuos hasta la combustión final.
No se trata solo de un esfuerzo logístico o de imagen. Es una intervención concreta en un evento de alto impacto, que marca un antes y un después en la organización de megaeventos deportivos. La sostenibilidad deja de ser una palabra repetida para convertirse en una práctica operativa, visible, medible.
El legado que arde sin contaminar
Milano Cortina 2026 será recordada por muchas cosas: hazañas deportivas, paisajes imponentes, historias humanas. Pero también por haber encendido una llama distinta. Una que no solo simboliza el espíritu olímpico, sino también la urgencia ambiental. Porque cuando el fuego que guía al mundo se alimenta de residuos, algo profundo está cambiando. Y esa transformación ya no es una promesa: es un camino encendido.


