Cuando un país sin recursos naturales apuesta su futuro a la inteligencia humana, cada inversión en ciencia es una declaración de principios. Singapur, esa pequeña pero vibrante ciudad-estado en el corazón del sudeste asiático, acaba de elevar esa apuesta al siguiente nivel. Con una inversión sin precedentes de 37.000 millones de dólares, el gobierno acaba de presentar su plan RIE 2030, que en los próximos cinco años buscará convertir a la bioeconomía en el eje de una nueva estrategia de crecimiento económico, sostenible y resiliente.
La decisión no es improvisada. Singapur ha construido su reputación como hub tecnológico y financiero sobre una base sólida de planeamiento estratégico y visión a largo plazo. Pero el nuevo anuncio —que implica un aumento del 32% respecto al presupuesto actual del plan RIE2025— marca un giro aún más ambicioso: transformar la ciencia en motor directo de bienestar, soluciones concretas y liderazgo global en sectores emergentes. Entre ellos, la bioeconomía ocupa un lugar central.
Ciencia para sostener el crecimiento en la era posindustrial
Fue el propio Ministro Senior, Lee Hsien Loong, quien explicó el trasfondo del nuevo programa. En sus palabras, “la investigación y la innovación son críticas para una economía madura como la nuestra. Impulsarán el crecimiento y nos ayudarán a enfrentar desafíos urgentes como la sostenibilidad y la salud”. Lejos de tratarse de una inversión simbólica, los fondos representan cerca del 1% del PBI de Singapur, una proporción que lo coloca a la par de otras economías avanzadas pequeñas pero intensivas en conocimiento, como Finlandia o Suiza.
La apuesta se articula a través de dos programas de alto nivel: RIE Grand Challenges y RIE Flagships. Ambos buscarán alinear el sistema científico con objetivos estratégicos nacionales, promoviendo soluciones transformadoras que no solo respondan a problemas concretos, sino que generen valor económico tangible.
Semiconductores y bioeconomía: los motores del primer proyecto emblemático
El primer proyecto bandera no deja lugar a dudas sobre las prioridades: se enfocará en dos áreas que, a primera vista, podrían parecer desconectadas, pero que en realidad forman un tándem potente para el futuro: semiconductores y bioeconomía. La iniciativa apunta a consolidar a Singapur como un nodo clave en la investigación y desarrollo de bioinnovaciones, incluyendo productos sostenibles y materias primas alternativas, al tiempo que refuerza su rol en la cadena global de semiconductores.
Los aspectos técnicos son clave para entender el alcance. Se fortalecerán capacidades en packaging avanzado, integración heterogénea y fotónica, tecnologías esenciales para diseñar nuevos materiales, dispositivos y plataformas de procesamiento tanto para biotecnología como para inteligencia artificial. La integración heterogénea, por ejemplo, permite combinar distintos tipos de chips en un mismo sistema, abriendo la puerta a soluciones más eficientes para modelado molecular, simulaciones biológicas o sensores biointeligentes.
En paralelo, la bioeconomía representa un campo de oportunidades aún más vasto. Con proyecciones que estiman un mercado de un billón de dólares hacia 2030, la convergencia entre biología sintética, IA y procesos industriales promete revolucionar sectores enteros, desde la producción de alimentos hasta la energía limpia. Solo la inteligencia artificial aplicada a estas áreas podría agregar 300.000 millones de dólares en ingresos adicionales, según estimaciones internacionales.
De la ciencia a la solución: una visión transversal del desarrollo
A diferencia de modelos donde la investigación queda encerrada en laboratorios académicos, la visión de Singapur es abiertamente translacional. La mayoría del presupuesto estará destinado a investigación orientada a misiones, con fuerte foco en salud, manufactura avanzada, soluciones urbanas y economía digital. Se promoverán colaboraciones interinstitucionales, plataformas tecnológicas compartidas y una cultura de innovación alineada con desafíos reales del país.
Este enfoque se alinea con las tendencias más avanzadas de planificación científica: priorizar resultados tangibles, medir impacto económico y social, y construir ecosistemas en lugar de proyectos aislados. En este sentido, la bioeconomía funciona como catalizador perfecto: permite articular ciencia básica, industria, políticas públicas y transición ecológica en un mismo eje.
Fabricar como la naturaleza: la bioeconomía entra en el mundo biónico
Un modelo replicable para economías del conocimiento
Más allá de sus fronteras, la movida de Singapur genera atención global. En un mundo que busca salidas a la crisis climática, reconfigura cadenas de valor y enfrenta transformaciones tecnológicas aceleradas, este tipo de apuestas estratégicas ofrecen un modelo replicable. La clave está en la visión: no se trata solo de invertir más, sino de hacerlo con dirección clara, prioridades consensuadas y una estructura institucional capaz de traducir descubrimientos en soluciones.
Con su nuevo plan RIE 2030, Singapur no solo consolida su liderazgo como centro de ciencia e innovación. También lanza una señal potente a escala global: el futuro será de quienes logren integrar conocimiento, sostenibilidad y estrategia. Y en ese mapa, la bioeconomía no es una moda pasajera, sino la ruta más prometedora hacia un desarrollo verdaderamente inteligente.


