En un lote que hasta hace pocos años quedaba en barbecho químico después de la soja o el maíz, hoy se ve una cobertura verde uniforme, de ciclo corto y flores pequeñas. Donde antes había aplicaciones y espera, ahora hay raíces activas, captación de nutrientes y una cosecha adicional en invierno.
Ese cambio concreto en la secuencia productiva es el que Chacraservicios llevará a Expoagro. La compañía, un joint venture entre Bunge y Chevron, estará presente en el stand de Bunge los días 10, 11 y 12 de marzo para presentar los resultados de la campaña 2025 y detallar cómo evoluciona la Camelina como alternativa real al barbecho tradicional.
De cobertura invernal a cultivo con destino industrial
La Camelina empezó a difundirse como cultivo de cobertura entre campañas de verano. Su función inicial era clara: proteger el suelo, competir con malezas y mejorar la estructura física durante el invierno.
Con el ajuste de manejo y la mejora genética, ese esquema fue sumando una variable económica. Con ciclos de 120 a 150 días y un requerimiento hídrico cercano a los 250 milímetros, el cultivo puede implantarse en lotes que antes quedaban sin actividad productiva. Su tolerancia a heladas, plagas y enfermedades reduce el riesgo agronómico, mientras que su marcada alelopatía contribuye a limitar el desarrollo de malezas.
La baja dehiscencia, un punto crítico en cultivos de grano fino, mejora la estabilidad a cosecha y facilita su incorporación en planteos comerciales. En la práctica, esto permite intensificar rotaciones sin extender la frontera agrícola ni sumar una presión significativa sobre el uso de agua.
Bio-Soberanía: Putin declara la bioeconomía como nuevo eje estratégico de Rusia
Resultados y manejo en la campaña 2025
En Expoagro, la empresa compartirá los resultados de la campaña 2025 y el comportamiento del cultivo en distintos ambientes productivos. Martín Beaudeant, Gerente de Producción de Chacraservicios, explicó que el foco estuvo puesto en investigación, desarrollo y mejora genética para adaptar materiales y prácticas de manejo a las condiciones locales.
Esa inversión se traduce en mayor estabilidad de rendimiento y en calidad de grano apta para su procesamiento industrial. Para el productor, el dato relevante es que el cultivo deja de ser solo una cobertura y pasa a integrar el flujo económico del establecimiento, ocupando una ventana que antes representaba un costo de mantenimiento.
Del lote al SAF
El destino del aceite de Camelina es uno de los factores que explican su expansión. Con certificación de baja huella de carbono, se utiliza como materia prima para la producción de combustibles sustentables para aviación, conocidos como SAF.
En términos productivos, esto implica que el cultivo no se limita al beneficio agronómico en el lote. La biomasa generada en invierno se integra a una cadena industrial que exige trazabilidad y métricas de carbono verificables. La relación entre agricultura y energía se vuelve directa: la rotación agrícola incide en la intensidad de emisiones del combustible final.
En ese cruce entre manejo agronómico, certificación ambiental y destino energético es donde la Camelina encuentra su lugar dentro de la bioeconomía entendida como una forma de organizar la producción a partir de procesos biológicos y conocimiento científico aplicado.
Lo que se verá en la muestra
En el stand de Bunge en Expoagro, Chacraservicios mostrará datos de la campaña 2025, esquemas de manejo y detalles del modelo de negocio asociado al cultivo. La convocatoria está dirigida a productores y asesores que evalúan intensificar rotaciones sin aumentar superficie ni asumir riesgos agronómicos elevados.
Más que una promesa, la Camelina llega a la muestra con resultados de campaña y un destino industrial definido. El próximo paso es su consolidación en más ambientes productivos y su integración estable en los planteos agrícolas que buscan reducir barbechos, mejorar suelos y generar un ingreso adicional en invierno con trazabilidad y baja huella de carbono.


