Durante milenios, la humanidad usó la fermentación para transformar cereales en pan, cebada en cerveza y leche en queso. Los microorganismos hacían, en silencio, un trabajo que ninguna otra tecnología podía igualar: convertir materias primas simples en alimentos más ricos, más duraderos y más nutritivos. Hoy, esa misma lógica ancestral está dando origen a una industria completamente nueva. En lugar de fermentar azúcares para producir alcohol, un puñado de empresas fermenta hongos para producir proteína. Y una de ellas acaba de dar el paso que el sector esperaba hace años.
La neerlandesa The Protein Brewery —una startup de tecnología alimentaria cuyo nombre, “la cervecería de proteínas”, resume su apuesta: aplicar la fermentación de precisión al desafío de alimentar al mundo— consiguió un doble triunfo que la catapulta de la etapa experimental a la comercial. Por un lado, cerró una extensión de su Serie B por 18 millones de euros, que eleva su financiación total a más de 70 millones de euros. Por el otro —y más determinante— la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión Europea encargado, entre otras funciones, de autorizar la comercialización de nuevos alimentos en el bloque, aprobó la venta de su ingrediente estrella, Fermotein®, en todo el mercado europeo.
Fermotein® es el primer ingrediente de base fúngica aprobado bajo el actual Reglamento de Nuevos Alimentos (Novel Food) de la Unión Europea. Es decir, no se trata solo de un producto más que llega a las góndolas, sino del que abre —y en buena medida define— toda una categoría regulatoria.
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Qué es Fermotein y cómo se produce una proteína a partir de hongos
Fermotein® es un ingrediente obtenido mediante fermentación de biomasa fúngica, una técnica en la que un hongo se cultiva en grandes tanques —los biorreactores— alimentado con azúcares y nutrientes. En cuestión de horas, el microorganismo se multiplica y genera una masa rica en proteína conocida como micelio, la red de filamentos que constituye el “cuerpo” vegetativo de los hongos. A diferencia de la agricultura tradicional, que necesita meses, grandes extensiones de tierra y climas favorables, este proceso ocurre en días y en un espacio reducido.
El resultado es un ingrediente versátil, de sabor neutro y libre de alérgenos, pensado para integrarse sin fricciones en productos alimenticios de todo tipo. Su perfil nutricional explica buena parte del entusiasmo: está compuesto por un 50% de proteína de alta calidad que contiene todos los aminoácidos esenciales, y entre un 30% y un 35% de fibra prebiótica, la que alimenta a las bacterias beneficiosas del intestino. A eso se suman micronutrientes y bioactivos fúngicos como la espermidina y la ergotioneína, dos compuestos que la investigación asocia con los mecanismos celulares de mantenimiento y longevidad.
Su gran ventaja funcional es, paradójicamente, lo que está ausente: al carecer de sabor, olor o color marcados, los fabricantes pueden incorporarlo a recetas existentes sin necesidad de aditivos enmascarantes. Esto le abre un abanico amplio de aplicaciones —desde batidos nutricionales listos para beber y barras funcionales hasta alternativas lácteas y productos de panadería como muffins y panqueques—, manteniendo la textura del producto final. Esa combinación de valor nutricional, sabor limpio y flexibilidad industrial es lo que lo vuelve atractivo para las marcas que buscan mejorar el perfil de sus alimentos sin rediseñarlos por completo.
Seis años para conseguir el visto bueno europeo
La aprobación fue el desenlace de un recorrido de seis años por el laberinto regulatorio europeo, marcado por una aplicación particularmente restrictiva del controvertido principio de precaución, el mismo que durante décadas mantuvo a la biotecnología al margen. The Protein Brewery presentó su expediente inicial en mayo de 2020. Cinco años y medio después, en diciembre de 2025, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) —el organismo científico independiente que evalúa los riesgos asociados a la cadena alimentaria en la UE— emitió una opinión favorable que validaba la seguridad del ingrediente. A ese dictamen le siguió el voto positivo del Comité Permanente —la instancia donde los Estados miembros deciden en conjunto— en mayo de 2026, y finalmente la autorización oficial en junio de 2026.
La autorización le otorga derechos exclusivos sobre sus datos de seguridad durante cinco años. En la práctica, esto significa que cualquier competidor que quiera vender un ingrediente similar deberá compilar desde cero su propio y costoso paquete de evidencia científica, mientras The Protein Brewery ya puede comercializar libremente. Esa ventaja de tiempo le permite aspirar a algo más ambicioso que vender un producto: establecer a Fermotein® como referencia de la categoría de proteínas fúngicas en Europa.
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Escalar la producción y salir al mundo
Con la barrera regulatoria superada, la compañía apura el paso hacia la producción a escala. El foco inmediato está en ampliar la capacidad de su planta en Breda, Países Bajos. Los números que maneja son elocuentes: la empresa proyecta producir 600 toneladas de Fermotein® en 2027 y escalar a más de 2.000 toneladas hacia 2029.
Para colocar ese volumen creciente, ya cerró compromisos con clientes en Europa, Estados Unidos y Singapur. Pero su ambición es global: en paralelo, avanza con solicitudes regulatorias en otros mercados de peso, como el Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda e India. La compañía espera obtener su primera autorización británica antes de que termine 2026.
Por qué esto importa más allá del plato
El ascenso de las proteínas de micelio como Fermotein® tiene implicancias que trascienden el negocio alimentario y tocan una fibra estratégica: la autonomía alimentaria. Buena parte del planeta depende de importaciones para cubrir sus necesidades proteicas, y esa dependencia se vuelve una vulnerabilidad cada vez que el cambio climático golpea los rendimientos de los cultivos o tensa las cadenas de suministro ganaderas.
Ahí la fermentación de biomasa ofrece una respuesta concreta. Al producir proteína de alta calidad de forma local, usando cantidades mínimas de tierra y agua y con independencia de las condiciones climáticas, esta tecnología permite que una región refuerce su seguridad alimentaria puertas adentro. No se trata de reemplazar lo que el campo produce, sino de sumar una fuente adicional, resiliente y descentralizada, que aprovecha los mismos procesos biológicos que la humanidad viene domesticando desde hace milenios. La proteína que hoy se cultiva como la cerveza es, en el fondo, una vieja idea con herramientas nuevas.


