En junio del año pasado, mientras la guerra entre Israel e Irán empujaba el precio del crudo hacia arriba y encarecía cada barco de gasolina que arribaba a los puertos brasileños, el Consejo Nacional de Política Energética recurrió a una herramienta que pocos países tienen disponible. Elevó el corte obligatorio de etanol en la gasolina del 27,5 % al 30 %, y el de biodiésel en el diésel al 15 %. Un año más tarde, con Medio Oriente otra vez en tensión y el petróleo nuevamente bajo presión, Brasil volvió a girar esa misma llave: llevó el etanol al 32 %. Mientras buena parte del mundo quedaba atrapada por el precio del barril, Brasil podía recurrir a un combustible producido dentro de sus fronteras para evitar que cada sacudón del petróleo llegara con la misma fuerza al surtidor.
Esa capacidad se apoya en cinco décadas de política sostenida en torno a los biocombustibles líquidos, un marco regulatorio que se mantuvo estable a través de gobiernos de distinto signo y que año tras año dispara miles de millones de dólares en inversiones. De esa maquinaria suele contarse apenas el efecto final, el que se ve en el surtidor, y queda en penumbra todo lo que se mueve aguas arriba y aguas abajo de cada decisión. Las plantas que se amplían, las nuevas destilerías, la diversificación de materias primas y, ahora también, los laboratorios de ingeniería automotriz que eligen a Brasil como base. El nuevo proyecto de Toyota pertenece a esa trama menos visible, la de la política pública que termina convertida en inversión privada de alta complejidad tecnológica.
Del combustible del Aston Martin de Carlos III al surgimiento de una nueva industria
Una automotriz japonesa apuesta por la ingeniería brasileña
El Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social (BNDES) —el banco público de desarrollo de Brasil, principal instrumento estatal de financiamiento de largo plazo para la industria y la infraestructura— aprobó un financiamiento de R$ 123,6 millones (U$S 24 millones) para que Toyota do Brasil construya su Centro de Desarrollo de Tecnologías para Biocombustibles en Sorocaba, en el interior del estado de San Pablo.
El proyecto fue seleccionado en una convocatoria conjunta que el BNDES lanzó en 2025 junto con la Financiadora de Estudos e Projetos (FINEP) —la agencia federal brasileña que financia ciencia, tecnología e innovación—, orientada a atraer, implantar o expandir centros de investigación, desarrollo e innovación (PD&I) en el país. Los recursos provienen del programa BNDES Mais Inovação, una línea de crédito destinada a proyectos de innovación industrial.
Un centro dedicado al desarrollo, no a la producción
El nuevo centro no tendrá nada que ver con una fábrica ni con una planta de montaje, sino que será una unidad de investigación que concentrará actividades de calibración, validación, pruebas funcionales y desarrollo continuo de soluciones embarcadas, con una participación ampliada de la ingeniería brasileña.
La inversión incluye equipamiento de alta precisión, la construcción de un laboratorio y una nueva pista de pruebas destinada exclusivamente a tareas de desarrollo. Allí podrán realizarse simulaciones y análisis de eficiencia energética, emisiones y comportamiento mecánico de trenes de fuerza híbridos flex alimentados con biocombustibles.
«El proyecto asocia la introducción de tecnologías de bajo carbono en el sector automotor en Brasil al desarrollo de la cadena de proveedores locales, con la adquisición de insumos locales», señaló Aloizio Mercadante, presidente del BNDES. La instalación del centro se apoya en la experiencia que el país acumuló en biocombustibles y motores flex a lo largo de las últimas décadas, y aspira a fortalecer no solo la capacidad técnica de la empresa, sino también su cadena de proveedores y la formación de competencias especializadas en tecnologías de baja emisión.
«Este proyecto refleja la confianza de Toyota en la capacidad de la ingeniería brasileña de desarrollar soluciones complejas y contribuir a los desafíos tecnológicos de la movilidad de bajo carbono», afirmó Evandro Maggio, presidente de Toyota do Brasil. «Para Toyota, producir localmente también significa desarrollar personas, competencias y soluciones adecuadas a la realidad del país.»
Qué es un híbrido flex y por qué Brasil fue el lugar para desarrollarlo
Un automóvil híbrido flex combina un motor eléctrico alimentado por una batería con otro de combustión equipado con tecnología flex fuel, capaz de funcionar con etanol o con gasolina en cualquier proporción. A diferencia de otras configuraciones, no depende de puntos de carga ni de infraestructura nueva. Se abastece en los mismos surtidores de siempre, ya sea de gasolina con 32 % de etanol o de etanol puro, como lo hace cualquier motor flex-fuel.
La tecnología híbrida flex surgió precisamente de esa combinación entre una flota flex masiva y una oferta de etanol abundante y consolidada. Toyota lanzó el Corolla Híbrido Flex en 2019 como el primer vehículo híbrido flex del mundo, desarrollado en Brasil por equipos de ingeniería brasileños y japoneses. En otros mercados donde la automotriz comercializa híbridos, el motor de combustión utiliza únicamente gasolina. La variante flex fue un desarrollo local que luego se extendió al Corolla Cross y convirtió a Brasil en una referencia dentro de la compañía para este tipo de motorizaciones.
El centro de Sorocaba profundizará ese trabajo en el mismo entorno donde conviven el combustible, una extensa flota compatible y años de experiencia técnica, en lugar de trasladar desde el exterior soluciones concebidas para otras condiciones de mercado.
Electrificación y etanol en una misma plataforma
Para Toyota, el proyecto forma parte de su estrategia multi-pathway, basada en ofrecer distintas soluciones tecnológicas según las características de cada mercado. En Brasil, donde los biocombustibles cuentan con amplia disponibilidad y una infraestructura de distribución consolidada, la empresa combina electrificación y etanol como parte de su estrategia para reducir las emisiones del transporte.
Ese enfoque permite aprovechar una particularidad del sistema energético brasileño: una red de abastecimiento construida durante décadas para distribuir etanol y un parque automotor acostumbrado a utilizarlo.
La política de Estado que convierte reglas en inversiones
El nuevo centro de Toyota se incorpora como el eslabón más sofisticado de una cadena de inversiones que la política brasileña viene disparando desde hace años. Cada punto que sube el corte obligatorio se traduce en litros adicionales de etanol que alguien tiene que producir. El salto del E30 al E32 requiere alrededor de 1.000 millones de litros adicionales de etanol anhidro por año y permite sustituir cerca de 900 millones de litros de gasolina importada, un volumen que no aparece por generación espontánea sino que exige plantas que lo produzcan.
Los números del mercado brasileño muestran el movimiento que viene ocurriendo detrás de esa demanda. La consultora Industrial Info Resources identificó el año pasado proyectos por 56 plantas de etanol nuevas —proyectos grassroots, es decir, construidos desde cero— con inversiones por 8.860 millones de dólares. Si se suman los proyectos de ampliaciones de unidades existentes relevados por la misma consultora, representan un total de inversiones por unos 23.830 millones de dólares.
Ese crecimiento se apoya en dos patas complementarias. La industria sucroenergética, basada en la caña de azúcar, sigue siendo predominante, con más de 200 ingenios en operación. Pero el etanol de maíz gana terreno con fuerza en estados como Mato Grosso, Goiás, Mato Grosso do Sul y Paraná, aprovechando los grandes volúmenes de grano de la segunda cosecha, la safrinha, que permiten operar las plantas durante todo el año. Hay al menos 20 plantas de etanol de maíz en funcionamiento y otras 19 con planes de construcción.
Todo ese andamiaje descansa sobre RenovaBio —la política nacional de biocombustibles de Brasil— que promueve la producción sostenible a través de créditos de descarbonización, los CBIOs, que premian con un activo financiero a quien produce con menor huella de carbono. A eso se suma la ley Combustibles del Futuro, que ya prevé la posibilidad de llevar la mezcla de etanol hasta el 35 % siempre que los estudios técnicos lo respalden. Las reglas no solo son estables, sino que también cuentan con una hoja de ruta hacia adelante que le permite a cualquier inversor proyectar a diez años. Ese quizás sea el punto que explica por qué una automotriz japonesa decidió radicar ingeniería de motores en Sorocaba.


