Cuando chispa accidental cae sobre un material combustible, como podría ser un revestimiento plástico, el material comienza a calentarse. Pero entre el inicio de la combustión y la propagación del fuego ocurre una serie de reacciones químicas que normalmente pasan inadvertidas para la mayoría de las personas. Allí actúan los retardantes de llama, sustancias incorporadas a plásticos, textiles, espumas, maderas y materiales compuestos para dificultar la ignición, reducir la velocidad con la que avanzan las llamas o limitar el desarrollo del incendio. Algunos actúan inhibiendo la reacción química de la llama, otros formando barreras físicas que aíslan el material del oxígeno, otros liberando gases que diluyen los compuestos inflamables.
Su presencia puede resultar decisiva. En un edificio, un vehículo o un equipo eléctrico, ganar tiempo antes de que el fuego se propague puede facilitar una evacuación y reducir el alcance del incendio. Por eso, numerosos productos están sometidos a requisitos de comportamiento frente al fuego que establecen cuánto pueden arder, con qué velocidad se propaga la llama o cómo reaccionan cuando son sometidos a una fuente de calor. Construcción, electrónica, automotriz, muebles, revestimientos, prácticamente cualquier sector con normativas de seguridad contra incendios depende de ellos.
Durante décadas, la solución dominante fueron los retardantes halogenados, formulaciones a base de cloro, bromo o flúor que actúan con eficacia probada sobre la combustión. Pero esa eficacia tiene un costo que la regulación ambiental ya no está dispuesta a tolerar.
Los retardantes halogenados son persistentes en el medio ambiente, se bioacumulan en organismos vivos y están asociados a efectos nocivos sobre la salud humana, entre ellos disrupciones endocrinas, problemas reproductivos y daño neurológico. La Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) los incluyó en su estrategia regulatoria para retardantes de llama con vistas a restricciones ampliadas bajo el reglamento REACH, y la Unión Europea ya prohíbe su uso en carcasas y soportes de pantallas electrónicas desde 2021. En Estados Unidos, el estado de Washington también restringe su presencia en productos electrónicos y de consumo. La tendencia regulatoria es clara y la industria necesita alternativas.
BioPuff: de las totoras cultivadas en humedales a las pasarelas más exclusivas de la moda
Retardantes de llama biobasados: el fósforo como sustituto, y su propia limitación
Los compuestos de fósforo se perfilan como la alternativa más viable. Son altamente eficaces como supresores de fuego y, a diferencia de los halogenados, no presentan los mismos problemas de toxicidad y persistencia. Sin embargo, el fósforo tiene su propio talón de Aquiles. Es un recurso finito. Las estimaciones sobre el agotamiento de las reservas globales oscilan entre 50 y 300 años, lo que plantea la necesidad de encontrar fuentes renovables de este elemento para sostener una industria de retardantes de llama a largo plazo.
Esa búsqueda llevó a un equipo de investigadores de la Sociedad Fraunhofer, la mayor organización de investigación aplicada de Europa, a mirar hacia un lugar inesperado: los subproductos de la industria del almidón de maíz.
Del licor de maceración al laboratorio
El proyecto se llama ScaleAmP y reúne a dos institutos Fraunhofer: el WKI (Wilhelm-Klauditz-Institut), especializado en investigación sobre madera y materiales renovables con sede en Braunschweig, y el IAP (Institut für Angewandte Polymerforschung), dedicado a la investigación en polímeros aplicados. Su punto de partida es el licor de maceración del maíz (corn steep liquor), un líquido complejo que se genera durante el remojo inicial de los granos en el proceso de molienda húmeda para la obtención de almidón.
El licor de maceración es, en rigor, un caldo biológico. Contiene carbohidratos, proteínas, aminoácidos, ácidos orgánicos, minerales y metabolitos bacterianos. Tradicionalmente se lo concentra por evaporación y se destina a la alimentación animal o como nutriente en fermentaciones industriales. Pero entre sus componentes hay uno con un potencial hasta ahora desaprovechado: el ácido fítico.
Ácido fítico: una reserva natural de fósforo con propiedades ignífugas
El ácido fítico, también conocido como fitato, es un éster hexafosfato del inositol, una molécula que funciona como almacén de fósforo en las semillas de las plantas. Está presente en concentraciones significativas en el maíz, la soja, el salvado de trigo y el arroz. Lo que descubrieron los investigadores de Fraunhofer en trabajos preliminares, y confirmaron en el marco de ScaleAmP, es que el ácido fítico, formulado como fitato de amonio, posee un potencial notable como retardante de llama.
El mecanismo es directo. Al exponerse al calor, la molécula forma una capa aislante de carbono sobre la superficie del material, que interrumpe el suministro de oxígeno al fuego. Pero para que esa reacción ocurra con la eficacia necesaria, el ácido fítico requiere una fuente de nitrógeno que actúe en sinergia con el fósforo. El ácido fítico puro, sin ese complemento, resulta ineficaz y presenta un pH muy bajo que lo hace incompatible con la mayoría de los materiales. El desafío, entonces, fue doble: purificar el ácido fítico a partir de una mezcla tan compleja como el licor de maceración, e identificar las aminas más adecuadas para combinarlo.
Veinte aminas y un proceso de purificación a medida
El equipo del Fraunhofer IAP desarrolló un proceso de extracción basado en pasos simples de separación sólido-líquido y ajuste de pH para aislar el ácido fítico del licor de maceración, separándolo de las proteínas y los ácidos orgánicos que componen el grueso de esa mezcla. La alta solubilidad en agua del ácido fítico representaba un problema técnico que los investigadores lograron resolver sin recurrir a métodos costosos ni a solventes sofisticados.
En paralelo, Matthias Bischoff, investigador del Fraunhofer WKI, y su equipo evaluaron más de 20 aminas diferentes para determinar cuáles formaban los mejores compuestos sinérgicos con el ácido fítico. Los fitatos de amonio resultantes fueron incorporados a probetas de WPC (wood-plastic composite), un material compuesto de madera y plástico que se utiliza ampliamente en la construcción, la industria automotriz y el sector del mueble.
Resultados comparables a los productos comerciales
Para evaluar el rendimiento ignífugo de las distintas formulaciones, los investigadores aplicaron ensayos normalizados: la prueba de inflamabilidad UL 94, referencia estándar para la clasificación de materiales plásticos según su comportamiento frente al fuego, y el test de índice límite de oxígeno (LOI), que mide la concentración mínima de oxígeno necesaria para sostener la combustión de una muestra.
Los resultados son elocuentes. La mejor formulación de fitato de amonio ofreció un rendimiento ignífugo comparable al del producto comercial de referencia. En otras palabras, un retardante de llama derivado de un subproducto agroindustrial, obtenido mediante un proceso sencillo y escalable, puede competir con los productos no sostenibles que dominan el mercado.
“Los retardantes halogenados comerciales son muy eficaces, pero también son tóxicos y perjudiciales para el medio ambiente. Para proteger el clima y cumplir con los requisitos regulatorios, la industria está acelerando su transición hacia retardantes de llama sostenibles basados en fósforo”, explica Bischoff. “Nosotros apoyamos esa tendencia utilizando el ácido fítico del licor de maceración como principio activo y desarrollando un proceso rentable para producir el retardante a escala técnica.”
De un kilo a cien: los próximos pasos
Hasta ahora, la extracción de ácido fítico se realiza a escala de un kilogramo. El siguiente paso previsto es el escalado a 100 kilogramos, una etapa necesaria para validar la viabilidad del proceso en condiciones más cercanas a la producción industrial. Los investigadores también planean ampliar las fuentes de materia prima más allá del licor de maceración del maíz, explorando el arroz y el trigo como proveedores alternativos de ácido fítico, y continuar refinando el proceso de purificación.
“El potencial para el uso industrial depende de la combinación entre un suministro confiable, facilidad de procesamiento, rendimiento ignífugo y precio”, resume Bischoff. Los resultados del proyecto fueron publicados en la revista RSC Sustainability.
Retardantes biobasados: el maíz en la agenda de la seguridad industrial
La producción mundial de almidón de maíz genera millones de toneladas de licor de maceración cada año. Convertir ese residuo en un insumo de alto valor para una industria que busca activamente reemplazar compuestos tóxicos representa una aplicación concreta de la lógica de biorrefinería: aprovechar cada fracción de un cultivo, incluyendo las corrientes secundarias que hasta ahora tenían destinos de bajo valor agregado. El proyecto ScaleAmP trabaja actualmente en el escalado del proceso y en la validación de fuentes alternativas de ácido fítico para consolidar la ruta hacia una producción a escala técnica.


