América Latina adoptó el etanol como componente clave en sus gasolinas. Lo hizo a distintas velocidades y con marcos regulatorios muy dispares. Brasil mezcla más del 30% de etanol anhidro en sus naftas y sostiene una de las industrias de biocombustibles más grandes del mundo. Paraguay establece un corte del 30 %. Colombia incorpora un 10 %. Argentina, un 12 %. Incluso Guatemala, que acaba de reprogramar la fecha de implementación de su mezcla E10, avanza en esa dirección. Chile, en cambio, sigue siendo una de las pocas naciones del continente donde la gasolina llega al surtidor sin una sola gota de bioetanol.
Para elevar el octanaje de sus combustibles, el país todavía depende del MTBE (metil tert-butil éter), un aditivo de origen petroquímico que buena parte del mundo fue dejando atrás por sus riesgos para la salud, el ambiente y su costo superior al del etanol. Estados Unidos comenzó a restringirlo hace dos décadas; la Unión Europea lo reemplazó por ETBE (etil tert-butil éter, producido a partir de bioetanol); Puerto Rico lo prohibió por ley en 2012. Chile, sin embargo, mantuvo el MTBE como estándar, en parte porque carece de una industria local de etanol capaz de abastecer la demanda.
Esa inercia podría estar a punto de cambiar. Según documentos internos del Ministerio de Energía a los que accedió la agencia Reuters, el gobierno elaboró una propuesta para avanzar hacia la gasolina E10 —una mezcla de 90 % de gasolina y 10 % de bioetanol— como parte de una estrategia para diversificar el abastecimiento, reducir costos de suministro y disminuir la intensidad de carbono del parque automotor. La información fue publicada el 17 de septiembre por la periodista Kylie Madry.
Un país que importa casi todo lo que quema
Chile importó durante 2025 aproximadamente 181.000 barriles diarios de petróleo crudo, según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). La totalidad de la capacidad de refinación del país está en manos de la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP), la petrolera estatal creada en 1950, que opera tres refinerías —Aconcagua, Bío Bío y Gregorio— con una capacidad conjunta de 238.000 barriles diarios y abastece más del 80 % de la demanda interna de combustibles.
Aun así, cerca del 85 % de la gasolina que consume Chile proviene de Estados Unidos. Los precios del crudo Brent, que antes del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán rondaban los 73 dólares por barril, superaron los 105 dólares en septiembre, y la presión sobre las finanzas públicas se hizo insostenible. En ese contexto, la alternativa del etanol ganó tracción interna como herramienta para amortiguar el impacto de la volatilidad petrolera.
Ahorros estimados y una inversión acotada
Según el memorando del Ministerio de Energía citado por Reuters, la adopción de gasolina E10 podría reducir los costos de suministro de combustible del país en aproximadamente 107 millones de dólares anuales. La cifra contrasta con la inversión requerida para implementar el cambio: apenas unos 10,8 millones de dólares destinados a adaptar refinerías, terminales y sistemas de almacenamiento de ENAP.
El documento plantea una transición gradual, con la posibilidad de avanzar incluso a mezclas del 15 % (E15) hacia 2030, en línea con una hoja de ruta que el propio Ministerio de Energía publicó en mayo para diversificar las fuentes de suministro y reducir emisiones. Parte de los costos de la transición se compensaría con menores pagos asociados al impuesto al carbono vigente en Chile, que grava las emisiones de fuentes fijas y que, con un combustible de menor intensidad de carbono, generaría una carga tributaria inferior.
El reemplazo del MTBE y la compatibilidad vehicular
Hoy Chile utiliza MTBE como componente para elevar el octanaje de sus gasolinas. La incorporación del etanol permitiría reemplazar o reducir de forma gradual el uso de este aditivo, con un beneficio adicional: el etanol tiene un índice de octano de 108, superior al de la gasolina base, lo que mejora la calidad de la combustión y reduce la emisión de contaminantes locales como el monóxido de carbono.
Las mezclas E10 son compatibles con la totalidad del parque automotor convencional sin necesidad de modificaciones en los vehículos. Los fabricantes de automóviles certifican sus motores para operar con mezclas de hasta 10 % de etanol desde hace más de una década, y en mercados como Estados Unidos, Europa y gran parte de América Latina, la gasolina E10 es el estándar de referencia.
La implementación, sin embargo, requeriría establecer especificaciones técnicas, estándares de calidad y condiciones de almacenamiento y transporte, además de regular la comercialización de la nueva mezcla.
El etanol en India se pasó de largo: la capacidad ya supera ampliamente lo que necesita el E20
Una dependencia que podría cambiar de origen
El propio documento del Ministerio reconoce una limitación estructural. Chile no cuenta con una industria nacional de etanol capaz de abastecer una demanda de gran escala. Según un informe del Consejo de Granos de Estados Unidos (U.S. Grains Council) también consultado por Reuters, el gobierno ha pospuesto históricamente la adopción de mezclas con etanol en parte por la falta de superficie agrícola suficiente para sostener una producción local significativa.
El etanol que Chile importa actualmente —para usos industriales y farmacéuticos— proviene principalmente de Argentina y, en menor medida, de Bolivia. La adopción de E10 a escala nacional incrementaría esos volúmenes de importación de manera considerable, lo que plantea la pregunta de si el país no estaría sustituyendo una dependencia importadora por otra.
Esa objeción, sin embargo, tiene matices. El mercado global de etanol es diverso y competitivo: Estados Unidos, Brasil y Argentina figuran entre los mayores productores del mundo y operan con excedentes exportables. La diversificación de proveedores —frente a la concentración actual en gasolina estadounidense— reduciría la exposición de Chile a un solo origen y a las fluctuaciones de un solo commodity.


