sábado, abril 18, 2026
 

Purines, un asunto delicado

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Cadena Ser. Acaba de entrar en vigor la nueva normativa para la eliminación de los purines de las explotaciones ganaderas… y ya hay un buen lío para los agricultores.

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 Los purines, en cantidad adecuada, son un fertilizante natural (aunque en el contenido final también hay restos de medicamentos y fitosanitarios). Cuando las granjas tenían hasta 80 ó 100 madres, la producción de purines era fácilmente absorbible por los campos agrícolas de la comarca: el purín enriquecía y preparaba el suelo para la siguiente cosecha.

Las grandes explotaciones actuales – muchas sobrepasando los 1.000 animales- producen un exceso de purines con efectos ambientales perjudiciales para el agua, el aire y la tierra:

– El aire recibe amoniaco (irritante) y metano (gas invernadero). Además, durante la diseminación del purín en el campo, su exceso provoca fuertes y desagradables olores que llegan a pueblos y ciudades situados a varias decenas de kilómetros.

– La alta concentración de nitrógeno en el purín destruye los microorganismos del suelo, encargados de transformar las sustancias orgánicas en principios inorgánicos. El suelo pierde su fertilidad. Además, ensayos biológicos han demostrado que varias especies de semillas no son capaces de germinar en estos suelos demasiado nitrogenados.

– El exceso de purín es arrastrado por la lluvia hacia los acuíferos (los ríos subterráneos que dan lugar a fuentes y manantiales). El agua natural, a partir de ahí, muestra contaminación de nitrógeno y fosfato, principalmente.

La nueva normativa prohíbe extender los purines superficialmente sobre el campo y exige inyectarlos unos centímetros en la tierra. Así se evitan las emisiones gaseosas y los malos olores. Pero… ¿se eliminan los demás problemas producidos por el exceso de purines? ¿No es esta nueva práctica un simple maquillaje al problema de fondo?

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La biología y la tecnología aportan soluciones que con voluntad política pueden contribuir a eliminar el problema del manejo de purines:

– Producción de biogás: las granjas pueden mantener reactores donde el purín, al fermentar en ausencia de oxígeno, produce metano para dar calefacción a la granja. Esto ya se hace en muchas granjas de Canadá.

– Producción de biomasa: distintas especies de algas que pueden alimentarse de purines y producir tanta biomasa que puede servir de combustible en reactores que producen electricidad. .

Si la investigación biológica nos ofrece estas soluciones… ¿por qué limitarnos a esconder unos centímetros este grave problema ambiental?

 
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