Hay plantas industriales que cierran. Y hay plantas industriales que se reinventan. En el Complejo Industrial de Repsol en Puertollano, Ciudad Real, una unidad que durante años procesó materia prima de origen fósil acaba de comenzar su nueva vida: producir diésel renovable a partir de aceite de cocina usado y otros residuos de la industria agroalimentaria. No hubo demolición ni abandono. Hubo ingeniería, inversión y una decisión estratégica que convierte a esta instalación en la segunda planta de combustibles 100% renovables que Repsol opera en la península ibérica.
La novedad no es menor. Reconvertir una refinería existente —en lugar de construir una nueva desde cero— es una forma de hacer más con lo que ya existe: reutilizar infraestructura, aprovechar los servicios auxiliares instalados, integrar la nueva producción al esquema industrial previo. Es, en términos prácticos, economía circular aplicada a la industria pesada.
De residuo a combustible: cómo funciona la planta
La tecnología que hace posible esta transformación se conoce como HEFA (Hydroprocessed Esters and Fatty Acids), el proceso más extendido y maduro para producir combustibles renovables avanzados a partir de materias primas de origen biológico. En términos simples, el aceite de cocina usado —ese líquido amarronado que acumula grasa de frituras y que en muchos hogares termina por el desagüe— ingresa a la planta y es sometido a un proceso de hidrogenación catalítica. La reacción elimina el oxígeno de las moléculas grasas y reestructura sus cadenas para formar hidrocarburos lineales: químicamente similares al gasóleo convencional, pero con una huella de carbono radicalmente menor.
El resultado es un diésel renovable —también conocido como HVO, por Hydrotreated Vegetable Oil— que puede usarse directamente en cualquier motor diésel, sin modificaciones en el vehículo ni en la infraestructura de distribución. Camiones, barcos, autos: el combustible es compatible con lo que ya rueda o navega. No requiere adaptación alguna por parte del usuario final.
La capacidad de la nueva unidad es de 200.000 toneladas anuales. Sumadas a las 250.000 toneladas que ya produce la planta de Cartagena —la primera de este tipo que Repsol puso en marcha en la península—, la compañía alcanza una capacidad conjunta de 450.000 toneladas por año de combustibles renovables. Una escala que la posiciona, según la propia empresa, como el primer productor y comercializador de este tipo de productos en la región.
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Lo que evita cada litro producido
El impacto ambiental de la operación se mide a lo largo de todo el ciclo de vida del producto, desde la recolección del aceite usado hasta la quema del combustible en el motor. Bajo ese criterio —el estándar técnico habitual para comparar combustibles convencionales y renovables—, cada tonelada de diésel producida en Puertollano evita una cantidad de emisiones que, sumadas al año, equivalen a 700.000 toneladas de CO₂. El cálculo toma como referencia las emisiones que habrían generado los combustibles fósiles a los que este diésel renovable sustituye.
Parte de esa ventaja ambiental proviene de una decisión adicional que Repsol incorporó al diseño de la planta: el uso de hidrógeno renovable como insumo del proceso de hidrogenación. El hidrógeno convencional se produce a partir de gas natural, lo que implica emisiones propias. En Puertollano, ese gas natural será reemplazado por un gas de origen biológico producido a partir de residuos, lo que permite reducir la huella de carbono del diésel generado hasta en un 98% respecto del combustible mineral. Para lograr esa integración, Repsol destinó 16 millones de euros adicionales a la inversión total, que ya ascendía a 130 millones de euros.
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Una reconversión que generó trabajo local
La transformación de la unidad no fue solo tecnológica. Durante la fase de construcción y puesta en marcha, la obra movilizó más de 650.000 horas de trabajo, con la participación de unas 80 empresas auxiliares, la mayoría de ellas de la propia comarca. En los momentos de mayor actividad, la presencia diaria superó los 250 trabajadores en el predio.
Antonio Lorenzo, director del Complejo Industrial de Repsol en Puertollano, subrayó que el proyecto «evidencia la apuesta de Repsol por la industria, la generación de empleo de calidad y soluciones que contribuyan a reforzar la independencia energética de España». La planta, además, no opera como una isla dentro del complejo: sus equipos de proceso —reactores diseñados específicamente para este tipo de producción— se integraron a los servicios auxiliares e infraestructuras logísticas ya existentes, lo que hizo más eficiente tanto la instalación como la operación diaria.
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El diésel renovable ya está en la red de surtidores
La producción de Puertollano no se destina al almacenamiento ni a un mercado futuro: ya existe un canal comercial activo. Repsol comercializa su Diésel Nexa origen 100% renovable —su gasóleo de mayor gama, compatible con todos los motores diésel— en más de 1.600 estaciones de servicio de España y Portugal, y continúa ampliando esa red. El producto llega al surtidor sin necesidad de crear nuevas cadenas de distribución: utiliza la infraestructura de combustibles convencionales ya instalada.
Además de diésel, el Complejo Industrial de Puertollano produce biojet o combustible sostenible de aviación (SAF) —también a partir de residuos orgánicos—, que se distribuye a aerolíneas para contribuir a la descarbonización del transporte aéreo. El combustible sostenible de aviación es hoy uno de los vectores centrales de la reducción de emisiones en un sector que tiene pocas alternativas de descarbonización directa a corto plazo, dado que la electrificación de aeronaves comerciales sigue siendo tecnológicamente distante a escala masiva.
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Puertollano como laboratorio de transformación industrial
En los últimos cinco años, Repsol ha invertido cerca de 800 millones de euros en proyectos de transformación en el Complejo Industrial de Puertollano. Además de la planta de diésel renovable, el centro alberga otras iniciativas que apuntan a productos de alto valor añadido y baja huella ambiental.
Entre ellas, destaca la instalación de una planta única en la península ibérica para fabricar polietileno de ultra alto peso molecular (UHMWPE), un material de propiedades comparables al acero que se usa en prótesis médicas y textiles para defensa. También se producen allí materiales plásticos reciclados bajo la gama Reciclex, y poliol reciclado a partir de espumas de colchón, mediante una instalación con tecnología única en España.
El conjunto de estas iniciativas convierte a Puertollano en algo más que una refinería en transición: es un caso concreto de lo que implica transformar un centro industrial de origen fósil en un nodo de producción basado en la valorización de residuos, la química renovable y los materiales avanzados. Procesos que, en conjunto, describen con precisión lo que la economía circular propone en la práctica: que los residuos de un proceso sean la materia prima del siguiente, que nada que pueda transformarse termine descartado, y que la infraestructura existente pueda adaptarse antes de ser reemplazada.


