La agricultura global está en plena transformación y los gigantes de la industria lo saben. Corteva, uno de los líderes en insumos agrícolas, ha puesto su radar en un sector que está revolucionando el manejo de plagas: los bioinsecticidas. Su apuesta más reciente es IBI Ag, una startup israelí que ha desarrollado una innovadora tecnología basada en «nanocuerpos» capaces de eliminar insectos sin comprometer el equilibrio ambiental.
Un gigante en busca de innovación
Con la creciente resistencia de las plagas a los insecticidas químicos y la presión global por soluciones más sostenibles, la industria agroquímica está obligada a reinventarse. En este contexto, Corteva ha decidido redoblar su apuesta por la biotecnología agrícola a través de su plataforma de inversión Corteva Catalyst.
IBI Ag, que acaba de cerrar la primera fase de su ronda de inversión Serie A con USD 6,1 millones, se perfila como una pieza clave en esta estrategia. La compañía desarrolla bioinsecticidas basados en nanocuerpos —una versión ultrarreducida de los anticuerpos tradicionales— que se adhieren al sistema digestivo de los insectos y los eliminan sin afectar a otros organismos beneficiosos ni al entorno.
La revolución de los bioinsecticidas
El sector de los bioinsecticidas ha evolucionado notablemente en los últimos años gracias a avances en biotecnología, inteligencia artificial y encapsulación de activos biológicos. Sin embargo, el desafío siempre ha sido el mismo: lograr un producto efectivo, estable y accesible para los productores agrícolas.
IBI Ag parece haber dado con la fórmula ideal. Su CEO, Arnon Heyman, destaca que su tecnología es disruptiva porque sus nanocuerpos son hasta 10 veces más pequeños que los anticuerpos convencionales. Esto les permite ser altamente eficientes con una menor cantidad de ingrediente activo, lo que reduce costos y hace viable su aplicación en cultivos extensivos.
Corteva y la apuesta por el futuro
Desde Corteva, Tom Greene, líder global de Corteva Catalyst, señaló que el potencial de los bioinsecticidas de IBI Ag es considerable. «Creemos que esta tecnología es una solución inteligente para enfrentar las plagas sin generar impacto ambiental negativo», afirmó.
No es la primera vez que el gigante de los insumos agrícolas se interesa en startups de este segmento. La compañía ha identificado a los bioinsumos como una de las principales vías de innovación en la protección de cultivos y, con esta inversión, deja en claro que el futuro de la agroindustria está cada vez más ligado a soluciones biológicas.
Desafíos y expansión global
IBI Ag ya está en fase de pruebas de campo y prevé iniciar los trámites regulatorios en Estados Unidos antes de fin de año. América Latina y Europa también figuran en sus planes de expansión, sobre todo en mercados con marcos regulatorios favorables para los biológicos.
Con el respaldo de inversionistas estratégicos y el creciente interés de la agroindustria en alternativas sustentables, los bioinsecticidas podrían convertirse en el próximo gran hito de la protección de cultivos. Y Corteva, con su mirada puesta en la vanguardia, parece dispuesto a liderar esta nueva era de la agricultura.


