Mientras el mundo discute cómo reducir las emisiones de la aviación comercial, en Uruguay se empieza a diseñar una respuesta concreta. En octubre de 2024, se definieron los primeros avances técnicos para construir la que dijeron que será la primera planta integrada de combustible sostenible para aviación (SAF) en América Latina. El proyecto no está aún en etapa de construcción, pero dio un paso crucial: se confirmó su modelo tecnológico, su estructura de abastecimiento agrícola y una alianza internacional que proveerá el “corazón” del proceso de refinado.
Un modelo integrado: del campo al reactor, sin pasar por el petróleo
El enfoque de esta iniciativa busca integrar toda la cadena en un mismo proyecto: desde el cultivo de semillas oleaginosas hasta la producción de hidrógeno verde y el refinado final de SAF.
El plan contempla el uso como materia prima clave de Camelina sativa, una planta resistente y adaptable, que se integra perfectamente a los esquemas de rotación agrícola como cultivo de servicio. Esta será producida localmente y será procesada mediante un sistema de electrólisis alimentado por energía solar para generar el hidrógeno necesario en el tratamiento posterior. Así, se configura un modelo de producción bajo en carbono, con independencia de las cadenas globales de commodities alimentarios.
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Qué es el SAF y por qué importa
El Sustainable Aviation Fuel (SAF) es una alternativa renovable al queroseno tradicional utilizado en aviación. Cuando se produce a partir de fuentes biológicas y con energía limpia, puede reducir hasta un 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con los combustibles fósiles. Es, actualmente, una de las pocas opciones viables para descarbonizar vuelos de largo alcance, donde la electrificación aún no es aplicable.
Para transformar el aceite extraído de la Camelina en un combustible que pueda volar a 10.000 metros de altura, la planta uruguaya utilizará un proceso llamado HEFA (Hydrotreated Esters and Fatty Acids). Este método, validado a nivel internacional, permite convertir aceites vegetales o grasas residuales en un combustible prácticamente idéntico al queroseno aeronáutico.
El verdadero salto tecnológico viene con la adopción de BioFlux™, una plataforma desarrollada por la firma estadounidense Duke Technologies LLC y licenciada a nivel global por la suiza Sulzer Chemtech, reconocida por su experiencia en tecnologías de separación y refinación industrial. Esta tecnología será el núcleo del proceso productivo de la planta uruguaya.
Su innovación reside en un reactor de “líquido completo”, que maximiza la disolución del hidrógeno y optimiza su contacto con los catalizadores. Esto permite alcanzar rendimientos de hasta 99% en peso, eliminando recirculación de vapor y mejorando la eficiencia energética. Además, el sistema reutiliza internamente parte del producto tratado para precalentar los insumos y generar parte del hidrógeno necesario, lo que reduce significativamente los costos operativos y de instalación.
BioFlux™ combina eficiencia, modularidad y rapidez de implementación: puede instalarse en menos de dos años, y adaptarse a plantas existentes o nuevos desarrollos. Su incorporación en Uruguay marca un precedente en la región para una producción de SAF realmente sustentable y escalable.
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Quiénes están detrás del proyecto de SAF en Uruguay
El desarrollo y titularidad del proyecto en Uruguay corresponde a Avalon Energy Group LLC, una empresa estadounidense especializada en diseñar y construir parques ecoindustriales que integran agricultura, energía renovable y producción de biocombustibles. Avalon eligió Uruguay como sede para su primer modelo de biorrefinería integrada de SAF, que luego planea replicar en India, Esuatini y EE.UU.
Como socio tecnológico, Avalon firmó una alianza estratégica con Sulzer Chemtech, quien proveerá la tecnología BioFlux™ bajo licencia exclusiva de su desarrollador original, Duke Technologies LLC. Esta colaboración permitirá estandarizar el proceso técnico y acelerar su escalabilidad internacional.
Aunque tanto Avalon como Sulzer son actores poco conocidos en América Latina, su alianza posiciona a Uruguay en el mapa global del SAF como referente emergente en innovación energética con base agrícola.
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Un proyecto de interés nacional
La planta uruguaya fue declarada de alto impacto y de interés nacional por el gobierno. Con una capacidad proyectada de 100.000 toneladas anuales de SAF, representa una inversión estimada de 380 millones de dólares. Más allá del impacto ambiental, se espera que genere empleo local y fortalezca nuevas cadenas de valor rural, posicionando al país como referente en bioeconomía aérea.
“Nuestro objetivo es construir una cadena de abastecimiento sostenible que contribuya a los objetivos globales de carbono neto cero y genere crecimiento económico regional”, declaró Irshad Ahmed, presidente de Avalon.
¿Cuándo despega?
Aunque no hay fecha confirmada de inicio de obras, el anuncio de la ingeniería de proceso, la definición del feedstock agrícola y la selección tecnológica representan un paso concreto en la materialización del proyecto. Uruguay no está inaugurando aún su planta de SAF, pero ya comenzó a construir –con planos, alianzas y visión estratégica– su propio camino hacia el futuro de los cielos sostenibles.


