En California, el estiércol no es un desecho: es una fuente estratégica de energía limpia. Desde hace más de una década, los megatambos del estado lideran una transición silenciosa pero profunda, convirtiendo el excremento vacuno en biogás, refinándolo a calidad de gas natural y distribuyéndolo a través de gasoductos rurales para abastecer hogares, industrias y vehículos. Este modelo, conocido como gas natural renovable (RNG, por sus siglas en inglés), convirtió a California en pionera en integrar producción agropecuaria y descarbonización energética.
Ahora, desde ese mismo entramado rural, emerge un nuevo capítulo: un proyecto que propone transformar el biogás de los tambos directamente en hidrógeno, sin usar electricidad, y con emisiones negativas. Esta innovación promete redefinir los límites de la bioenergía y posicionar a los residuos ganaderos como insumo clave para el transporte del futuro.
Un salto tecnológico que desafía lo establecido
La producción de hidrógeno ha estado tradicionalmente dominada por dos rutas: el reformado de gas natural, que emite grandes volúmenes de dióxido de carbono, y la electrólisis, que separa el hidrógeno del agua utilizando electricidad, idealmente proveniente de fuentes renovables. Esta última forma —el llamado “hidrógeno verde”— es considerada limpia, pero implica un alto costo energético, económico y de infraestructura.
Lo que propone este nuevo proyecto californiano es una tercera vía. Utilizando una tecnología desarrollada por Utility Global, una empresa con sede en Houston especializada en soluciones para la descarbonización industrial, el sistema emplea el biogás como fuente energética para desencadenar una reacción electroquímica que libera hidrógeno del agua. A diferencia de la electrólisis, este proceso no requiere electricidad externa. Es decir, transforma un residuo rural en combustible limpio sin depender de la red eléctrica ni de parques solares o eólicos.
Los actores detrás del proyecto
La iniciativa nace de un acuerdo entre Utility Global y Maas Energy Works (MEW), una empresa familiar de California con sede en Redding, especializada en desarrollar y operar digestores anaeróbicos en tambos. MEW es considerada la compañía líder en Estados Unidos en el desarrollo de proyectos que transforman estiércol bovino en biogás para generar energía.
Utility Global, por su parte, desarrolló la tecnología patentada H2Gen®, capaz de producir hidrógeno de alta pureza sin electricidad, a partir de gases industriales o biogás. Esta tecnología, modular y escalable, está diseñada para integrarse en instalaciones existentes y permitir una producción económica y localizada de hidrógeno limpio, especialmente pensada para industrias difíciles de descarbonizar como el transporte pesado.
De la vaca al camión, sin intermediarios fósiles
El proyecto se llevará adelante en un complejo lechero de California, donde MEW construirá y operará digestores anaeróbicos para capturar el metano y dióxido de carbono liberados por el estiércol. Ese biogás será tratado y alimentará directamente al sistema H2Gen® desarrollado por Utility, que lo utilizará como fuente energética para extraer hidrógeno del agua mediante un proceso electroquímico.
El resultado será un flujo de hidrógeno comprimido listo para ser distribuido a estaciones de recarga de vehículos, especialmente camiones y colectivos que operen con celdas de combustible. Se estima que la planta podrá producir unas tres toneladas diarias de hidrógeno limpio, suficiente para abastecer una red de transporte regional de forma continua.
Además, el proceso genera un subproducto adicional: una corriente concentrada de dióxido de carbono puro, que puede ser capturada de forma más sencilla y económica que en procesos industriales convencionales. Esto mejora aún más el balance de carbono de la instalación, hasta alcanzar valores negativos: se captura más carbono del que se emite.
Por qué el hidrógeno importa (y por qué este modelo es distinto)
El hidrógeno se posiciona como una de las soluciones más prometedoras para descarbonizar sectores donde la electrificación no resulta práctica o suficiente. En el transporte pesado —camiones, autobuses, trenes o maquinaria agrícola—, su alta densidad energética y rápida velocidad de recarga ofrecen ventajas cruciales frente a las baterías.
Sin embargo, uno de los principales desafíos para su adopción ha sido su forma de producción. La mayoría del hidrógeno que se usa hoy en el mundo proviene de gas natural, con una huella de carbono elevada. Y aunque el hidrógeno verde es más limpio, aún es caro y difícil de escalar.
Este nuevo modelo californiano propone una alternativa local, descentralizada y profundamente integrada a la bioeconomía rural. Aprovecha recursos ya disponibles —estiércol, digestores, infraestructura de biogás— para generar un nuevo vector energético, sin competir con la electricidad ni depender de costosas obras.
Escalabilidad: tambos, vertederos y plantas de tratamiento
Aunque el piloto se desarrollará en un tambo, sus impulsores destacan que el modelo puede adaptarse fácilmente a otras fuentes de biogás: vertederos urbanos, plantas de tratamiento de aguas residuales o industrias agroalimentarias. En todos estos casos, existen corrientes de metano que hoy se desaprovechan o se queman, y que podrían convertirse en hidrógeno limpio in situ.
Al tratarse de una tecnología modular, H2Gen® permite construir pequeñas unidades de producción distribuidas, cerca de los puntos de consumo, evitando los elevados costos logísticos asociados al transporte de hidrógeno comprimido.
Actualmente, el proyecto se encuentra en fase de diseño e ingeniería de detalle, con una decisión final de inversión prevista para 2026. No obstante, ya se aseguraron acuerdos preliminares de venta para el hidrógeno que se produzca, lo que refuerza su viabilidad económica.
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De residuo a solución climática
Este proyecto encarna de manera ejemplar el espíritu de la bioeconomía: transformar un problema ambiental —el manejo de estiércol y las emisiones de metano— en una solución energética limpia, rentable y adaptable. Va más allá del reciclaje: propone un nuevo paradigma en la forma de producir y consumir energía en las zonas rurales.
Si logra escalar, podría convertir a los tambos no solo en proveedores de leche, sino también en centrales energéticas locales capaces de abastecer al transporte del futuro. En un contexto global que exige soluciones urgentes y pragmáticas para el cambio climático, California vuelve a demostrar que las respuestas más innovadoras pueden nacer, literalmente, del suelo.


