El mar argentino ocupa una superficie mayor que el territorio continental del país, aloja una biodiversidad singular en el Atlántico Sur y concentra recursos biológicos que, en otras regiones del mundo, ya son la base de nuevas industrias, empleo calificado e innovación tecnológica. Sin embargo, en la Argentina el océano sigue siendo pensado más como límite geopolítico o espacio extractivo que como plataforma de desarrollo. En ese contexto, el seminario sobre ciencias del mar organizado recientemente por la Cancillería argentina y el CONICET no fue un hecho aislado ni meramente académico, sino una señal de que el mar empieza a ser abordado desde una mirada más estratégica.
El encuentro, realizado en el Palacio San Martín, tuvo un objetivo concreto: acercar a la comunidad científica dedicada a las ciencias del mar y la oceanografía los lineamientos de la política exterior argentina en materia oceánica y marítima, y presentar proyectos estratégicos recientes y en curso impulsados por investigadores del CONICET. La iniciativa reunió a funcionarios de áreas clave del Estado y a científicos que trabajan directamente sobre el océano, en un espacio donde se cruzaron diplomacia, conocimiento y planificación.
Gobernanza oceánica y reglas globales para pensar el mar
Una parte central del seminario estuvo dedicada a los marcos normativos y políticos internacionales que ordenan la investigación y el uso del mar. Allí aparecieron actores fundamentales para la proyección marítima argentina, como la Comisión Nacional del Límite Exterior de la Plataforma Continental, las áreas de la Cancillería vinculadas a Malvinas, al Atlántico Sur y a la política exterior antártica, la Consejería Legal Internacional y el Servicio de Hidrografía Naval, un organismo histórico en la producción de información estratégica sobre el océano.
El eje fue claro: investigar, cooperar y gestionar el mar no ocurre en el vacío. Está condicionado por tratados, acuerdos multilaterales y organismos internacionales como la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, la Organización Marítima Internacional, la FAO y la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO. Para un país con una extensa plataforma continental y una presencia relevante en el Atlántico Sur, comprender y participar activamente de esas reglas es un prerrequisito para cualquier estrategia de largo plazo.
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Proyectos científicos que muestran capacidades concretas
El segundo bloque del seminario puso el foco en la ciencia en acción. La Comisión de Ciencias del Mar del CONICET presentó sus líneas de trabajo y su rol articulador dentro del organismo, mostrando cómo se organizan las prioridades de investigación marina a nivel nacional. En ese marco, se compartieron experiencias de cooperación científica internacional que dan cuenta de capacidades reales y no solo de potencial teórico.
Uno de los ejemplos fue la segunda campaña binacional en el canal Beagle realizada a bordo del velero oceanográfico Dr. Bernardo Houssay, una iniciativa que combina investigación de campo, logística científica y cooperación con otros países. También se abordó la participación argentina en la All Atlantic Research and Innovation Alliance, una alianza internacional que busca coordinar investigación e innovación en el Atlántico y que inserta al país en redes científicas y tecnológicas de escala global.
A esto se sumaron proyectos con fuerte contenido ambiental y ecosistémico, como el estudio de los “Oasis Subacuáticos del Cañón de Mar del Plata”, enfocado en ambientes marinos singulares y biodiversidad profunda, y el programa CliMets, orientado a analizar los impactos globales de las filtraciones de metano, un tema que conecta océano, clima y conocimiento estratégico en un mundo cada vez más atravesado por regulaciones ambientales y exigencias de trazabilidad científica.
En el caso del Cañón de Mar del Plata, se trata de uno de los ambientes más singulares del Mar Argentino, donde la topografía submarina genera condiciones ecológicas excepcionales y concentra altos niveles de biodiversidad en aguas profundas. Estos cañones funcionan como verdaderos oasis en el fondo del océano, con comunidades biológicas adaptadas a condiciones extremas de presión, temperatura y disponibilidad de nutrientes, muchas de las cuales todavía están siendo estudiadas en profundidad.
La relevancia de estas investigaciones no se limita al plano ambiental o académico. En otros países, el estudio sistemático de la biodiversidad marina profunda es la base de procesos de bioprospección marina, es decir, la búsqueda, identificación y estudio de organismos, genes y compuestos bioactivos con potencial de uso tecnológico e industrial. Este tipo de abordajes alimenta desarrollos en biotecnología marina, aplicaciones farmacéuticas, biomateriales y nuevas industrias de alto valor agregado, siempre bajo marcos regulatorios que ordenan el acceso a los recursos genéticos y la distribución de beneficios. Conocer, mapear y entender estos ecosistemas es un paso indispensable tanto para su conservación como para pensar, a futuro, estrategias de aprovechamiento sostenible que puedan integrarse a una bioeconomía azul basada en el conocimiento.
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Ciencia del mar hoy, bioeconomía azul mañana
El seminario no habló explícitamente de bioeconomía azul. Sin embargo, los temas abordados permiten entender por qué el concepto resulta pertinente para pensar el futuro del mar argentino. A nivel internacional, la bioeconomía azul integra ciencia marina, gobernanza, innovación y uso sostenible de los recursos biológicos del océano para generar desarrollo económico, nuevas industrias y empleo, sin comprometer los ecosistemas.
Lo que quedó claro en el encuentro es que Argentina ya cuenta con varios de los pilares necesarios para avanzar en esa dirección: conocimiento científico, proyectos de investigación activos, inserción en redes internacionales y un Estado que empieza a articular ciencia y política exterior en torno al mar. Lo que todavía falta es dar el salto conceptual y productivo, es decir, transformar ese entramado de ciencia y gobernanza en una estrategia explícita de desarrollo basada en los recursos biológicos marinos.
Un disparador necesario en una agenda pendiente
Leído en perspectiva, el seminario entre la Cancillería y el CONICET funciona como un disparador oportuno. No porque cierre el debate sobre el mar argentino, sino porque lo abre desde un lugar distinto. Pone en evidencia que el océano puede y debe ser pensado más allá de la extracción primaria, como un espacio donde el conocimiento científico puede convertirse en valor económico, innovación y empleo.
El mar argentino ya tiene ciencia, ya tiene diplomacia y ya tiene proyectos en marcha. La oportunidad que empieza a asomar es convertir todo eso en una visión integrada de desarrollo. Nombrar esa posibilidad, darle marco y agenda, es el paso que falta. En un país que durante décadas miró al mar de costado, empezar a discutirlo desde esta perspectiva es, sin dudas, una buena noticia.


