En ese contexto se inscribe Precilience, un proyecto financiado por la Unión Europea que trabaja directamente sobre uno de los principales desafíos del mundo boreal: cómo sostener la producción agrícola y forestal en un escenario de cambio climático acelerado.
El punto de partida es claro. Las regiones boreales se están calentando más rápido que el promedio global, y ese cambio altera patrones históricos de temperatura, precipitación y sanidad vegetal. Lo que durante décadas fue estable deja de serlo, y prácticas que funcionaban empiezan a mostrar límites. Precilience no propone una solución única ni un paquete cerrado, sino un modo de trabajo que busca cerrar la brecha entre conocimiento científico y decisiones reales en el territorio.
El proyecto opera con agricultores, forestadores y gestores de tierras para identificar vulnerabilidades concretas y ensayar respuestas ajustadas a cada paisaje. En la agricultura boreal, la resiliencia no se juega en slogans, sino en prácticas: cómo se maneja el suelo, cómo se administra el agua, cómo se diversifican sistemas productivos y cómo se integra la dimensión forestal en la planificación.
En Jokioinen, al sur de Finlandia, el trabajo se vuelve tangible en ensayos con mejoradores de suelo elaborados a partir de residuos agroalimentarios e industriales, incluidos subproductos de la industria de la pulpa y el papel. El objetivo no es solo mejorar rendimientos, sino evaluar efectos sobre patógenos del suelo, fertilidad y variables ambientales críticas como emisiones de gases de efecto invernadero, nitrato y carbono. En territorios donde el suelo es un activo estratégico y frágil, estas decisiones definen la viabilidad futura de la producción.
En Kymenlaakso, el foco se desplaza hacia el bosque. Allí se estudian las causas y consecuencias de infestaciones de escarabajo de la corteza, una plaga capaz de provocar daños severos en masas forestales boreales. Comprender estos procesos permite tomar mejores decisiones de regeneración, algo clave en regiones donde el bosque no es un telón de fondo, sino una pieza central del sistema productivo y del equilibrio territorial.
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El bosque boreal y la estabilidad del sistema
Los bosques boreales ocupan una porción significativa de la superficie forestal del planeta y cumplen un rol central en la regulación del clima, el agua y el carbono. En Finlandia, esa dimensión no es retórica. La estabilidad del sistema forestal condiciona la agricultura, la disponibilidad hídrica y la economía regional. Por eso, cuando proyectos como Precilience trabajan sobre resiliencia, no están defendiendo únicamente rendimientos agrícolas o crecimiento forestal, sino la continuidad de un sistema productivo completo.
Honkisaarenneva: de la turba a la energía solar
En el mismo marco de decisiones territoriales aparece el parque solar Honkisaarenneva, en Kuortane. El proyecto se emplaza en una antigua turbera que durante décadas fue utilizada para la extracción de turba con fines energéticos.
La turba, aunque es de origen biológico, ha sido históricamente una de las fuentes de energía con mayor intensidad de emisiones en el norte de Europa. Su extracción y combustión liberan grandes cantidades de carbono acumulado durante miles de años en suelos orgánicos, con una huella climática comparable a la del carbón. En Finlandia, el uso energético de la turba está en retroceso justamente por ese impacto.
La instalación de un parque solar fotovoltaico de 33 megavatios pico en ese sitio no representa solo un cambio tecnológico. Es una redefinición del rol de un suelo ya intervenido. La turbera deja de ser explotada bajo una lógica extractiva y pasa a cumplir una función energética distinta, sin competir con tierras agrícolas activas ni generar nuevas presiones sobre ecosistemas intactos. En términos territoriales, es una decisión que reasigna funciones en función de límites ambientales explícitos.
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AquaPekilo: proteína para acuicultura sin importar impactos
El tercer proyecto completa el panorama desde la alimentación. La acuicultura es uno de los sectores de producción de alimentos que más crece a nivel global, y con ese crecimiento aumenta la demanda de proteínas para balanceados. Tradicionalmente, una parte significativa de esa proteína provino de capturas accesorias de pesca, con impactos ambientales en la fauna marina relevantes.
AquaPekilo, coordinado por eniferBio Oy, desarrolla una proteína de base fúngica producida a partir de subproductos de la agricultura y de la industria forestal. Con apoyo del Fondo Europeo Marítimo y de Pesca, el proyecto permitió escalar y llevar al mercado PEKILO®Aqua, una alternativa competitiva a las proteínas vegetales, producida localmente en Kantvik, Finlandia.
El enfoque no se limita al ingrediente. Al utilizar corrientes residuales locales y un bioproceso previamente validado a escala industrial, el proyecto reduce dependencias externas y evita trasladar impactos ambientales a otras regiones. En términos productivos, se trata de reorganizar flujos existentes para abastecer una cadena alimentaria en expansión sin ampliar la presión sobre suelos y ecosistemas lejanos.
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Lecciones boreales para un mundo en transición
La experiencia finlandesa revela que la agricultura boreal no es una anomalía local, sino un modelo que anticipa discusiones globales. En un planeta marcado por el cambio climático, la degradación de suelos y la demanda de producción sostenible, regiones históricamente marginales ofrecen innovaciones valiosas.
Este enfoque inspira adaptaciones inteligentes a contextos locales. En el frío boreal, demuestra que es posible generar alimentos, energía y biomasa manteniendo el equilibrio sistémico. ¿Podrían otras regiones extremas incorporar ideas similares para enfrentar sus propios límites climáticos?