El escenario fue Iowa, el corazón maicero de los Estados Unidos, pero el eco de sus palabras llegó con fuerza hasta los cañaverales de Tucumán y las biorrefinerías de maíz de Córdoba. En un discurso que buscó sacudir los cimientos de la política energética actual, Donald Trump lanzó un respaldo total a la comercialización de la nafta E15 durante todo el año y anticipó que espera recibir “muy pronto” un proyecto de ley para firmarlo sin demoras. «En la campaña prometí apoyar el E15 y voy a firmar esa ley sin demora en cuanto llegue a mi escritorio», sentenció.
Para muchos, “E15” puede parecer una sigla técnica. Sin embargo, es una pieza clave en el rompecabezas energético: un combustible compuesto por un 15% de etanol y un 85% de gasolina convencional que promete menores costos, aire más limpio, mayor seguridad energética y menos dependencia del petróleo.
Históricamente, este combustible ha vivido bajo una suerte de «toque de queda» estival en Estados Unidos. Las regulaciones prohíben su venta durante los meses de verano por temor a que la mayor volatilidad del etanol bajo el calor extremo contribuya a la formación de smog. No obstante, esta restricción ha sido el gran punto de fricción en el Congreso. Mientras las grandes petroleras defienden estas trabas para proteger su cuota de mercado, diversos estudios han encontrado que las formulaciones modernas han superado estos desafíos ambientales.
Trump ha decidido inclinar la balanza, presionando a los líderes Mike Johnson — presidente de la Cámara de Representantes — y a John Thune — líder de la Cámara de Senadores — para que sellen un acuerdo que beneficie a los consumidores, destrabando una burocracia que hoy frena el potencial de los biocombustibles en el surtidor.
Tras las declaraciones de Trump, la Renewable Fuels Association (RFA) —la principal entidad que agrupa a los productores de etanol en EE. UU.— salió a respaldar el anuncio. Su presidente y CEO, Geoff Cooper, destacó que abrir un mercado masivo para el etanol es la forma más rápida y segura de impulsar la economía agrícola y ofrecer precios más bajos en el surtidor a los consumidores.
Etanol en auge: ocho de cada diez litros de gasolina en el mundo incorporan el biocombustible
En Argentina, la industria del bioetanol observa este proceso con una expectativa renovada. No es un secreto que el presidente Javier Milei profesa una profunda admiración por Donald Trump y suele seguir de cerca sus pasos. En este sentido, desde el sector bioindustrial existe la firme esperanza de que esta sintonía política ayude a destrabar el aumento del corte en las naftas locales, una medida largamente postergada que hoy se encuentra anclada en el 12%.
Los referentes del sector sostienen que las condiciones para dar el salto nunca han sido tan favorables. Argentina se encamina a la mayor cosecha de maíz de su historia y acaba de lograr un récord en la producción de caña de azúcar, garantizando una disponibilidad de biomasa sin precedentes. Sin embargo, mientras el país cuenta con esta abundancia primaria y una capacidad instalada con importante ociosidad en sus plantas de bioetanol, el Estado se ve obligado a importar gasolina porque la producción local de las refinerías petroleras no alcanza a cubrir la demanda interna, aun operando al máximo de sus posibilidades.
Bioetanol: una industria del futuro atrapada en una normativa del pasado
La paradoja argentina es hoy el eje del reclamo sectorial. Actualmente, el país se destaca como uno de los que posee menor relación de consumo interno de maíz sobre su producción total. En la práctica, esto significa que Argentina exporta el grano en bruto en lugar de transformarlo en combustible renovable dentro de sus fronteras.
Para los industriales, elevar el corte al 15% —siguiendo la estela de lo que hoy propone Trump en Estados Unidos— permitiría sustituir importaciones de forma inmediata, ahorrar divisas y aprovechar la infraestructura técnica que ya está de pie en las provincias. Con el ejemplo de Iowa sobre la mesa y una alineación política que favorece las reformas estructurales, el sector bioenergético argentino espera que el clima político actual facilite la convergencia hacia un modelo de surtidor más soberano, donde el valor agregado local reemplace definitivamente a la energía importada..


