lunes, junio 1, 2026
 

40 gigantes de la alimentación global se unen para escalar la agricultura regenerativa

Carlsberg, Diageo, ADM, Louis Dreyfus y otras 36 organizaciones firmaron una declaración conjunta de intención en respaldo del programa Regenerating Together de SAI Platform, diseñado para coordinar la transición hacia sistemas agrícolas más resilientes en cadenas de suministro globales.

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Hay un problema que la industria alimentaria global lleva años intentando resolver sin demasiado éxito: cómo transformar sus cadenas de suministro agrícolas de manera que sea creíble, medible y replicable a escala. No por falta de voluntad —los compromisos individuales se acumulan en los reportes de sustentabilidad de casi todas las grandes compañías—, sino porque cada empresa avanzó por su propio camino, con sus propios indicadores, sus propios marcos de referencia y, muchas veces, sus propias definiciones de qué significa producir de manera regenerativa. El resultado fue un mosaico de iniciativas desconectadas que dificultaron la comparación, la colaboración y, sobre todo, el impacto real sobre los ecosistemas que se pretendía proteger.

Esa fragmentación es precisamente lo que un grupo de cuarenta organizaciones líderes del sector agroalimentario global decidió empezar a desmantelar. A días del lanzamiento formal del programa Regenerating Together —previsto para junio de 2026 en Saskatoon, Canadá—, estas compañías firmaron una declaración conjunta de intención comprometiéndose a trabajar de forma alineada bajo un mismo paraguas institucional: la SAI Platform (Sustainable Agriculture Initiative Platform), una organización global sin fines de lucro con sede en Ginebra que reúne a empresas de alimentos y bebidas con el objetivo de promover y acelerar la agricultura sostenible a escala mundial.

Un catálogo de nombres que mide la temperatura del sector

La lista de signatarios habla por sí sola. Entre las cuarenta organizaciones que respaldaron la declaración figuran Carlsberg, uno de los mayores grupos cerveceros del mundo con operaciones en más de 150 mercados; Diageo, la multinacional británica detrás de marcas como Johnnie Walker, Guinness y Tanqueray; FrieslandCampina, la cooperativa láctea neerlandesa que procesa la leche de más de 10.000 productores; y Mondelēz International, el gigante de snacks y galletas que opera en más de 150 países con marcas como Oreo, Milka y Toblerone.

Del lado de los traders y procesadores de granos, se suman ADM (Archer-Daniels-Midland), una de las cuatro grandes compañías que dominan el comercio global de materias primas agrícolas; Louis Dreyfus Co., otro de los operadores históricos del mercado internacional de commodities; y Moulins Soufflet, el grupo molinero francés integrado al gigante maltero InBev Soufflet. La presencia de estos actores no es un detalle menor: son ellos quienes estructuran las cadenas logísticas que conectan a los agricultores con los mercados finales, y su adhesión implica que la transformación no quedará solo en la punta de la cadena sino que deberá permear hacia el origen.

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Qué es el programa Regenerating Together y cómo funciona

El Regenerating Together Programme (RTP) no es una declaración de principios. Es, según sus impulsores, un marco estructurado y práctico que establece áreas de impacto compartidas, resultados esperados e indicadores comunes, sin por eso ignorar la diversidad de contextos productivos en los que operan sus miembros. Fue desarrollado con participación de agricultores, agrónomos, organizaciones no gubernamentales y academia, con el propósito explícito de que sus criterios puedan aplicarse tanto en una chacra familiar en el centro de Europa como en una gran explotación en el cono sur americano o en el cinturón maicero de Estados Unidos.

La lógica central del programa descansa en tres ejes. El primero apunta a la funcionalidad de los ecosistemas: salud del suelo, biodiversidad, gestión del agua y resiliencia climática. El segundo impulsa la regeneración progresiva de los sistemas productivos, reconociendo que los puntos de partida son distintos y que no todos los productores llegarán al mismo lugar al mismo tiempo. El tercero pone el foco en la calidad de vida de los agricultores y sus comunidades, algo que con frecuencia queda fuera del radar cuando se habla de sustentabilidad ambiental pero que es determinante para que cualquier transición sea viable en el tiempo.

Las organizaciones firmantes asumen, al suscribir la declaración, el compromiso de participar activamente en el programa, de explorar oportunidades de trabajo colectivo y de contribuir a una transición que sea, en palabras de la propia SAI Platform, «creíble, escalable y anclada en contextos reales de producción».

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Por qué la escala colectiva importa más que los compromisos individuales

La agricultura regenerativa no es un concepto nuevo. Tampoco lo es la intención de adoptarla. Lo que ha faltado, históricamente, es un lenguaje compartido que permita a distintos actores de la cadena trabajar en la misma dirección sin duplicar esfuerzos ni generar confusión entre los agricultores que, en última instancia, son quienes deben implementar los cambios en el campo.

Cuando una empresa le pide a sus proveedores que adopten prácticas regenerativas sin coordinarse con otras compañías que compran en los mismos territorios, el productor recibe múltiples requerimientos, con distintas metodologías de verificación, diferentes plazos y criterios que a veces se contradicen entre sí. El resultado es parálisis o, en el mejor de los casos, cumplimiento formal sin transformación real.

La declaración que acaban de firmar estas cuarenta organizaciones apunta exactamente a ese nudo. Al comprometerse con un marco común de indicadores y resultados, reducen la carga sobre los agricultores, mejoran la posibilidad de medir el progreso de manera comparable y crean las condiciones para que el aprendizaje generado en un contexto pueda transferirse a otros.

Dionys Forster, Director General de SAI Platform, describió el momento como un punto de inflexión: aseguró que el nivel de respaldo obtenido es una señal clara de que la industria está lista para dejar atrás los enfoques fragmentados y avanzar hacia un cambio significativo. Y subrayó que el programa está diseñado para reunir a la industria en torno a la agricultura regenerativa, pero con la flexibilidad suficiente para tomar en cuenta los contextos agrícolas locales.

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El suelo como punto de partida de una cadena más larga

Detrás de la declaración hay una lectura compartida sobre la naturaleza del problema. Los desafíos que enfrenta el sistema alimentario global —cambio climático, pérdida de biodiversidad, degradación de suelos, estrés hídrico, presión sobre los ingresos rurales— no son fenómenos aislados. Se retroalimentan entre sí y se manifiestan de manera diferente según la región, el tipo de producción y el momento del año. Ninguna empresa, por grande que sea, puede abordarlos de manera individual sin que sus esfuerzos se diluyan en la complejidad sistémica del problema.

Esa interconexión es la que convierte a la agricultura en un nodo crítico dentro de los procesos productivos que tienen como base recursos biológicos. El suelo saludable no solo sostiene rendimientos: secuestra carbono, filtra agua, alberga biodiversidad y regula el ciclo de nutrientes que hace posible la producción de alimentos, materias primas industriales y, en muchos casos, insumos para energía renovable. Cuando el suelo se degrada, toda la cadena que depende de él se vuelve más frágil, más cara y más expuesta a disrupciones climáticas.

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Un lanzamiento formal en Canadá y una agenda que recién empieza

El programa tendrá su lanzamiento público oficial en junio de 2026, durante el evento anual de SAI Platform en Saskatoon, en la provincia canadiense de Saskatchewan —una de las regiones agrícolas más importantes del mundo, conocida por su producción de canola, trigo y legumbres—. Ese encuentro reunirá a miembros, agricultores, investigadores y representantes de organismos públicos para presentar la arquitectura completa del programa y dar inicio a la primera fase de implementación colectiva.

Lo que ocurra en Saskatoon y en los meses que le sigan dirá mucho sobre si esta coalición logra traducir su declaración de intención en cambios concretos sobre el terreno. Los compromisos de este tipo tienen un historial mixto en la industria alimentaria global: algunos derivaron en transformaciones reales y verificables; otros quedaron atrapados en la retórica de los informes anuales. La diferencia, en general, estuvo en la calidad del marco de medición, en la voluntad de transparentar los resultados y en el nivel de involucramiento de los propios productores en el diseño de las soluciones.

En ese sentido, el hecho de que el RTP haya sido desarrollado con participación directa de agricultores y agrónomos —y no solo de equipos de sustentabilidad corporativa— es un dato que vale la pena seguir de cerca.

 
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