Japón construyó buena parte de su prestigio industrial sobre la capacidad de tomar una tecnología incipiente y llevarla a escala global con precisión manufacturera. Esa misma ambición asoma ahora en un terreno menos visible que la robótica o los semiconductores, pero igual de estratégico: el de los microbios, las enzimas y las proteínas que la ciencia moderna transforma en insumos industriales. El país fijó una meta explícita, ser la bioindustria más avanzada del planeta hacia 2030, y un nuevo informe intenta ponerle números a esa aspiración.
El documento, titulado The Value of Biosolutions: Growth and Prosperity to 2035 – Japan Edition, fue elaborado por la consultora Amsterdam Data Collective (ADC), especializada en análisis de datos económicos, por encargo de Novonesis, la compañía danesa surgida de la fusión de Novozymes y Chr. Hansen que lidera el mercado global de enzimas y cultivos microbianos. Su conclusión central es que el sector de las biosoluciones en Japón podría casi triplicar su valor y alcanzar los 4,748 billones de yenes —unos 29.700 millones de dólares al cambio actual— hacia 2035. Pero ese salto no está garantizado: depende de que el país acelere sus aprobaciones regulatorias y desarrolle marcos de política que hoy considera insuficientes.
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Qué son las biosoluciones y por qué importan
Las biosoluciones son aplicaciones industriales basadas en microorganismos, enzimas y otras proteínas, los componentes básicos de todo lo vivo. Con herramientas de biología moderna, esos organismos microscópicos se emplean para reducir desperdicios, ahorrar energía y agua, recortar la dependencia de recursos fósiles y desarrollar productos que de otro modo requerirían procesos químicos más costosos o contaminantes. Según el informe, las biosoluciones ya se utilizan en más de treinta industrias en todo el mundo, desde la alimentación y la agricultura hasta la energía, la manufactura industrial y los biocombustibles.
Esa transversalidad es lo que las vuelve atractivas para una economía como la japonesa, que busca reducir su dependencia de insumos importados y diversificar sus fuentes de recursos. La misma enzima que mejora un proceso alimentario puede optimizar una fermentación industrial o aumentar el rendimiento de una planta de biocombustibles.
Un mercado que puede triplicarse
El documento fue presentado durante la visita de una delegación japonesa a la sede de Novonesis en Lyngby, Dinamarca, un encuentro que incluyó conversaciones sobre acceso al mercado de enzimas alimentarias y sobre la promoción de políticas de bioenergía.
El informe insiste en que el potencial existe, pero la velocidad de su concreción depende de decisiones de política pública. Hirokazu Sano, director representante y presidente de Novonesis Japan Ltd., lo planteó sin rodeos al señalar que la ambición japonesa de construir la bioeconomía más avanzada del mundo exigirá una mayor adopción de insumos de base biológica y flujos de recursos más diversos. Según Sano, cada año de demora regulatoria, cada mandato de biocombustibles poco ambicioso y cada cronograma de aprobación desalineado representan una oportunidad perdida para desplegar las biosoluciones en los sectores más estratégicos del país.
Ese diagnóstico se traduce en un conjunto de recomendaciones concretas. El documento propone sostener el liderazgo político a través de la Estrategia de Bioeconomía japonesa y su Estrategia de Crecimiento en Biología Sintética y Biotecnología; acelerar el sector mediante incentivos financieros articulados en una red integrada; y crear una vía regulatoria de aprobación rápida específica para las biosoluciones. A esas medidas suma la adopción de procesos de manufactura que faciliten el escalado a nivel comercial, la construcción de una estrategia integrada que afine la selección y concentración de las ventajas tecnológicas del país, y un trabajo sostenido de concientización pública sobre el valor de la innovación y la aceptación social de estas tecnologías.
Bioenergía en la agenda
Entre los sectores donde el informe ve mayor rezago aparece el de los biocombustibles. La mención de Sano a los mandatos poco desarrollados no es casual: Japón mantiene un esquema de mezcla acotado en comparación con otros mercados, y el informe sitúa a la energía como uno de los frentes donde las biosoluciones podrían aportar resiliencia y reducir la exposición del país a la importación de combustibles. La agenda de la delegación japonesa en Dinamarca, que incluyó explícitamente la promoción de políticas de bioenergía, confirma que ese punto está sobre la mesa de discusión.
El estudio de Japón forma parte de una serie más amplia que Novonesis viene impulsando con ADC en distintos mercados. La edición europea, publicada meses atrás, calculó que las biosoluciones podrían generar 133.000 millones de euros en ganancias económicas y más de 600.000 empleos en el continente hacia 2035. Existen ediciones equivalentes para Brasil, China, Turquía y una lectura global, todas disponibles en el sitio del proyecto.


