Bolivia atraviesa una crisis de combustibles que deja colas en las estaciones de servicio y una emergencia energética declarada. El país no produce toda la gasolina y el diésel que consume, y la diferencia la cubre con importaciones que devoran sus escasas reservas de divisas. En medio de esa estrechez, el Gobierno ha puesto la esperanza en un combustible que ya se fabrica dentro de sus fronteras desde el 2018 y que reemplaza parte de esa gasolina comprada afuera. Ese combustible es el etanol, y la vía elegida para darle un lugar más grande en el tanque son los vehículos Flex Fuel.
El Decreto Supremo 5698, promulgado el 1 de septiembre, avanza en esa dirección por dos vías simultáneas. Establece un incentivo tributario que abarata la importación de estos autos y, al mismo tiempo, ordena a las estaciones de servicio prepararse para despacharles alcohol combustible en un plazo de 60 días
El incentivo para importar autos Flex Fuel
El Órgano Ejecutivo dispuso que la importación de unidades con tecnología Flex Fuel y de aquellas diseñadas para funcionar con alcohol hidratado o mezclas de etanol quede liberada de sus principales tributos. El Gravamen Arancelario se ubica en 0% y el Impuesto al Consumo Específico para vehículos nuevos también queda en 0%, con porcentajes que varían según la cilindrada y las características de cada unidad.
El alcance abarca a los vehículos con motores de encendido por chispa, desde automóviles de hasta 1.000 centímetros cúbicos hasta unidades con motores superiores a 3.000 centímetros cúbicos. La vigencia del beneficio será hasta el 30 de abril de 2030 y modifica una normativa previa de fomento a este tipo de vehículos que rige desde el 2024.
Cómo funciona un vehículo Flex Fuel
Un vehículo Flex Fuel emplea un motor de combustión interna capaz de operar con gasolina, con alcohol combustible o con mezclas de ambos en distintas proporciones. Su motor reconoce la composición de lo que hay en el tanque y adapta su funcionamiento sin que el conductor intervenga.
La norma boliviana define los vehículos flex por su aptitud para operar con proporciones de etanol iguales o mayores al 25%.
Estaciones de servicio que aprenderán a despachar etanol
La segunda vía de impulso que contiene la medida atiende el abastecimiento, sin el cual el incentivo a los vehículos perdería sentido práctico. El decreto instruye al Ministerio de Hidrocarburos y Energías, la cartera a cargo de la política energética del país, y al ente regulador del sector a elaborar los lineamientos y la normativa técnica para que las estaciones de servicio puedan comercializar el combustible destinado a estos vehículos. Ese trabajo tendrá un plazo máximo de 60 días calendario.
El despacho de etanol requiere surtidores diferenciados y controles específicos, y la normativa vigente ya contempla un registro del aprovisionamiento a través del sistema informático B-SISA, que cruza datos con el padrón vehicular nacional para verificar que cada unidad reciba el combustible que corresponde a su tecnología.
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Un combustible de producción nacional que buscaba más lugar
El bioetanol boliviano proviene, en su abrumadora mayoría, de la caña cultivada en Santa Cruz, y su producción se sostiene en contratos entre los ingenios azucareros y Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), la petrolera estatal que controla la cadena de hidrocarburos. La relación acumula tensiones desde que comenzó el programa en 2018. Los productores reclamaron una y otra vez que la empresa compraba menos de lo acordado y que la mezcla en la gasolina quedaba clavada en el 12%, pese a que la Ley 1098 autoriza llevarla hasta el 25%.
YPFB será también la encargada de instalar los surtidores de etanol en sus estaciones. Cada litro de etanol que carguen los vehículos Flex Fuel será, entonces, un litro menos que Bolivia necesite importar y un consumo adicional al del corte en la gasolina, para alivio de los productores.


