De cáscaras de naranja a plástico biodegradable

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La bioeconomía como modelo de desarrollo industrial sostenible

El enfoque de la bioeconomía se ha instalado como una de la formas más eficaces para contrarrestar los efectos del calentamiento global, causante del cambio climático, y a la vez, contribuir al desarrollo de las naciones. Fundamentalmente, en aquellas donde la agricultura y sus encadenamientos productivos están más desarrollados.
 
 

La naranja es una de las frutas más populares en los hogares mexicanos, que bien se disfruta como botana, en jugo o para acompañar en diferentes platillos, perfecta para cualquier ocasión o clima, pero ¿imaginas que de ella también se pudiera hacer bioplástico?

Esto lo ha hecho posible Giselle Mendoza, originaria de Zacatecas y de tan sólo 21 años de edad quien aprovecha las cáscaras de naranja y el bagazo para crear bioplástico que puede usarse en el campo de la biomedicina, envasado y embalaje, alimentos y agricultura. Con ello, se podrán reemplazar los contaminantes plásticos derivados del petróleo que tardan aproximadamente entre 400 y 1,000 años en degradarse.

En entrevista a El Economista durante el INCmty 2018, la fundadora de GECO, declaró que el bioplástico puede utilizarse para producir trasplantes de córnea, de vasos sanguíneos y sustitutos de piel para tratamientos de quemaduras y heridas.

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Asimismo, funciona para crear envases de bajo costo y 100% biodegradables, mientras que en la agricultura se usa en la producción de nanopartículas para fertilizantes y plaguicidas con el fin de que tengan mayor vida, no dañen los cultivos y sean más eficientes.

Por ahora su visión, es enfocarse en la venta de resinas plásticas para sustituir la materia prima con la que hacen los productos plásticos.

La historia

Desde muy pequeña, la emprendedora de alto impacto social y ambiental, estuvo preocupada por las causas de su comunidad, por lo que cuando tenía 14 años comenzó a realizar obras sociales y crear fundaciones para ayudar a personas vulnerables como niños indígenas, mujeres embarazadas, personas con enfermedades y adultos mayores.

“Al estar en contacto directo con estas personas me hizo dar cuenta de todas las áreas de oportunidad y problemáticas del país y en lugar de quedarme con el sentimiento de tristeza, coraje e impotencia, decidí comenzar en el mundo del emprendimiento para encontrar soluciones a diferentes causas”, dijo.

Por cuatro años estuvo buscando qué idea llevar a cabo y que generará gran impacto. Tras obtener una beca en el Tecnológico de Monterrey para estudiar economía, durante su primer semestre, supo que su misión estaba en ayudar a combatir el problema del plástico.

Así, desde hace tres años y medio comenzó GECO y actualmente tiene la colaboración de 10 personas, entre biotecnologos, doctores y administrativos.

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En un comienzo no sabía lo complejo que era el proceso y aunque día a día sigue aprendiendo sobre todo lo que involucra, no se da por vencida porque quiere causar un cambio en la sociedad.

La inversión inicial fue por parte de sus ahorros y el de los socios, pero gracias a que ha ganado algunos concursos, ha podido mantener la empresa que hoy está en la visión de diferentes inversionistas y empresas que incluso son multinacionales.

En febrero de este año, obtuvo el primer lugar en el Global Student Entrepreneur Awards, donde representó a México en Toronto ante 54 países. De igual manera, ha obtenido premios en concursos en Madrid, España, Texas, Silicon Valley, Boston y Berkley.

Entre sus planes de fin de año es seguir mejorando el proceso, cerrar una ronda de inversión y escalar para poder desarrollar mejor la planta.

Uno de sus retos es poder tener el tiempo necesario, ya que al encontrarse en el séptimo semestre de estudios, en ocasiones no puede dividirse entre sus dos pasiones: su carrera y la empresa.

“Mi reto es alcanzar el equilibrio y administrar bien mi tiempo. Sé que lo lograré”, dijo.

Otra de las actividades que actualmente esta realizando es una política pública para sugerir un impuesto ecológico a las emisiones de bióxido de carbono, para que se cobre a los que más contaminan.

Elizabeth López Argueta / El Empresario

 
 
 
 
 

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