Una ‘caminata’ por los senderos de la bioeconomía ancestral

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Cristian Desmarchelier
Biólogo y Doctor en Ciencias, especializado en bioeconomia y biodiversidad. Creador y conductor de la serie documental 'Paradigma Tres – Los Caminos de la Bioeconomia' y coautor del libro 'Plantas Medicinales Autóctonas de la Argentina: Bases Científicas para Su Aplicación en Atención Primaria de la Salud'.

El rescate de las prácticas y tecnologías ancestrales juega un papel importante en el desarrollo de la bioeconomía. Las antiguas civilizaciones andinas nos legaron sus conocimientos de ingeniería agrícola, sus experiencias en el uso y aprovechamiento de las plantas como alimentos y medicamentos, y sus destrezas en el uso de materiales locales para la construcción de viviendas.

Desde tiempos inmemoriales las poblaciones de los Andes se comunicaban a través de los chasquis , que eran los mensajeros que recorrían a pie los 5.000 km de montaña del ‘Camino Inca’ para dar y recibir información. Aún en la actualidad, la única forma que existe para la comunicación entre algunos pueblos andinos sigue siendo el caminar.

Todos los años en el mes de septiembre se celebra la Semana de la Movilidad Sostenible. Y qué mejor excusa que celebrarlo poniendo en práctica una de las destrezas más antiguas del hombre: caminar por las montañas. Fue durante esa semana que con mi amigo Walter Casanova – un experimentado guía de montaña – decidimos aventurarnos a transitar los caminos de la comarca andina de Iruya, en la provincia de Salta. Una de las regiones más prístinas y remotas de la Argentina.

De Iruya a San Isidro

La aventura comenzó a principios de octubre, y consistió en un circuito de cuatro días partiendo de Iruya, una pequeña ciudad que se encuentra a 2.780 metros sobre el nivel del mar (msnm), en los faldeos orientales de la Sierra de Santa Victoria. Iruya se destaca por sus edificaciones coloniales y sus estrechas callejuelas.

Una 'caminata' por los senderos de la bioeconomía ancestral
Iruya de noche

La travesía no requiere llevar alimentos, carpas o bolsas de dormir, ya que los pobladores locales ofrecen hospedaje y mucha hospitalidad a lo largo de todo el recorrido. Alcanza con equiparse con buena indumentaria y calzado de montaña, bastones, protección solar y mucha agua para beber. También es importante disponer de un sistema de telecomunicaciones de emergencia para montaña, ya que durante la mayor parte del circuito no se tomará contacto con otras personas.

Una ‘caminata’ por los senderos de la bioeconomía ancestral - Quebrada rumbo a San Isidro
Desmarchelier transitando la quebrada rumbo a San Isidro

Lectura sugerida

Nuestro primer destino fue el poblado de San Isidro, en dirección noroeste. Allí se llega tras una caminata de unas tres horas río arriba siguiendo una quebrada que en épocas de lluvia se transforma en una afluente del Río Iruya. En el tramo final se trepa un cerro a través de una “escalera” seminatural que asciende hasta el pueblo colonial, donde viven unas 35 familias. El camino es de dificultad baja, e incluso existe una trocha para camionetas, por lo cual es frecuente encontrarse con otros caminantes. Al llegar al poblado, es posible encontrar algunas hosterías o casas de familia que ofrecen alimento y alojamiento a los transeúntes.

Una ‘caminata’ por los senderos de la bioeconomía ancestral - San Isidro
San Isidro

De San Isidro a San Juan y la increíble pampa a 4.000 msnm

El segundo día continuamos hacia el caserío de San Juan, que, a diferencia de San Isidro, es un pequeño poblado de casas construidas casi exclusivamente de materiales como adobe, piedras, caña y paja, y que está situado en una verde quebrada a unos 3.500 msnm. El grado de dificultad de la caminata es entre medio y alto, y toma unas cinco horas desde San Isidro, en dirección noroeste. El primer tramo del trayecto recorre el largo de un faldeo y luego de atravesar un abra de casi 4.000 msnm, se llega a una increíble pampa en la altura. Finalmente, es necesario caminar por un sendero riesgoso que bordea grandes paredones, acantilados de granito y precipicios.

Una ‘caminata’ por los senderos de la bioeconomía ancestral - Faldeo y San Isidro de fondo
Recorriendo el faldeo a casi 4.000 msnm. De fondo se puede ver el poblado de San Isidro
Una ‘caminata’ por los senderos de la bioeconomía ancestral - Camino a San Juan
Camino a San Juan

En San Juan sólo es posible encontrar hospedaje en la chacra de Adela y Leonardo Herrera, cuya hospitalidad excede los límites de lo imaginable. Los anfitriones comparten su casa y su mesa colmada de platos a base de distintas variedades de cultivos locales como papas, maíz, oca, olluco, yacón, charqui, y hortalizas provenientes de la huerta casera. Allí se resume la economía de la población de la región, basada en una agricultura de subsistencia que ha cambiado poco a través de los siglos, y que en la actualidad se complementa con algunas actividades introducidas más recientemente, como la cría de cabras y ovejas o el cultivo de  alfalfa y el trigo.

Una ‘caminata’ por los senderos de la bioeconomía ancestral - Adela Herrera con la maicha en el balde
Adela Herrera con la maicha en el balde

Sorpresa en los pobladores de Las Higueras

El tercer día intentamos llegar a Chiyuyoc, un caserío de características similares a San Juan, pero más pequeño, compuesto por apenas cuatro o cinco casas dispersas, y al cual sólo se accede atravesando una gran montaña durante una caminata de varias horas hacia el norte. Sin embargo, el grado de dificultad de la travesía es alto, existe riesgo de derrumbes en algunos sectores, y al perder el sendero en varias ocasiones, decidimos hacer un cambio de planes y retomar el camino andado.

Como alternativa, descendimos por una senda zigzagueante y empinada que desemboca en la quebrada del Río Iruya.  Desde allí, gracias a que entre los meses de abril y noviembre el caudal de agua suele ser muy bajo ya que coincide con la estación seca, es posible caminar por el lecho del río, que corre hacia el este a lo largo de un imponente cañón bordeado por “paredones” casi verticales hasta llegar al pueblo de Las Higueras. La distancia es de unos 20 km rio abajo, lo cual permite realizar el recorrido en un tiempo que puede variar entre cuatro y cinco horas, cruzando a pie en repetidas ocasiones el curso del agua sin mayor dificultad.

Lectura sugerida

Las Higueras es un pueblo de unas 20 casas de arquitectura colonial. Igual que muchos otros pueblos de estas características, se encuentra construido alrededor de una iglesia, una escuela y una pequeña posta sanitaria. Algunos pobladores se sorprendieron con nuestra llegada, y fue la directora de la escuela la que más tarde nos explicó que esa reacción se debía a que allí nunca llegaban “turistas”. Sin embargo, la familia de Andrea, una de las pocas que habitan el pueblo, nos preparó una estupenda cena a base de cordero, arroz y tomates, y nos acomodó en una pequeña construcción que en algunas ocasiones es utilizada para albergar maestros de escuela itinerantes.

Una ‘caminata’ por los senderos de la bioeconomía ancestral - Detalle de las casas construidas con técnicas ancestrales
Detalle de las casas construidas con técnicas ancestrales

Las Higueras se encuentra en la confluencia de los ríos Iruya y Nazareno, que se unen para continuar su recorrido hacia las yungas, al este de la provincia. Algunos kilómetros río arriba y por el cauce del Nazareno también es posible llegar al pie de Mesada Grande, una población más pequeña que visitamos durante el cuarto y último día de nuestro recorrido.

Y un regreso a Iruya muy confortable

Por la tarde emprendimos el regreso hacía Iruya en un camión de provisiones que visita la zona dos o tres veces al mes, y que justo se encontraba realizando su último recorrido del año. En noviembre comienza la estación de lluvias y el camión ya no podrá transitar el difícil camino del lecho del Río Iruya, por lo que la zona quedará aislada hasta el mes de mayo del año próximo.

Una ‘caminata’ por los senderos de la bioeconomía ancestral - Con Walter Casanova rumbo a Las Higueras
Walter Casanova, el guía junto a Cristian Desmarchelier en el tramo a Las Higueras

Como en muchas otras regiones de los Andes tropicales, aún en la actualidad la principal forma de comunicación entre los pobladores de la comarca de Iruya sigue siendo la misma que hace siglos: a pie. Junto con Walter quisimos experimentar, aunque fuera tan sólo por unos pocos días, lo que se siente vivir en un territorio donde la comunicación sólo puede lograrse de ese modo. Donde apenas existe conectividad – en la mayoría de los poblados sólo existe internet en la escuela o en la posta médica – y donde la mayoría de las necesidades de las personas – casa, alimento, agua y salud – provienen de la madre tierra. Donde no nos faltó, pero tampoco sobró, casi nada.

La naturaleza constituye la materia prima de la bioeconomía. Para comprenderla y descubrir el valor que alberga, utilizamos una herramienta poderosa: la ciencia. Pero también es importante sentirla: verla, tocarla, olerla y oírla. Y para eso hay que caminarla. Porque el valor intrínseco que esconde, su espíritu, sólo puede ser desentrañado a través del andar.

 
 
 
 
 

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