América Latina y el Caribe tienen casi todo lo necesario para convertirse en una potencia bioeconómica: una porción enorme de la biodiversidad del planeta, vastas extensiones agrícolas y forestales, y un flujo constante de residuos y subproductos biológicos que muchas veces no encuentran destino. El potencial está, y la región lo viene aprovechando, aunque de forma desigual. El desafío es traducir mejor esa riqueza en decisiones de inversión, en políticas públicas y en proyectos que efectivamente lleguen a cada territorio. Y es en ese terreno donde acaba de ponerse en marcha una nueva iniciativa regional.
Dar ese paso exige más que materia prima. Requiere capacidades técnicas para mapear lo disponible, marcos de política pública que ordenen las prioridades y articulación entre actores que no suelen sentarse a la misma mesa: gobiernos, universidades, empresas y organismos de cooperación. Es justamente ese conjunto de capacidades el que la región viene intentando construir de manera coordinada, y el que un nuevo ciclo de formación se propone fortalecer.
Con ese objetivo, el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) —el organismo especializado del sistema interamericano que brinda cooperación técnica a sus países miembros en agricultura y desarrollo rural— y la Red Latinoamericana de Bioeconomía —la plataforma que agrupa a instituciones de la región para coordinar conocimiento y políticas en la materia— lanzaron el ciclo de webinars BioSinergia 2026. La iniciativa está orientada a fortalecer capacidades para transformar los recursos biológicos en insumos para el desarrollo productivo, inclusivo y sostenible, y busca incorporar herramientas prácticas, metodologías y experiencias que faciliten la toma de decisiones estratégicas y la conversión del potencial bioeconómico de América Latina y el Caribe en proyectos concretos de desarrollo.
BioSinergia 2026 da continuidad a la primera edición del programa, desarrollada entre 2024 y 2025, que permitió capacitar a más de 315 participantes de más de 15 países, con la participación de 36 conferencistas internacionales. En aquella ocasión se abordaron los enfoques y principios de la bioeconomía, las áreas científicas prioritarias, los bioemprendimientos y las políticas públicas. La nueva edición se propone dar un paso más y moverse del marco conceptual hacia la caja de herramientas.
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Una red detrás del programa
Si la primera edición dejó algo en claro, es que ningún país avanza solo en este terreno. Esa es la convicción que ordena todo el ciclo, y así lo plantea Hugo Chavarría, secretario ejecutivo de la Red Latinoamericana de Bioeconomía y gerente de Innovación y Bioeconomía del IICA. «Somos más de 100 instituciones de 18 países trabajando juntas desde hace más de tres años para compartir conocimientos, metodologías, experiencias y capacidades que permitan acelerar el desarrollo de la bioeconomía en América Latina», señaló.
Para Chavarría, la edición actual refleja precisamente ese espíritu de colaboración regional: aprender unos de otros, evitar duplicidades y construir herramientas comunes para que los países y territorios puedan avanzar más rápido y con mejores capacidades. En una región donde los esfuerzos suelen fragmentarse país por país, la idea de no repetir lo que otro ya resolvió tiene un valor práctico evidente. Bajo esa lógica, el programa se consolida como una plataforma regional de aprendizaje e intercambio que promueve la generación de capacidades técnicas, institucionales y de articulación entre los actores clave del ecosistema bioeconómico, desde tomadores de decisión hasta academia, sector privado y organismos de cooperación.
Del potencial a la acción
El salto que propone esta edición tiene un nombre preciso. Durante el lanzamiento se abordó una de las interrogantes más relevantes para el desarrollo de la bioeconomía: cómo pasar del potencial a la acción. La distinción no es menor. Buena parte de los diagnósticos regionales coincide en que la materia prima y el conocimiento ya existen; el desafío es transformarlos en inversiones, políticas y proyectos que lleguen efectivamente a los territorios.
Con esa lógica, el ciclo 2026 inició con el webinar «Mapear, analizar y transformar biomasa: herramientas para identificar oportunidades reales en la bioeconomía territorial», un tema central para los países que buscan definir en qué sectores priorizar, cómo identificar sus vocaciones bioeconómicas y qué instrumentos utilizar para convertir recursos biológicos, biodiversidad, residuos y conocimiento en oportunidades económicas sostenibles. La sesión se planteó como un espacio altamente práctico, orientado a analizar cómo recursos como la biomasa, la biodiversidad, los residuos, las capacidades científicas y el conocimiento territorial pueden convertirse en insumos para diseñar decisiones estratégicas, movilizar inversiones, formular políticas públicas y estructurar proyectos con impacto tangible.
Experiencias nacionales sobre la mesa
La primera sesión reunió a funcionarios y especialistas dispuestos a compartir cómo están construyendo sus propias agendas. Se presentaron experiencias de países que están diseñando estrategias nacionales de bioeconomía con metodologías concretas para identificar y priorizar oportunidades. Entre los expositores estuvieron Elvis Stevens García Torreblanca, del Ministerio del Ambiente de Perú, y Ediner Fuentes-Campos, del Sistema Nacional de Investigación de Panamá, que expusieron los desafíos que enfrentan los países al definir prioridades y construir agendas nacionales.
El bloque metodológico sumó otras voces. Rafael Aramendis, consultor de Colombia; Mónica Trujillo, del Stockholm Environment Institute; Miguel Lengyel, de CIECTI/FLACSO Argentina; y Daniel Ruiz, del CIRCE Technology Center, hablaron sobre herramientas y metodologías para el análisis y desarrollo de cadenas de valor bioeconómicas, y presentaron enfoques concretos para la identificación de oportunidades en distintos contextos. El tramo final se concentró en lo más difícil de todo proceso de este tipo: que las ideas no queden en el papel. La cuestión de la gobernanza y la implementación territorial estuvo a cargo de Paola Zapata, de la Universidad CES de Medellín, quien subrayó la importancia de traducir las oportunidades identificadas en estrategias concretas de desarrollo territorial.
Zapata sintetizó el espíritu del programa con una idea que funciona como hoja de ruta. «BioSinergia nació precisamente para eso: para que el conocimiento y las experiencias que ya existen en la región puedan ser compartidas, adaptadas y utilizadas por otros países y territorios», explicó. Y agregó la distinción que recorre toda la iniciativa: «La primera sesión de 2026 mostró que la pregunta ya no es solo si América Latina tiene potencial bioeconómico, sino cómo lo identificamos, cómo lo priorizamos y cómo lo transformamos en desarrollo sostenible, inclusivo y territorial».
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Lo que viene
El recorrido recién empieza. El ciclo de webinars 2026 continuará con una agenda de sesiones temáticas que abordarán aspectos clave como las políticas públicas, el financiamiento, la comunicación estratégica y las herramientas de implementación. El acceso, además, busca ser amplio: quienes deseen participar podrán encontrar en las redes sociales del IICA y de la Red Latinoamericana de Bioeconomía los anuncios respectivos e inscribirse a través de un código QR.
Con cada una de esas instancias, el IICA y la Red Latinoamericana de Bioeconomía buscan sostener el fortalecimiento de capacidades en la región, promoviendo el uso sostenible de los recursos biológicos y la generación de nuevas oportunidades económicas para las zonas rurales. La diferencia con la etapa anterior, sugieren los organizadores, está en el énfasis: menos diagnóstico sobre lo que la región podría hacer y más instrumentos sobre cómo hacerlo.


