martes, abril 28, 2026
 

Oleaginosas y biocombustibles: ¿Cómo Canadá y EE.UU. están transformando su agricultura para el futuro sostenible?

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Las oleaginosas están tomando un papel crucial en la transición hacia una agricultura más sostenible en Norteamérica. En Canadá, cultivos como la canola, la soja y la mostaza se benefician de nuevas inversiones en investigación para mejorar la sostenibilidad y enfrentar desafíos climáticos. Mientras tanto, en Estados Unidos, la producción de colza está en pleno auge, impulsada por la creciente demanda de biocombustibles. Estos cambios están transformando tanto la agricultura como la bioeconomía de la región, creando nuevas oportunidades y retos para los productores.

Canadá impulsa la innovación en la producción de oleaginosas

En Canadá, la importancia de las oleaginosas no solo representan una fuente esencial para la economía agrícola, sino que son fundamentales en la estrategia de sostenibilidad y resiliencia del sector agrícola canadiense frente al cambio climático.

El Gobierno de Canadá, a través del Ministerio de Agricultura y Agroalimentación, anunció una inversión significativa de hasta 4,3 millones de dólares en un plazo de cinco años destinada a la Eastern Canada Oilseed Development Alliance (ECODA). Este financiamiento, canalizado a través del programa AgriScience, parte de la Alianza Agrícola Canadiense Sostenible (Sustainable Canadian Agricultural Partnership, CAP), tiene como objetivo principal fortalecer las cadenas de valor de las oleaginosas en el este de Canadá.

Este proyecto no solo abordará los desafíos climáticos que enfrentan los productores, sino que también desarrollará nuevas tecnologías agronómicas, sistemas de cultivo mejorados y variedades adaptativas. Entre sus metas se encuentran la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, la mejora de la salud del suelo y la coordinación de la transferencia de conocimientos entre los diferentes actores de la cadena de valor. Además, se busca aumentar la resiliencia de los cultivos, elevar los rendimientos y asegurar una mayor sostenibilidad en el largo plazo.

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Los desafíos ambientales y la oportunidad bioeconómica

“El apoyo a los cultivos oleaginosos es esencial para el futuro de la agricultura en el este de Canadá, ya que enfrentamos desafíos como el cambio climático. Esta inversión permitirá que los agricultores mantengan sus cosechas saludables y sus granjas productivas”, expresó Lawrence MacAulay, ministro de Agricultura y Agroalimentación de Canadá, subrayando la importancia de este esfuerzo colaborativo.

Rory Francis, presidente de ECODA, añadió: “Al coordinar el trabajo de investigadores, productores, empresas de valor agregado y exportadores, estamos aumentando el valor económico de las cadenas de suministro de oleaginosas sostenibles en Canadá”.

El este de Canadá, aunque representa solo el 14% de las hectáreas sembradas con oleaginosas del país, genera el 22% de la producción total, destacándose la soja como el cultivo predominante. Las oleaginosas no solo son clave en la rotación de cultivos, sino que, debido a su capacidad para mejorar la salud del suelo, son fundamentales para mitigar los efectos negativos de la degradación y el cambio climático.

El boom de la colza en Estados Unidos impulsado por los biocombustibles

Al otro lado de la frontera, en Estados Unidos, la producción de colza está experimentando un verdadero auge, impulsada en gran parte por la creciente demanda interna de biocombustibles. Según un informe de la Unión para la Promoción de Plantas y Proteínas (UFOP) de Alemania, el crecimiento dinámico del mercado de biocombustibles está haciendo que el cultivo de colza sea cada vez más atractivo para los agricultores del norte del país.

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El Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) informó que, por primera vez en la temporada 2024/25, la superficie sembrada con colza en el país superó el millón de hectáreas, un 13% más que el año anterior. Se espera una cosecha récord de más de 2,1 millones de toneladas, lo que posicionaría a Estados Unidos como un jugador clave en el mercado global de colza y colza aceitera.

Los estados productores más importantes, como Dakota del Norte, Montana y Washington, han incrementado significativamente sus áreas de cultivo, alcanzando máximos históricos. Dakota del Norte lidera con 830.000 hectáreas, mientras que Montana y Washington aportan unas 80.000 hectáreas cada uno.

Políticas energéticas que impulsan la demanda de colza

Este incremento en la producción de colza en Estados Unidos se debe en gran parte a la demanda de sus subproductos: la harina de colza, utilizada como alimento para el ganado, y el aceite de colza, que se ha convertido en un insumo clave para la producción de biocombustibles. Políticas como el Estándar de Combustibles Renovables (Renewable Fuel Standard, RFS) a nivel nacional y el Estándar de Combustibles de Bajo Carbono (Low Carbon Fuel Standard, LCFS) en California, donde más del 50% de los combustibles para el transporte son ahora de origen biológico, han impulsado esta demanda.

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A pesar del aumento en la producción interna, Estados Unidos no ha logrado satisfacer completamente la demanda, lo que ha generado un crecimiento constante en las importaciones de aceite y harina de colza, principalmente desde Canadá.

La conexión entre biocombustibles y la sostenibilidad agrícola

La expansión de la colza en Norteamérica es un claro ejemplo de cómo las demandas del sector energético pueden transformar la producción agrícola. La creciente necesidad de materias primas sostenibles para biocombustibles no solo está beneficiando a los agricultores, sino que también está impulsando la inversión en tecnologías que mejoran la sostenibilidad de los cultivos y reducen las emisiones de gases de efecto invernadero.

Mientras que Canadá refuerza su cadena de valor de las oleaginosas mediante el apoyo a la innovación y la transferencia de conocimientos, Estados Unidos continúa su expansión para satisfacer la demanda interna de biocombustibles. En ambos países, la colza se consolida como un cultivo estratégico, no solo para el sector agrícola, sino para la transición hacia una economía más verde y baja en carbono.

 
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