En un contexto global que exige acciones urgentes frente a la crisis climática, Brasil da un paso decisivo para consolidarse como potencia bioenergética: a través de un acuerdo firmado en Pekín, el país comenzará a exportar etanol como insumo para la producción de combustible sostenible de aviación (SAF) a partir de etanol en la región Asia-Pacífico. El proyecto contempla una inversión estimada de US$ 1.000 millones, lo que refleja tanto la ambición como el potencial transformador de esta iniciativa.
El anuncio se enmarca en la visita oficial del presidente Luiz Inácio Lula da Silva a China y simboliza mucho más que una operación comercial: es el nacimiento de un puente verde entre el Sur Global y el mercado asiático, cimentado en biotecnología, cooperación estratégica y energías limpias.
El entendimiento fue suscripto por Raízen, principal productor de etanol del país, y la empresa hongkonesa SAFPAC, con respaldo del Ministerio de Minas y Energía de Brasil. La meta es clara: producir SAF a partir de etanol brasileño, incluyendo el de segunda generación —elaborado a partir de residuos agrícolas como el bagazo de caña— utilizando la tecnología alcohol-to-jet (ATJ), una de las más prometedoras para la descarbonización del transporte aéreo.
El SAF a partir de etanol: un combustible clave para la descarbonización aérea
El SAF aparece como una de las pocas soluciones viables para reducir las emisiones de la aviación comercial. Y entre las rutas tecnológicas posibles, el proceso ATJ se destaca por su escalabilidad y por utilizar una materia prima de bajo impacto ambiental. Aquí es donde entra en juego la ventaja comparativa brasileña: una cadena de etanol madura, tecnológicamente robusta y ambientalmente competitiva.
Este acuerdo representa la primera vez que el etanol producido en Brasil será exportado explícitamente con destino a la transformación en SAF fuera del continente. La movida posiciona al país como proveedor estratégico de moléculas renovables en un escenario global que comienza a penalizar el carbono en todas sus formas.
Fases del proyecto: el cielo no es el límite
La iniciativa contempla un despliegue en tres fases:
- 2025-2026: se estima una capacidad inicial de 170 mil toneladas anuales de SAF.
- 2027-2029: el volumen aumentará a 285 mil toneladas por año.
- 2030-2033: la meta final es alcanzar las 500 mil toneladas anuales.
Estas cifras ilustran no sólo la ambición del proyecto, sino la confianza en la viabilidad técnica y económica del modelo. El crecimiento por etapas permitirá adecuar infraestructuras, asegurar el suministro de etanol y establecer los canales logísticos para una operación transcontinental de gran escala.
Confidencialidad, cooperación y respeto tecnológico
Aunque se trata aún de un memorando de entendimiento —sin compromisos contractuales de compra y venta— el documento establece una relación estratégica avanzada, con cláusulas de confidencialidad estrictas y límites claros respecto al uso de información y propiedad intelectual.
Este marco legal robusto refleja la madurez del proyecto y prepara el terreno para futuras inversiones, acuerdos definitivos y posible expansión del modelo a otros países del sudeste asiático.
Costa Pinto: el ecosistema bioenergético que adelanta la transición energética
Una diplomacia verde con sello brasileño
Más allá del impacto económico, el acuerdo encarna una visión geopolítica más amplia: Brasil no sólo exporta commodities, exporta soluciones climáticas. Su etanol, ya consolidado como biocombustible estrella en el transporte terrestre, comienza ahora su transición al escenario internacional como pilar de la descarbonización aérea.
En paralelo, durante la visita a China, se anunciaron inversiones por R$ 27.000 millones en proyectos verdes dentro de Brasil, entre ellos un parque industrial de Envision centrado en SAF e hidrógeno verde. El mensaje es claro: la transición energética es una oportunidad de cooperación y desarrollo compartido.
Etanol, tecnología y cooperación Sur-Sur
El acuerdo entre Raízen y SAFPAC no es un caso aislado. Es el inicio de una nueva etapa donde la bioeconomía del Sur Global se internacionaliza. Con recursos abundantes, experiencia acumulada y tecnología aplicada, países como Brasil pueden liderar la transición energética en sectores complejos como la aviación.
Y si los aviones que despegan desde Asia lo hacen con moléculas brasileñas, entonces el mensaje es inequívoco: el etanol no sólo es energía limpia, también es diplomacia, innovación y puente hacia un futuro común.


