Hay políticas que tardan años en mostrar resultados. Y hay otras que, cuando son claras, valientes y bien implementadas, transforman la realidad en tiempo récord. Eso es lo que acaba de lograr Paraguay con su apuesta por el bioetanol.
En marzo de este año, el país se convirtió en el primero en el mundo en establecer por ley una mezcla mínima obligatoria del 30% de etanol en la gasolina. Una decisión que fue mucho más que una medida ambiental: fue un gesto de soberanía, de salud pública y de estrategia industrial.
Hoy, esa apuesta ya rinde frutos tangibles. En el marco de una visita presidencial a India, el mandatario Santiago Peña participó como testigo de honor en la firma de un acuerdo que traerá a Paraguay una inversión extranjera directa de USD 150 millones. El convenio, entre la empresa nacional Enersur S.A. y la multinacional india Praj Industries, permitirá la construcción de una planta de etanol de última generación en el departamento de Canindeyú.
La política de bioetanol en Paraguay atrae inversiones
El complejo tendrá capacidad para producir 600.000 litros diarios de etanol con tecnología de bajas emisiones. Generará 800 empleos durante la construcción, 300 puestos directos una vez operativa y hasta 10.000 empleos indirectos a lo largo de la cadena agroindustrial.
Más allá de los números, el acuerdo es un símbolo de cómo una política coherente puede seducir al capital internacional, siempre que ofrezca reglas claras, visión de largo plazo y condiciones competitivas.
“Este es un proyecto que transforma nuestro potencial en oportunidades reales. Paraguay se posiciona como líder en energía verde, innovación y empleo digno”, destacó Peña.
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De la salud pública al valor agregado
Uno de los pilares de esta política fue la decisión de limitar al 1% el uso del MTBE (Metil-ter-butil éter), un aditivo derivado del petróleo utilizado como oxigenante en combustibles.
El MTBE ha sido clasificado como “posiblemente cancerígeno para humanos” por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), en base a estudios en animales. Su uso ha sido prohibido o restringido en numerosos estados de EE.UU. y otros países, debido a su toxicidad y su capacidad para contaminar aguas subterráneas. Se lo asocia con efectos adversos en hígado, riñones y sistema nervioso.
En contraposición, el etanol es un oxigenante natural que mejora la combustión, reduce las emisiones, es renovable y puede producirse localmente. Por eso, el E30 paraguayo no es solo una política energética: es también una estrategia de salud pública, de desarrollo rural y de inclusión productiva.
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India, Praj y el salto tecnológico
La planta será construida con tecnología provista por Praj Industries, líder global en soluciones renovables. La alianza con India no solo implica inversión financiera, sino también transferencia de conocimiento, maquinaria y servicios especializados. Esto elevará los estándares tecnológicos del sector bioenergético paraguayo y sentará las bases para nuevos desarrollos industriales.
Uno de los más ambiciosos es la posible instalación de una planta de combustibles sostenibles de aviación (SAF), un paso clave para descarbonizar el transporte aéreo y posicionar al país en cadenas de valor globales de nueva generación.
“Estamos hablando de soberanía energética, de innovación industrial y de miles de familias que podrán mejorar su calidad de vida”, expresó Maximiliano Corsi, presidente de la Cámara Paraguaya de Biocombustibles.
Club del E30: una alianza que se afirma en hechos
Paraguay no está solo en esta hoja de ruta. Junto con India y Brasil, conforma el llamado Club del E30, una alianza emergente entre países que están llevando a la práctica una transición energética basada en etanol como estrategia de soberanía, salud y sostenibilidad.
India, con una dependencia histórica del petróleo importado, alcanzó siete años antes de lo previsto su meta de incorporar 20% de etanol (E20) en las gasolinas. El resultado: una reducción de millones de toneladas de emisiones y un ahorro sustancial en divisas. Pero lejos de detenerse ahí, el gobierno indio redobló la apuesta y ahora apunta al E30 para 2030.
Brasil, por su parte, confirmó que los ensayos con E30 realizados a comienzos de año fueron exitosos. Se espera que en las próximas semanas se anuncie una medida para elevar el mandato desde el 27,5% actual. Además, el país lidera el desarrollo de tecnologías híbridas flex fuel, que maximizan el uso del etanol sin comprometer rendimiento.
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Un modelo que nace en el agro y mira al mundo
La planta de Canindeyú utilizará insumos agroindustriales locales y transformará residuos agrícolas en energía limpia. De este modo, no solo reduce emisiones y sustituye importaciones, sino que convierte al agro en vector de transformación tecnológica.
Lo que ayer parecía una decisión técnica hoy se revela como una política de Estado transformadora. Una que combina visión ambiental, responsabilidad sanitaria, diplomacia estratégica y capacidad industrial.
Paraguay no está esperando el futuro. Lo está construyendo, con etanol en los tanques, salud en el aire y oportunidades en la tierra.


